Domingo 21 de Diciembre de 2014
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Sábado 15 de Diciembre de 2012 - 08:30 AM

Rafael Orozco: detrás de escena del ídolo

En un principio los productores querían repetir modelos de trabajo que aplicaron en otras series y telenovelas, al desarrollar historias del Caribe colombiano como “Oye Bonita” y “Dónde carajos está Umaña”, en escenarios parecidos o adecuados del interior del país.

Pero por la magnitud del personaje en el cual está inspirada la historia de “Rafael Orozco, el ídolo”, Caracol decidió que una buena parte de ella fuera grabada en Valledupar.

Cuando los productores recorrieron el Cesar y parte de La Guajira quedaron enamorados de los paisajes, del clima, su gente y como el sol cuando aparece a plenitud hace que los colores de la naturaleza sean únicos en su brillo, lo que es un deleite para cualquier realizador audiovisual.

Sabiendo que no convencerían a las directivas del canal en Bogotá, fueron convocados a Valledupar para que ellos vieran todas las ventajas de hacer, en su totalidad, "Rafael Orozco, el ídolo" en la capital del Cesar, aunque esto implicaría casi doblar el presupuesto programado para dicha producción.

Por fortuna lograron convencerlos, y desde el pasado mes de mayo y hasta estos días, más de 140 personas en dos unidades de grabación se trasladaron a Valledupar para realizar esta historia, que pese a su horario de emisión, ocupa los primeros lugares de popularidad.

Muy lejos de su centro de operaciones en Bogotá y con los pocos vuelos, siempre agotados en pasajes para Valledupar, sus productores reconocen que ha requerido de una estricta planeación y mucha creatividad a la hora de afrontar los imprevistos que aparecieron en cada uno de los días de grabación, pero los resultados obtenidos han hecho que el esfuerzo y la inversión valga la pena.

Grabaciones con alta temperatura

Lo primero que se escucha en Valledupar es la felicidad de sus pobladores por ser el escenario de esta producción, y más con la talla del personaje que inspiró la telenovela.

Pero además de ver su ciudad y los hermosos paisajes que la rodean como protagonistas del prime time de la televisión colombiana, generó durante estos siete meses una gran cantidad de empleo, además del uso de talento de la región tanto detrás como delante de las cámaras.

Jornadas de hasta 14 horas diarias de grabaciones, con dos unidades, permitieron completar el proyecto en siete meses, donde la mayoría del elenco se dejó seducir por las tradicionales mochilas de las comunidades indígenas de la región en las que guardaban sus tablets, donde tiene sus libretos.

Han aprovechado todos los espacios que ofrece la capital del Cesar, así como sus municipios aledaños y el sur de la Guajira para hacer, quizás, la primera producción a gran escala que muestra los más hermosos paisajes de esta región del país.

Pero las grabaciones no han sido fáciles por estar en un lugar que suele tener una temperatura de entre 30 y 40 grados, lo que requiere que todos los equipos eléctricos se deban calibrar distinto, tanto cámaras, como luces y monitores.

Además, el equipo de maquillaje tiene más integrantes de lo habitual y cada cinco minutos, o menos, deben repasar la presentación de los actores principales, en especial, en las escenas entre las 10 de la mañana y las cuatro de la tarde cuando el calor llega a ser insoportable.

Por eso, sólo hasta el conteo regresivo para grabar cada escena, se apagan los ventiladores que rodean el set, por lo que los minutos y las repeticiones se hacen eternas.

La difícil tarea de ser productor

Mauricio Ruiz ha asumido la difícil tarea de ser el productor de “Rafael Orozco, el ídolo”, un reto nada fácil, pues quienes hacen televisión saben que hacer una telenovela, casi el 100 por ciento en exteriores, es un gran riesgo.

“Valledupar nos ha recibido con los brazos abiertos. El 95 por ciento de las personas están felices con que hagamos la producción aquí. Siempre hay personas que por diferentes cosas no están a gusto, con el hecho de ser una obra de ficción, así como comerciantes y políticos que no han entendido que en la telenovela, Valledupar es protagonista”, comentó Mauricio Ruiz.

Les sucedió en la mítica Plaza Alfonso López, donde se presentaron problemas con los comerciantes del lugar que se sintieron afectados por las grabaciones. Al no llegar a ningún acuerdo, la producción decidió utilizar otros lugares emblemáticos de la ciudad y así no tener problemas con los comerciantes.

Otro de los puntos claves de la producción ha sido el Departamento de Arte, a cargo de Andrés Ulloa, quien ha tenido la labor de transformar todos los escenarios con los elementos y la atmósfera de los años 70 y 80 del Caribe colombiano, donde se desarrolla la historia.

“Queríamos hacerle un homenaje a la tierra, a Valledupar, su gente y su cultura, y lo hicimos con los paisajes y la ambientación, incluso los elementos que manejan los actores. Elementos muy diferentes a los que se solían ver en esos años en ciudades como Bogotá o Medellín, por lo que llegamos aquí para conocer y aprender, para así aplicar las cosas de la mejor manera posible”, comentó Ulloa.

Por eso, la preproducción fue ardua para encontrar los lugares adecuados para el desarrollo de la historia, y aunque se realizaron algunas modificaciones arquitectónicas, fueron muy pocas, pues varias de las poblaciones del Cesar y Guajira parecen detenidas en el tiempo.

“Lo interesante fue que todo era buscar y mirar aquí mismo, porque la gente conserva muchas cosas, por lo que fue poco lo que trajimos, en ambientación de Bogotá. Fue un contacto directo con las personas, entrar a sus casas, ver sus cosas, hacerlos participes de la producción”, continuó Ulloa.

Pero quizás lo que más exalta Andrés en esta labor, es la disposición de la gente por colaborar con la producción. Contactaban a una persona y esta a la vez daba los datos de otras que podrían contribuir con objetos para la producción, “las piezas se encontraban en excelente estado y la restauración fue mínima. Básicamente era embellecerlas con lavado y pintura“.

Además, fueron los pobladores que también ayudaron mucho con los lugares ideales para grabar cuando se requerían de ambientes naturales.

“Es increíble lo poco que conocemos de la belleza de esta región. Nos ayudaron a conocer lugares únicos, geniales, que nadie en la producción conocía. Ahora, que la producción terminó y todos debemos regresar a Bogotá, nadie se quiere ir.

De ahí, que todos llegan a la misma conclusión, una producción de esta magnitud y lejos del epicentro del canal; que es Bogotá, no hubiera sido posible sin el trabajo y el amor de las personas de Valledupar y las poblaciones cercanas a esta ciudad.

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COLPRENSA, VALLEDUPAR
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