Jueves 16 de Agosto de 2018 - 12:01 AM

Consiga lo mejor, preparándose para lo peor

“Al mal tiempo buena cara”, dicen por ahí. Cuando algo le salga mal, levántese y enfrente el problema con la mayor dignidad posible.

A veces la vida nos cobra, al pie de la letra, la denominada Ley de Murphy. Ella suele darse cuando las cosas nos salen al revés.

Así tengamos planes ‘perfectamente’ diseñados, siempre existirá la posibilidad de que nuestros propósitos fracasen por 'x' o 'y' motivos.

Dicho de otra forma: Si existe la posibilidad de que varias cosas vayan mal, la que genere más perjuicio podría ser la que nos ocurra.

Usted me dirá que estoy muy pesimista, más tratándose de esta página espiritual.

¡Pero no se trata de eso! Es todo lo contrario.

La idea es no amargarnos por algo que no se nos da, más allá de que hagamos todo lo posible para conseguirlo.

“Si es para nosotros, nos guardan”. ¡Bueno! Al menos eso dice el sabio refrán, el cual también se cumple con una sabiduría divina que a muchos nos sorprende.

La verdad es que no estoy hablando de que uno emprenda proyectos para fracasar, ni tampoco pretendo expresar que esta ley de la que hablo esté hecha solo para justificar nuestros errores.

¡Ni más faltaba!

Hago referencia a esta singular situación de la vida, de manera precisa, para que estemos preparados y en la medida de lo posible tengamos una gran capacidad de reacción cuando algo resulte muy distinto a lo que pensábamos.

Es algo así como ‘tomarla suave’, pero sin caer en la irresponsabilidad de estancarse.

Me fascina cuando me hablan del ‘Plan A’, del ‘Plan B’ y del ‘Plan C’. Es más, ojalá contempláramos planes para todas las letras del abecedario.

Es mi deber, eso sí, sugerirle otras pautas para vencer esta singular ley.

En mi caso suelo ponerle orden a lo que hago con cierto grado de planeación; elimino la posibilidad de nuevos distractores, sin que por ello me tenga que ahogar en el mar de la concentración; trabajo a mi ritmo y tomo pausas prudentes; me enfilo en tareas grandes con soluciones sencillas y, sobre todo, consumo unas valiosas ‘pastillas’ de paciencia y de tolerancia.

En últimas, mi propuesta consiste simple y llanamente en contemplar varias alternativas para cada acción que tenga diseñada y no desanimarme ante una eventualidad.

Los imprevistos suelen ser inevitables. Así las cosas, tan pronto ellos nos sucedan no nos queda de otra que repararlos.

Además, en situaciones de estrés, las soluciones llegan antes si logramos entender lo que nos pasa y si eliminamos la rabia y la frustración.

Si llegó a esta parte del texto, -pues no descarto que haya cambiado de página- quiero cerrar este texto con un juego de palabras que dice así:

La Ley de Murphy siempre se cumple. ¡Bueno, no siempre! Porque si la Ley de Murphy puede fallar, fallará. Y si eso pasa, no es el fin del mundo.

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