Viernes 23 de Febrero de 2018 - 10:38 AM

Conozca de dónde proviene la palabra "parce"

El término “parce”, en español colombiano, es una forma de dirigirse a un amigo cercano, para llamar la atención o hacer un énfasis en algo que se va a decir.
Archivo /VANGUARDIA LIBERAL
Conozca de dónde proviene la palabra "parce"
(Foto: Archivo /VANGUARDIA LIBERAL)

Lo más llamativo de esta palabra es que empieza en el habla de clases bajas y de origen campesino, luego de ahí sube a las clases medias y altas, cosa que es poco común en la historia de las lenguas.

“Parce” es un acortamiento de “parcero” y este de “aparcero”, que significa “compañero”. La palabra “aparcero” viene del latín “partiarius”, que significa “partícipe” (véase diccionario de Joan de Corominas y la Real Academia). Tan antigua es que se usa también en portugués con el mismo significado, “parceiro”, lo que es evidencia de que formó parte del habla común de la Península Ibérica desde antiguo.

El término “aparcero” está relacionado con la institución de la “aparcería”, una forma de explotación de la tierra de origen medieval, en la que un señor feudal permite a un campesino trabajar la tierra a cambio de entregar parte de las ganancias. Así pues, varios campesinos juntos que explotaban una tierra determinada se convertían en “aparceros”, y de ahí su asociación metafórica a “compañero”.

“Aparcero” se encuentra por primera vez en el Fuero de Cáceres (1234-1275) y en el Fuero de Usagre (1242-1275), siendo los Fueros los primeros documentos legislativos de diferentes regiones en la Península Ibérica.

Desde la Edad Media se empieza a encontrar su sentido metafórico de compañero, como en un documento de astrología de 1254-1260, que dice “& es aparcero con Júpiter en su saber”, es decir, la persona se relaciona con Júpiter en cuanto tiene de sabiduría. En Juan de Timoneda (1575), se encuentra: “Y al Mundo que vende el pan, / siéndole por Dios vedado, / declaro sea atormentado con su aparcero Satán”.

La institución de la aparcería se extiende por toda la época colonial, y así al habla campesina hasta los siglos XIX y XX. Los campesinos se tratan entre ellos de “aparceros” en una obra costumbrista de Hilario Ascásubi (1853), en Argentina: “Y ya usté sabe, aparcero, / que allí junto a la tapera / está la casa de Antero, / que es un rancho miserable / que de mirarlo da sueño”.

Es posible que se usara entre los campesinos de todo el mundo hispanohablante con significado de “amigo, compañero”, sin relación con la institución de la aparcería, y también con su significado original en relación con la aparcería o el trabajo de la tierra.

El término “(a)parcero” se usaría, pues, entre los campesinos. Debido al desplazamiento rural a la ciudad, se constituyó como parte del habla de las clases bajas y los barrios marginales, relacionándose poco a poco con la jerga delincuencial. Tenemos noticia de la palabra en el ámbito antioqueño, pero es posible que se usara en todo Hispanoamérica, o al menos en toda Colombia, como parte del habla de clases bajas.

Posteriormente se divulgó a través de productos culturales antioqueños, especialmente a través de la literatura y las películas de sicarios, que popularizaron la palabra y así adquirió ‘prestigio’ entre las personas de clase media y alta. Se encuentra por primera vez en 1994, en ‘La virgen de los sicarios’, de Fernando Vallejo:

“En la jerga de las comunas o argot comunero que está formado en esencia de un viejo fondo de idioma local de Antioquia, que fue el que hablé yo cuando vivo (Cristo el arameo), más una que otra supervivencia del malevo antiguo del barrio de Guayaquil, ya demolido, que hablaron sus cuchilleros, ya muertos; y en fin, de una serie de vocablos y giros nuevos, feos, para designar ciertos conceptos viejos: matar, morir, el muerto, el revólver, la policía... Un ejemplo: ‘¿Entonces qué, parce, vientos o maletas?’ ¿Qué dijo? Dijo: ‘Hola hijo de puta’. Es un saludo de rufianes” (págs. 23-24, Alfaguara, 1999).

Pero esto es solo en lo escrito, en lo oral se ha debido usar durante mucho tiempo más. Vallejo solo considera la palabra como parte del “malevo antiguo” y no como una de uso común, que es el caso de hoy en día. Él y otros autores la dieron a conocer y luego todos la copiamos y la usamos como parte del día a día. Faltaría por buscar en películas, como por ejemplo ‘Rodrigo D no futuro’ (1990), de Víctor Gaviria.

Cuando yo estaba adolescente allá en 1990, un “parcero” era un hombre de clase baja con apariencia de delincuente. Todo como parte de la injusta estigmatización de la clase baja solo por su apariencia y por prejuicios, incluso raciales. Muchos años después conocí el significado de “compañero”.

El rápido ascenso de la palabra como “compañero” no dio espera, tanto que ya en la década de 2000 la empecé a escuchar frecuentemente entre la gente joven, en mis estudiantes universitarios, por tomar un ejemplo. Yo no recuerdo haberla escuchado mucho cuando estudiaba en la universidad.

Hoy en día está tan extendida que es prácticamente una muletilla. Es decir, podemos decir “no, parce” para hacer un énfasis en lo que vamos a decir, sin que nos estemos dirigiendo a la persona con la palabra “parce”. Es lo que se llama un “marcador discursivo”.

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