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Miércoles 23 de Agosto de 2017 - 10:20 AM

Tres conciertos, tres pianistas, tres monumentos musicales en Bucaramanga

La XXXIV versión del Festival Internacional de Piano de la UIS culmina esta y la próxima semana con invitados que nos llevarán de vuelta con esos grandes maestros de la música clásica. El festival de piano comenzó el 8 de agosto y va hasta el 2 de septiembre. Imperdible en su recta final.
Suministrada/VANGUARDIA LIBERAL
Los programas que van a interpretar Jingjing Wang, Joel Fan y Nikolai Kuznetsov, los tres pianistas de gran trayectoria internacional programados para esta XXXIV edición, francamente se salen de lo común.
(Foto: Suministrada/VANGUARDIA LIBERAL )

Lo que va a ocurrir en el Auditorio Luis A. Calvo, a propósito del Festival Internacional de piano de La UIS, definitivamente no es frecuente. 

Porque los programas que van a interpretar Jingjing Wang, Joel Fan y Nikolai Kuznetsov, los tres pianistas de gran trayectoria internacional programados para esta XXXIV edición, francamente se salen de lo común. Son, efectivamente, tres conciertos, tres pianistas, pero sobretodo, tres noches en las cuales el público, más que oír, tendrá una experiencia que necesariamente irá más allá del sonido. 

Hay que decir que la UIS, a lo largo de 34 años, que se dice fácil, se la ha jugado por su realización, no debe sorprender cuando su auditorio eterniza el nombre de Luis A. Calvo, el más querido de los compositores para piano, no de Santander, sino de todo el país. Como es natural, a lo largo de tantos festivales, ha habido diversas suertes. Cecilia Reyes de León, a quien le corre la sangre de la UIS por entre las venas, es en cierta medida la artífice de esto que va a ocurrir, porque es una sincera apasionada de la música para piano. 

No es frecuente la oportunidad de oír tres monumentos de la historia del piano, cuya historia que se remonta a los inicios del siglo XVIII, cuando un constructor de clavecines de Padua, BartolomeoCristofori, en 1709 en Florencia, creó el primer piano de la historia, que tenía cierto atavismo con el viejo clavicordio, pero lo superaba de manera milagrosa. El invento de Cristofori no tuvo ningún éxito en la Italia de la época, pese a su sofisticado diseño que facilitaba al intérprete  graduar con el tacto la intensidad del sonido, es decir, el «crescendo» y el «diminuendo».

Miércoles 30: Jingjing Wang y La “Hammerklavier” 

Si el piano es un instrumento poderosamente sonoro, eso se le debe a Beethoven, gracias a sus 32 Sonatas y 5 Conciertos. Él obligó a los constructores a crear un instrumento a la altura de sus demandas. De esas 32 cada quien puede tener su favorita, “Claro de luna” es la más popular, la “Patética” abre en buena medida el capítulo del romanticismo, las tres últimas son absolutas obras maestras, pero, la “Hammerklavier”, en Si bemol mayor, op. 109, es la más importante de todas. En su tiempo se la consideró imposible de interpretar, su extensión es colosal y es el más profundo experimento de retórica musical de todos los tiempos. Técnicamente no está al alcance de todos los pianistas y por lo mismo no muchos están en condiciones de enfrentarla. Cuando terminó de escribirla, Beethoven dijo: “Ya sé componer […]no le dará problemas a los pianistas que la ejecuten dentro de cincuenta años”. Y así fue. Esta obra maestra abre la presentación del chino Jingjing Wang, cuyo recital trae, además, la oportunidad de oír obras de compositores como Wang Jianzhong, los “Estudios de Jazz” de Nikolai Kaputsin y otra obra de dificultades enormes, la “Sonata op. 36” de Sergei Rachmaninov. 

Jueves 31: Joel Fan y “La” Sonata de Liszt 

Si Beethoven escribió 32 “Sonatas”, Liszt, que fue el pianista más deslumbrante del siglo XIX y probablemente de la historia, sólo escribió una. Pero qué Sonata. Liszt fue el primero que tocó en público la “Hammerklavier”, porque era el único que en ese momento estaba en posesión de la técnica que la obra demandaba. En realidad tocaba muchas de las 32, y por lo mismo se dio cuenta de que la “Sonata”, como experimento musical, tenía que abrir nuevos caminos. Para ello escribió su “Sonata en Si menor”, en la que propone otra retórica, otra manera de enfrentar el problema musical, no en movimientos, sino en episodios que se concatenan unos con otros casi a la manera de una inmensa telaraña de temas. También es una obra dificilísima, para tocarla no basta con ser un muy buen pianista: hay que ser un virtuoso, es decir, tener el dominio absoluto para conseguir la compleja coherencia musical de esos “temas” que van y regresan al oyente, pero metamorfoseados. Joel Fan la tocará en un programa que trae los «4 Impromptus» de Chopin y la deliciosa “Rhapsody in blue” de Georges Gershwin, en la versión original para piano solo. 

Viernes  VIERNES 1: Nikolai Kuznetzov y Cuadros de una exposición 

“Cuadros de una exposición” es la obra solista más importante del piano ruso. Modest Mussorgsky tuvo una honda amistad con el arquitecto y pintor Viktor Hartmann, que murió prematuramente en 1874. Al año siguiente se organizó en Moscú una exposición de sus cuadros, la cual, desde luego, impresionó al compositor, que era el líder del «Grupo de los cinco», abanderados del nacionalismo en Rusia. La obra retrata la visita del compositor a la galería, quien se autorretrata en un pasaje “Promenade” que describe su recorrido por el salón y su encuentro con diez de los cuadros. Es una especie de “Suite” cuyos movimientos describen los cuadros, el último de los cuales, “La gran puerta de Kiev” era un diseño para un concurso arquitectónico. También demanda del intérprete el más impresionante arsenal técnico posible, por su carácter tan ruso parece predestinada para los artistas de la “Escuela rusa”, como Kuznetsov, que ha hecho de ella uno de los caballitos de batalla de su impresionante carrera internacional. Al lado de pasajes misteriosos hay otros de profunda ironía, humor, audacias armónicas y al final una explosión de sonoridad de dimensiones casi telúricas. Su programa incluye, además, una “Toccata” de Bach, los “Intermezzi op. 117” de Brahms y la “Sonata nº 3” de Prokofev, el compositor que a través de su obra negó siglos de tradición al tratar el piano como instrumento de percusión.

Gottfried Silvermann, un alemán, más visionario, aprendió y perfeccionó el mecanismo de Cristofori. De su taller salieron los pianofortes que coleccionaba en su Palacio de Potsdam Federico el Grande de Prusia y para los que Carl Philipp Emanuel Bach, el segundo de los hijos de Johann Sebastian, escribió las primeras obras realmente importantes, que han llegado hasta nosotros.

Lo demás es historia: los ingleses y vieneses los construían por miles; Mozart le dio al piano respetabilidad con la serie de sus conciertos, después Beethoven lo consagró con sus «32 Sonatas», Schubert hizo lo propio, Chopin le arrancó sus más íntimos secretos y Liszt hizo de él una gran estrella: «El piano es el rey de los instrumentos». Así ha sido desde ese momento y el Festival Internacional de Bucaramanga lo corrobora.

La historia no fue tan sencilla. Los compositores tuvieron que jugarse la vida para demostrar que detrás de esa sofisticada máquina de sonido había un medio para decir cosas que musicalmente eran importantes. Tres de esas esas composiciones que en cierta medida cambiaron la historia del piano van a oírse en esta XXXIV edición.

Si un festival es una celebración, este ofrece a los espectadores todo lo que es deseable: tres grandes pianistas, los nombres de Bach, Mozart, Mendelssohn, Schubert, Prokofiev, Gershwin, Chopin; pero sobre todo, la oportunidad de disfrutar tres de los más grandes monumentos de la historia del piano. Toda una oportunidad.

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