Jueves 23 de Agosto de 2018 - 12:01 AM

Adiós a las quejas, sea propositivo

¡Basta ya! Eliminemos esa actitud quejumbrosa. Encontremos argumentos más válidos que los eternos lamentos.

Alguien dijo por ahí que los seres humanos venimos a este mundo llorando, nos la pasamos quejándonos y morimos desilusionados por lo que dejamos de hacer.

Es crudo decirlo, pero esa parece ser una constante en muchos de nosotros.

Pasamos buena parte de nuestra existencia lamentándonos por las cosas duras que nos ocurren y convertimos las quejas en excusas para no salir adelante.

¿A qué se deberá esa actitud?

Tal vez nos creemos el cuento de que es más fácil llorar que afrontar la realidad.

Ojo: Pasar las 24 horas del día con los lentes de la denominada ‘negatividad’ es una forma muy desgastante de ver el mundo.

Lo más grave de ello es que nos sumimos en una rutina que se nos convierte en un hábito y, en ese orden de ideas, nos inflamos con el aire del pesimismo.

Veamos algunos cuadros: Vivimos hastiados del trabajo que desempeñamos, nos atormentamos porque no hay plata que alcance, convertimos nuestras jornadas en actividades tediosas y vemos en cada gripa una ‘enfermedad terminal’.

Dicen los sicólogos que cuando nos comportamos así, nuestro cerebro se acostumbra a recargarse de ideas grises y ellas nos conducen hacia un callejón sin salida que nos atrapa y nos envejece de manera prematura.

Hasta aquí el diagnóstico de los efectos devastadores de ver la vida con la óptica del desgano.

Lo buena noticia es que, si somos conscientes de los males que las quejas nos crean podremos tomar la decisión de salir de ese remolino de bajas energías.

A todos nos hace falta aprender a sobreponernos de nuestros estados de frustración y de lamentación. Lo menciono porque nos quedamos apesadumbrados por las traspiés que vivimos en el ‘día a día’ y no movemos ni un solo dedo para salir de tal atolladero.

Es preciso recobrar la confianza en nosotros mismos. Hay que mantener la esperanza firme de que las cosas buenas sucederán o que funcionarán como deseamos.

Claro está que no basta con querer ser, es preciso ponernos en acción.

En lugar de ‘echarnos a morir’ por las malas jornadas que tenemos, debemos optar por diseñar estrategias para que la vida sea más halagüeña.

¡La sugerencia es sencilla!

Lo que pasa es que como fijamos nuestro foco de atención en las cosas nefastas que nos han pasado, siempre caemos presos de un constante pesimismo frente a nuestra realidad.

Empecemos a ser agradecidos con la vida, convirtamos los problemas en oportunidades para crecer, alejémonos de las personas tóxicas que nos avivan nuestros pesares y recuperemos la fe en nosotros mismos.

Hacer eso no nos cuesta nada y sí nos arroja grandes dividendos.

No es un asunto de magia, sino de actitud. Tengamos la fe suficiente como para entender que los tiempos mejores están aquí o ‘a la vuelta de la esquina’.

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