Lunes 20 de Agosto de 2018 - 03:03 PM

Lo que hoy es verdad mañana podría ser mentira

Hoy reímos, mañana lloramos. El tiempo pasa y las cosas se modifican casi sin darnos cuenta. Lo que el presente nos dice que es ‘verdad’, mañana podría verse como una gran mentira.
Archivo/VANGUARDIALIBERAL
La fama no es una causa de felicidad.
(Foto: Archivo/VANGUARDIALIBERAL)

¡Eso suele verse mucho en la política! No hablo de ello por echarle el agua sucia a ningún candidato ni a alguna colectividad en especial o a un partido alguno. Lo menciono porque las realidades son como las prendas de vestir que, con el tiempo nos quedan pequeñas, se desgastan y, por ende, tenemos que buscar otras nuevas.

En la actualidad nos podemos estar sintiendo muy influyentes, vernos muy bellos físicamente, creernos con poder y hasta podríamos sentirnos imprescindibles. ¡Mucho cuidado! Mañana esas situaciones podrían ser muy distintas.

La fama no es una causa de felicidad. Solo basta con recordar los actores del ayer y ver en dónde se encuentran hoy muchos de ellos: en el olvido.

No entendemos, por ejemplo, que la salud se debilita. Es una pena que solo aprendamos a valorar nuestra lozanía cuando nos enfermamos.

Debemos estar preparados para asumir la realidad y comprender que hoy tenemos y mañana de pronto no. Suele suceder que algo pasa y se nos derrumba el mundo como si se tratara de un castillo de naipes.

No hemos entendido que la vida no se mide por el tener ni por las posesiones; por contrario, lo más importante el ser.

Ojo: No quiero que empiece a obsesionarse por el futuro o con aquello que pueda pasar, porque sí es preciso gozar el presente.

Solo quiero que entienda que La Tierra es redonda y gira. Y si no está preparado para ello, mañana podría llevarse una desagradable sorpresa. ¡Dios lo bendiga!

Reflexión: Todos podemos abrirnos a las nuevas ideas y, además, aprender de cada proceso por el que nos corresponda atravesar. Debemos dejarnos llevar y comprender que los cambios son necesarios; incluso son parte activa de la vida misma. Nada es eterno; lo que no se transforma, se estanca. La gente está en mora de comprender que lo único que hace la quietud es frenar el ritmo de la vida.

¡Cuéntenos su caso!

Las inquietudes asaltan con frecuencia nuestro estado de ánimo. Ellas rodean los pensamientos y a veces logran intoxicarnos; tanto que no encontramos respuestas satisfactorias. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o escuchando consejos. ¿Cuáles son esos temores que asaltan su alma? Háblenos de ellos para reflexionar al respecto. Envíele sus líneas al periodista Euclides Kilô Ardila al siguiente correo electrónico: eardila@vanguardia.com

El caso de hoy

Testimonio: “El tiempo va a toda prisa. Hace dos semanas cumplí 42 años y, de repente, me inundó la sensación de que la vida se me escapa. Lo peor es no he logrado hacer mayor cosa: Mantuve una relación amorosa durante seis años, pero no funcionó; no he ahorrado dinero, pues solo vivo de la quincena; y me siento como ‘alguien más del montón’. Percibo que no avanzo, mientras las canas se pintan a cada instante en mi cabello. Antes no me preocupaba por eso y hoy muero de ansiedad por lo que será de mi vida más adelante. Cada día que pasa me estreso más, me vuelvo más malgeniado y, en el fondo, siento que estoy perdiendo el control. Quiero que a través de su columna me ofrezca algún tipo de consejo. Muchas gracias por el bien que hace”.

Respuesta: No entiendo por qué está sumergido en el ‘mar de las suposiciones’. Es bueno planificar, pero veo que usted ni siquiera está preparado para enfrentar su presente actual.

¡Deje de estar abatido! ¿Por qué no reinventarse?

Replantearse la vida y visualizarse de una manera propositiva le ayudará. No obstante, aquí no hay cabida para un ataque de ansiedad, ya que eso le hará desperdiciar su presente.

Noto, entre sus líneas, que vive recargándose de pensamientos negativos. En su carta no me habla nada de las cosas buenas de su entorno; solo me citó las situaciones desafortunadas. Tampoco me mencionó cuáles proyectos desearía emprender. ¿Acaso se la ha pasado posponiendo sus metas?

No se quede amargado porque se le pasan los días. Deje ese temor por lo incierto. Antes que quedarse con los brazos cruzados, actúe.

Mientras le produce escozor el futuro, al mismo tiempo se le va marchitando su presente.

¿Qué son esas ‘canas’ de angustia? ¿Preocupado porque le entraron los años, si apenas tiene 42? Le falta mucho por vivir y, si lo analiza bien, le podría decir que está atravesando por la mejor época de su vida. Puedo ver que que ese afán existencial se debe a que le dedica mucha energía a lo negativo, cuando ni siquiera ha disfrutado lo que hoy está junto a usted. Cada día tiene su propio afán. Decídase a gozar su vida. Si no lo hace, ella le pasará su cuenta de cobro.

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