Sábado 09 de Julio de 2016 - 10:21 AM

Fuerza femenina que no se rinde

Siempre sonríe y tiene una energía contagiosa; desde pequeña fue muy inquieta y le gustó estudiar. Trabaja arduamente para promover la equidad de género y hoy es presentadora del programa Negocios en Teleantioquia, escritora, conferencista, coach y cabeza de una empresa que le apuesta a mejorar y aumentar la competitividad, sostenibilidad y productividad de grandes compañías.
REVISTA NUEVA
Fuerza femenina que no se rinde.
(Foto: REVISTA NUEVA)

Paola escribió el cuento Se rompe el techo de cristal, recientemente presentado en la Feria del Libro de Bogotá, una historia que grita: “¡Se vale ser mujer!” y también “se vale que los hombres jueguen a ser padres, a ser tiernos, a que lloren, a que sientan miedo” (…) “Se vale que hombres y mujeres hagan juntos las tareas del hogar y cuiden juntos a las familias y el planeta”. A través de su obra invita a todas las mujeres a valorarse y sentirse merecedoras de cargos directivos importantes, y defiende el derecho que tienen a formarse y a ser empresarias exitosas y madres sin culpa.

Quizá lo que la empoderó y fortaleció fue la enfermedad de su hijo Andrés Felipe, ‘Pipe’, a quien antes de cumplir un año le diagnosticaron Síndrome de Dravet o Epilepsia Miclónica Severa de la Infancia, una disfunción cerebral que le causaba de diez a treinta convulsiones diarias, además de un retraso psicomotor importante y un pronóstico de vida muy bajo. Le pidieron que no se apegara a su hijo, que él no iba a vivir mucho tiempo, pero Paola y su esposo buscaron nuevas respuestas a aquella ‘sentencia’ y lograron sacar adelante a ‘Pipe’, que hoy ya tiene 11 años.

A pesar de la discapacidad severa con la que su hijo nació, la persistencia y terquedad de esta paisa la encaminaron a buscar alternativas para mejorar la calidad de vida del niño y también la de su familia. En esa búsqueda encontró, en Estados Unidos, al Instituto para el Logro del Potencial Humano, fundado por Glenn Doman, quien en los años sesenta creó un programa para el tratamiento de niños con lesión cerebral. Se trata del Programa de Tratamiento Intensivo, un curso que se realiza desde la casa del paciente con el monitoreo constante de la institución.

“Cuando me enteré que el próximo Programa de Tratamiento Intensivo lo iban a hacer hasta después de tres años, en medio de mi angustia les dije que no sabía si mi hijo, en tres años, estaría vivo”, recuerda Paola, quien agrega que la única forma de hacerlo antes era reunir a quince familias que quisieran tomar el curso en idioma español, y con mucho esfuerzo lo logró.

El tratamiento dura dos años, en los cuales es necesario hacer varias visitas al instituto e implementar en casa un completo programa físico e intelectual. “Aprendí algo maravilloso que se aplica a cualquier situación en la vida –cuenta Paola- y es que el cerebro crece con el uso; es un músculo y como tal, si tú quieres desarrollarlo, debes ejercitarlo. Así puedes generar cambios”.

‘Pipe’, un maestro para la vida de sus papás

-          ¿Qué avances ha mostrado ‘Pipe’ durante estos años, que ustedes creían no podría alcanzar?

Mi hijo no sentía ni tenía tacto. Sin embargo, después de cumplir una de las ‘tareas’ del tratamiento de Glenn Doman, ya desarrolló el sentido del tacto, que es fundamental. Esta actividad, que exige intensidad, frecuencia y duración, consiste en rozar todo su cuerpo durante un tiempo prolongado  -90 veces al día- con un palillo, una cuchara calientita, un papel de lija suave, un algodón y un hielo. ¡En este momento siente el agua y se ríe!

También desarrolló el oído. Él no escuchaba, pero después de estar 90 veces al día con una bubucela o golpeando unos tacos de madera, ya lo llamas y él se voltea. Además sigue objetos que antes no seguía. No habla todavía, pero sé que lo hará, porque no se movía y hoy camina.

-          Me imagino que no todo es color de rosa…

¡Claro que no! Recientemente vi a mi hijo respirando con dificultad y en urgencias me dijeron que estaba muy mal, luego se puso peor. Hay momentos muy difíciles, en los que uno tiene ganas de llorar; pero lo importante es, después de caerse, levantarse con más energía.

-          ¿Qué has aprendido de tu hijo?

Es mi gran maestro de vida. Con él me detuve a pensar en el desarrollo del ser y cómo ser un mejor ser humano, cómo estar más en el aquí y en el ahora, cómo disfrutar más cada momento, por pequeño que sea.

‘Pipe’ fue quien me llevó a entender que un diagnóstico es distinto a un pronóstico y que el pronóstico es mío y yo cambio esa realidad. Gracias a él estudié el desarrollo del cerebro, Coaching y Programación Neurolingüística y empecé a desarrollar el tema del ser. Lo que uno se propone, lo puede lograr. Yo siempre digo: ‘Usted tiene dos opciones ante una misma realidad: sentarse a llorar o ponerse en marcha y empezar a transformarla, a verla desde otro ángulo’.

-          Pedro es tu segundo hijo. ¿Qué tal ha sido esa segunda experiencia?

Él es energía pura y le ha ayudado muchísimo a su hermano, lo acompaña y lo jalona. Le exige y lo trata como a una persona totalmente sana.

No íbamos a tener más hijos porque nos habían asegurado que lo de ‘Pipe’ era una condición hereditaria; pero cuando mi hijo cumplió 5 años de edad, estuvimos en un comité de médicos y nos dijeron que no se le había formado bien la corteza cerebral y que eso no era hereditario. Mi esposo se paró a llorar y me decía: ‘¡No puede ser que hayamos perdido todo este tiempo sin traer hijos al mundo!’. Y así llegó Pedro.

¿Cómo ves el futuro de ‘Pipe’?

Él forma parte de una institución maravillosa llamada Álamos. Allí le hacen terapia de fonoaudiología, ocupacional y física e hidroterapia, y yo veo que el niño está mucho más conectado. Hay que seguirlo desarrollando y apostándole a su desarrollo y a que logre hablar. Nada es imposible.

Promoviendo cambios en la mentalidad femenina

A pesar de que Paola se vio obligada a hacer cambios en su carrera para dedicarse al tratamiento de su hijo, nunca dejó de estudiar. Seguía con su programa de televisión y la consolidación de su vida como empresaria. Los estudios que hizo acerca del cerebro y la PNL (Programación Neurolingüística) le permitieron desarrollar aún más una vocación de servicio y apoyo al género femenino, y trabajar para lograr igualdad en las condiciones laborales de hombres y mujeres. ONU Mujeres, PNUD y Forbes la han tenido como conferencista y colaboradora, consagrándose así como una defensora de los derechos de la mujer.

Estás muy interesada en la equidad de género y en el desarrollo de la mujer. ¿Cómo ves el panorama?

Yo estudié en la Compañía de María La Enseñanza, ahí trabajaba en labores sociales y estaba en todo. Entendí que mi colegio fue el primero en el mundo en educar a la mujer, y el acceso a la educación de la mujer es fundamental para la equidad de género. Somos afortunadas quienes pudimos estudiar allí.

Creo en la independencia económica y en la autonomía laboral. Creo que no somos conscientes y al tener hijos nos retiramos del mundo laboral; y volver después… nos cuesta. Y a quienes nos gustan la profesión y el mundo laboral, lo importante es mantenernos actualizadas, vigentes y, sobre todo, entender que es clave poder sacarle tiempo a todo.

En Colombia se viene avanzando en el tema de inclusión social femenina, pero todavía nos falta mucho. Debemos ponerle pilas a esto y qué bueno que uno de los objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU sea la equidad de género. Eso permitirá que el tema se convierta en una agenda de gobierno y que los países empiecen a mostrar avances en la materia.

¿Y qué pasa con esas mujeres que quieren quedarse en casa cuidando a sus hijos y dedicarse al hogar?

Eso está bien. En algún momento ellas sintieron que no había armonía; puedes ser una mujer exitosa laboralmente pero tu otra parte no está bien. Nos fuimos al extremo y esto hizo que mujeres y hombres se reventaran. Por eso es clave que la economía del cuidado, que es el hecho de estar a cargo del hogar, deba ser compartida, llegando a acuerdos como pareja.

El tema es que mamá y papá compartan las labores del hogar. Así mismo, es importante para el niño la cercanía del padre y que pueda pasar de un papá proveedor a uno más sensible y cercano. Estamos hablando de nuevas masculinidades, lo cual libera un poco a la mujer de las cargas que tiene, permitiéndole estar más tranquila en su rol laboral y en su rol en casa. Necesitamos que exista equidad de género desde el hogar.

En tu cuento Se rompe el techo de cristal, dices: “Se vale no sentirse culpable”. Sin embargo, en estos tiempos es muy difícil, ¿no crees?

Sí, pero se vale ser mamás y papás sin culpas o señalamientos. Se vale eliminar el estereotipo de género de hombre proveedor y mujer sumisa y abnegada. Hay una gran invitación a tener calidad de tiempo. Si te sientes muy bien con tus logros, vas a irradiar satisfacción a tus hijos.

¿Qué mensaje les darías a las mujeres que han sido víctimas de abuso o violencia y se sienten responsables por lo que les pasó?

Les diría que no pueden evitar que los pájaros de la tristeza o el dolor den vueltas sobre su cabeza, pero sí pueden evitar que hagan nido en ella.

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