Martes 21 de Agosto de 2018 - 12:01 AM

Días de agobio

Es hora de dejar que las preocupaciones ‘descansen en paz’. Nos es preciso empezar a ver la vida con un tono más halagüeño.

Vivimos tiempos de agobio. No necesito hacer estudio alguno para afirmar que el estrés hoy día excede los niveles en cada uno de nosotros.

Estamos demasiado ocupados, la plata no nos alcanza y esa misma realidad financiera hace que trabajemos más de las ocho horas reglamentarias; todo con tal de cuartillar unos pesos de más.

Corremos para tener más.

Reconozco que nuestras prisas son reacciones excesivas de nuestros pensamientos, pues estamos acostumbrados a exagerar.

¡Y claro! Toda esa ansiedad se traduce en quejas y resquemores.

Lo peor es que, sin darnos cuenta, esto nos conduce a trastornos emocionales, alteraciones en la presión arterial, ráfagas de mal genio, úlceras estomacales y fuertes episodios de desánimo.

No lo digo yo, lo afirman los médicos. Lo que no comprendo es por qué conociendo tal diagnóstico, insistimos en preocuparnos más de la cuenta.

Y el tema más grave se da en el plano espiritual. No en vano dicen por ahí que el estrés es la enfermedad del alma.

La verdad es que con mucha frecuencia nos preocupamos en exceso por la posibilidad de que en el futuro o en el mismo presente nos ocurran situaciones ‘terribles’: ¡Que nos echen del trabajo! ¡Que el amor de nuestra vida nos traicione! ¡Que una enfermedad nos asalte! en fin...

A veces esas cosas ‘terribles’ significan el ‘fin del mundo’.

Cuando el estrés, que se está convirtiendo en una epidemia en todas las esferas de la vida, golpea lo más profundo del ser de nosotros comenzamos a experimentar esa fea sensación de caminar a la deriva.

Los expertos atribuyen esa tristeza a una fórmula singular que se lee así: NSRF, que traduce “No Saber Resistir la Frustración”.

Es conveniente tener una gota de calma. Nos corresponde ser claros y transparentes con eso que estamos sintiendo y asumir la vida con un tono más pausado y esperanzador.

En todas las situaciones, por muy angustiosas que sean, siempre será mejor esperar que desesperar. Y es cierto: Una actitud cargada de paciencia y de serenidad, deja mejores resultados que la prisa por hacer las cosas.

Si no utilizamos esos ingredientes, seguiremos afrontando aplastantes situaciones que nos llevarán a experimentar un extraño cansancio por la vida.

Además de ir por ahí estresados, nos verán ‘bajos de nota’ y evidenciando una tremenda tristeza, tan profunda como la que siente el pinar cuando anochece.

Debemos tener fe y mirar hacia el frente con la mayor gallardía posible. No podemos vivir apesadumbrados ni lamentándonos por lo difícil que es nuestro mundo.

No debemos sentirnos angustiados; lo que debemos hacer es buscarle una solución a cada problema. No nos quedemos atornillados en estos días de agobio.

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