
La creación del artista provocó serias quejas entre las visitantes del Museo Stone de la ciudad de Luechow, que criticaron severamente que los orinales no tengan la clásica lengua. “Parece una boca de mujer”, dijeron algunas visitantes enojadas cuando notaron la presencia de los orinales en el lugar.
Por su parte, el fundador del local, Ulrich Schroeder, negó cualquier posibilidad de modificar las instalaciones. “Es arte, así que se queda”, dijo.

