Sábado 28 de Mayo de 2016 - 08:46 AM

Carolina Angarita, conectada con sus sueños

Difícil imaginar a alguien que vive inmerso en el mundo de la tecnología y a la vez es dueño de un nutrido discurso espiritual. Ese fascinante balance lo logra a la perfección la gerente de Google Colombia.
Revista Nueva / VANGUARDIA LIBERAL
Carolina Angarita, conectada con sus sueños
(Foto: Revista Nueva / VANGUARDIA LIBERAL )

Esta periodista bogotana, con un amplio recorrido en los medios nacionales y experiencia en el mundo de la innovación digital, ha logrado aterrizar sus sueños de niña para convertirse en una alta ejecutiva, al frente de uno de los cargos más influyentes del país.

“Hace unos cinco años –recuerda Carolina- me encontré un cuaderno que escribí a los 15, cuando estaba en el colegio, y soy justo lo que quería ser: periodista y llegar a un cargo ejecutivo influyente que me permitiera ayudar a mucha gente. Esto significa que tenemos la posibilidad de crear nuestra propia vida. Uno es hoy según las decisiones que tomó ayer, y uno es mañana de acuerdo a lo que decida hoy. Parece magia, pero no lo es”.

Ella llegó a este cargo hace apenas cuatro meses, pero por la intensidad de las jornadas laborales siente que ha pasado un año. Sin embargo, ya es una experta en repartir su tiempo entre el trabajo, su hija Juliana y el descanso.

“Para Google es súper importante que sus empleados tengan un muy buen balance de vida y hace todo lo posible para que eso ocurra. Entonces, el día tiene 24 horas, duermes ocho, trabajas ocho y te quedan ocho para estar con tu familia. Siempre intento mantener ese balance en número de horas, y las ocho que estoy con mi chiquita, mi familia y Martina, mi perrita, me las gozo lo máximo posible”.

Aprendizaje de bienestar

Carolina perdió a su padre hace dos años, víctima del cáncer, y esa dura experiencia le llevó a informarse a fondo sobre la importancia de cultivar la salud física, emocional y espiritual.

Tanto aprendió, que decidió compartir ese conocimiento y creó Conexión Bienestar, una fundación sin ánimo de lucro que crea contenidos audiovisuales cortos para enseñarle a la gente cómo mantenerse saludable de manera integral.

“¿Uno para qué es periodista y está metido en los medios si no es para usarlos? –se pregunta Carolina-. Por eso decidí transmitir todo lo que conocí mientras viví el proceso del cáncer de mi papá”.

El lado positivo del fracaso

Sobre sus sueños cumplidos y por cumplir, los retos que tiene en su nuevo cargo y cómo planea ponerlos al servicio de los colombianos, conversamos con esta mujer de sonrisa fácil que inspira positivismo e irradia felicidad.

¿Qué conecta a Carolina con la vida?

Uno, me siento muy conectada conmigo misma y eso significa, en primer lugar, que cada vez tengo más espacios de conexión con mis sueños, con lo que quería ser cuando grande; uno debe conectarse con lo que realmente quiere, con la posibilidad de crear todo el tiempo.

Dos, obviamente mi hija. Los hijos son ‘la prueba reina’ no solo de que Dios existe sino de que nos ama inmensamente. Tres, mi familia; es también el tesoro más valioso que podemos tener. Cuatro, las pequeñas cosas, eso que está todo el tiempo ante nuestros ojos: un árbol hermoso, la fortuna de tener techo, alimentación y gente querida a nuestro lado, la sonrisa de alguien…

Un sello en su vida ha sido la innovación. ¿Qué le seduce de innovar y ensayar cosas nuevas?

Es importante diferenciar entre creatividad e innovación. La primera, por fortuna, abunda en Colombia; la segunda es tomar esas ideas creativas, ejecutarlas y llevarlas a la práctica buscando que mucha gente las pueda usar.

Aquí nos sobra creatividad, pero nos falta mucho de innovación. Donde hay dos colombianos hay mínimo tres ideas; realmente lo que me apasiona es hacer realidad esas ideas y ponerlas al servicio de la gente.

En el caso de lo que hago en Google: esta empresa está transformando al mundo, invierte millones de dólares en innovación para darnos productos a cero costos -, como Google.com, Gmail, Google drive, Google fotos-, que valen cero y están transformando la vida de la gente. Por eso, estar en esta compañía -que es la empresa de la innovación por excelencia- es maravilloso.

¿Precisamente, cuál es su mayor reto al frente de Google Colombia en beneficio de nuestro país?

Básicamente es aumentar la operación de Google, duplicarla incluso, no solo en número de personas y facturación sino poner el doble de herramientas al servicio de los colombianos.

Nosotros apoyamos el emprendimiento, de hombres y mujeres, así como iniciativas a través de Google Org. Por ejemplo, recientemente y por segundo año consecutivo, respaldamos una iniciativa muy linda de oportunidades laborales, que este año se destinó a reinsertados.

Google se preocupa por la señora que está en su casa, es mamá y necesita saber un dato determinado; entonces le ofrece Google.com. Si además esa señora hace chocolates o empanadas, le da un acceso a construir su propio negocio desde su casa. Al pequeño empresario lo ayuda a crecer y al microempresario a construir empresa.

Es muy chévere estar en una empresa que te da herramientas para que generes ingresos y riqueza, que son el motor de la economía. De hecho, el principal ‘jalonador’ de la economía hoy en día es el mundo digital, y en Colombia tiene un impacto muy alto.

¿Cómo es aquello de Google y el fracaso?

Uno de los temas de Google que me encanta, es la maravilla del fracaso. A uno, desde chiquito, le dicen que debe ser exitoso. Y resulta que el fracaso es una belleza porque tú fracasas y aprendiste un montón, te levantas con más fuerza y si estás convencido de tu sueño, perseveras y te levantas mejor aún.

Por eso, en Sillicon Valley no invierten en empresarios que no hayan fracasado muchas veces, pues consideran que no han aprendido lo suficiente, no se han estrellado contra el mundo para caerse y aprender. En Google, por ejemplo, si uno hiciera una lista, son más los proyectos que han fracasado que los que han funcionado; pero los primeros han dejado tanto aprendizaje que los que segundos son absolutamente exitosos.

Hay mucha gente que asegura: “Es que la tecnología me atropella”. Y quizás es solo un escudo porque sienten temor. ¿Cómo llegar a estas personas y desmitificar que la tecnología es difícil?

Lo primero es dejar de decir eso, pues las palabras tienen una fuerza muy poderosa y uno crea realidades con lo que dice, con lo que piensa y con lo que siente.

Si uno piensa “‘no lo he entendido, pero ahora sí lo voy a entender’, ya empezó a cambiar la manera de ver el mundo y su realidad. Lo segundo es saber que en el mundo digital no hay nada absolutamente misterioso, todo se aprende paso a paso.

Cuando uno entiende que se trata de un proceso y arranca con algo pequeño y va creciendo, llegará muy lejos. Nadie nació entendido, ni siquiera los niños, de quienes decimos que nacieron “con el chip incluido”. Ellos encontraron unos estímulos diferentes y obviamente reaccionaron a esos estímulos, así que cualquier persona puede aprender de tecnología.

La verdadera felicidad

¿Cómo nació su fundación Conexión Bienestar y cómo la conjuga con esta vida de tecnología?

Yo estaba muy feliz un día, cerrando el negocio más grande que había hecho en mi vida (en mi trabajo anterior), cuando mi papá me llama y me dice: “Mi amor, te tengo noticias regulares, tengo cáncer, más de veinte metástasis”.

Me derrumbé, agarré mi cartera y salí corriendo, llorando a la calle. Allí, con el viento en la cara, pensé: “Llorar no sirve de nada, hay que hacer algo”. Me fui a una librería y lo primero que se me ocurrió fue comprar el libro de la Terapia Gerson; llegué a mi casa, saqué el extractor de jugos, fui donde mi papá, le mostré un caso similar y le aseguré: “Nos vamos a curar”. Me respondió: “Hagamos lo que toca hacer”.

El segundo capítulo de la historia es mi conversación con el oncólogo, quien me dijo: “No hay nada qué hacer, su papá se va a morir y muy pronto”. Mientras él me hablaba, yo repetía: “No le creo, no le creo, no le creo”. Y como la ignorancia es atrevida, podía darme el lujo de no creerle.

Empecé una carrera loca de investigación en internet y en todos los libros de cuanto podía encontrar sobre el cáncer. Le cambiamos la alimentación radicalmente por una dieta alcalina, con incremento de frutas y verduras, eliminamos azucares y harinas procesadas, carnes rojas a lo mínimo. Y en paralelo hicimos un tema de quimioterapia paliativa, no curativa.

Segundo, empezamos a trabajar el tema emocional, manejo de estrés, miedo, ansiedad, ira, apegos, dependencias. Y en tercer lugar, en su salud espiritual, lo cual no tiene que ver con religión sino con motivación, con fuerza interior y propósito de vida.

La combinación de esos tres elementos realmente hizo milagros. Un hombre que estaba absolutamente invadido de cáncer, empezó a mejorar.

El resumen de la historia es que mi papá vivió dos años más, hasta cuando quiso, sin un día de dolor, ni un día de hospitalización. Un día de julio de 2014 nos dijo: “Yo ya me quiero ir, ya cumplí”. Y un mes después de eso salió de su cuerpo pacíficamente y sin dolor.

Todo lo aprendido con la experiencia de mi padre me llevó a crear la fundación llamada Conexión Bienestar, pues busca -en el plano más superficial-, conectar el conocimiento con la gente; en un segundo plano, conectar personas que saben con personas que necesitan saber. Y en un tercer plano -el más profundo-, ayudar a las personas a reconectarse consigo mismas, a encontrar quiénes son, sus sueños, motivaciones, propósitos, qué lo mantiene vivos y qué los hace felices.

Empecé a crear y a regalar cápsulas de entrevistas que hago con médicos, sicólogos, especialistas y líderes espirituales, las cuales se cuelgan en nuestra web. Igualmente las están pasando Canal Capital y canales asociados a ASOTIC, la asociación de cableros más grande del país.

En paralelo, hacemos trabajo social directamente en campo. Hay un grupo de unos 50 colaboradores voluntarios, quienes todo lo hacen por amor… un equipo de oro.

¿Qué tan importante es la felicidad, sentirse feliz y compartirlo?

Para eso vinimos, para ser felices, no para amargarnos. Hay cosas muy simples que nos hacen inmensamente felices y que todos los seres humanos las podemos hacer. Una, es sonreír; dos, mirar a los ojos, hacer contacto visual con el portero del edificio, con la señora de los tintos, eso es absolutamente fácil, gratis y aumenta el nivel de felicidad.

Otra muy importante es el agradecimiento; todos tenemos algo que agradecer, no importa que no tengamos las mejores circunstancias objetivas a nuestro alrededor, pero tenemos el sol, la salud, las montañas. El agradecimiento contribuye en un altísimo porcentaje a la felicidad. Las personas más agradecidas son las más felices.

Y luego hay otra serie de situaciones que mencionaba Tal Ben Shahar, el exitoso profesor de Harvard de psicología positiva, quien dice: “Póngase zapatos cómodos, haga ejercicio, invierta su dinero en experiencias más que en cosas; eso es súper elemental, pero los niveles de felicidad se disparan”.

La gente que construye la felicidad escalonadamente, con pequeñas cosas, es mucho más feliz que cualquiera que se haya ganado la lotería. La felicidad no tiene nada que ver con lo material, realmente está adentro, es como uno ve al mundo… y la manera como uno ve al mundo, cambia el mundo.

Si uno se queja y critica, pues el mundo será malo, pero si uno deja de quejarse y de criticar y empieza a ver las cosas buenas que tiene y a agradecer, el mundo se convertirá en un lugar maravilloso.

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