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Lunes 11 de Diciembre de 2017 - 08:30 PM

¿Adicto al sexo? Cuidado, que su libido no afecte su salud

"Creía que iba morir con el secreto, porque no es algo de lo que uno deba sentirse orgulloso. Tenía (aún tengo) la necesidad, mejor dicho, desesperación de tener sexo todos los días", cuenta un adicto al sexo.
Archivo/VANGUARDIALIBERAL
Expertos hablan sobre cómo esta enfermedad afecta a su salud.
(Foto: Archivo/VANGUARDIALIBERAL)

"No podía dormir, no rendía en el trabajo y tampoco podía vivir una relación tranquila con mi pareja si no lo hacía. En un principio comencé con la masturbación diaria, una vez… dos veces al día, en mi casa o en la oficina, no lo veía aún como un problema, sino como un hábito masculino. Además, me calmaba el cuadro de ansiedad que se me detectó en el Hospital Psiquiátrico hace unos meses.

Vivo solo, tengo 24 años. Pasando los meses le insistía a mi pareja cada que nos veíamos que hiciéramos el amor, y cuando se acababa, no me sentía pleno, le insistía nuevamente aun sabiendo que ella ya estaba satisfecha. Ya nada me bastaba. La masturbación era inútil y me asustaba darle la cara a mi pareja… No me di cuenta de que era un verdadero caos hasta que comencé a llamar a otras mujeres para que prestaran sus servicios conmigo… Ahora no era solo mi adicción ni mi ansiedad, sino la depresión y la culpa que tenía por engañar a mi mujer y no tener una vida en paz.

No era feliz, cometía un error diario. Recurrí a la ayuda (muy tarde) cuando esta patología me costó mi relación…”

A pesar de haber concluido su relación de cuatro años con su pareja, *Jacobo Cruz, caleño, profesional en un área administrativa, egresado de una universidad de Cali, se encuentra en tratamiento psiquiátrico y sexológico para regular tanto su ansiedad como la hipersexualidad manifestante de esta.

La hipersexualidad o mejor conocida como ninfomanía (en mujeres) o satiriasis (en hombres), es considerada como el “aumento repentino de la frecuencia extrema en la libido o actividad sexual”. Es mayormente conocida como la “adicción al sexo”.

De acuerdo con la psicóloga especialista en sexología, Lucía Nader y con el Manual Diagnóstico de Enfermedades Mentales de la Asociación Americana de Psiquiatría, esta es “un trastorno del deseo sexual no parafílico, caracterizado por un aumento en la frecuencia e intensidad de fantasías, excitación, impulsos y conductas sexuales, asociadas a la impulsividad, que provocan un malestar clínico significativo o un deterioro social u ocupacional”.

La hipersexualidad puede tomar presencia en la integridad de un ser humano como fruto de uno o varios impulsos psicosociales o biológicos. Comienza a partir del sistema límbico, productor de los neurotransmisores, los cuales provocan placer en el cuerpo y este comienza a depender de las sustancias químicas que crean estas acciones.

El doctor Édinson Pazmiño, médico sexólogo y especialista en terapia sexual, comenta que “generamos mucha adrenalina y dopamina al momento del sexo… Mientras más actividad sexual exista, y no esté controlada, causa más acción de los neurotransmisores que hace que el cuerpo pida más actividad para estar tranquilo consigo mismo… Se convierte en algo incontrolable y la persona no se sacia”.

Es una enfermedad que se origina en el cerebro, como afirma la Sociedad Estadounidense de Medicina en Adicciones (Asam), que se determina en un 50 % por factores genéticos.

El doctor Josep María Farré, especialista del Institut Universitari Dexeus de Barcelona y experto en materia de sexualidad, explica que “muchas personas pueden pensar que la adicción al sexo es una suerte, más que un problema de salud. Sin embargo, hablamos de personas que ven peligrar su estabilidad emocional, las relaciones familiares y sociales, trabajo o medios económicos, por causa de un impulso imposible de frenar”.

*Nombre cambiado por petición de la fuente.

¿Por qué se manifiesta esta condición?

El médico Pazmiño resalta que hay problemas internos más graves que pueden ser la verdadera causa y quizás la hipersexualidad no es la enfermedad, sino el síntoma.

Traumas: 
Un abuso sexual, maltrato infantil o bullying severo pueden convertirse en un desencadenante de esta patología. Cuando el daño psicológico es severo, el paciente comienza a buscar alternativas consciente o inconscientemente para desaparecer o menguar el dolor de su trauma. Como afirma Édison Pazmiño, “muchas personas buscan llenar vacíos internos con los comportamientos hipersexuales para sentirse bien y lograr afecto”. 

Líneas genéticas: Puede haber un ascendente genético en la persona afectada que produce los genes sexuales que predisponen el trastorno. 

Estado psicótico: En las personas que sufren una enfermedad psicológica como esquizofrenia, depresión o bipolaridad, es probable que la hipersexualidad sea solo un manifestante de esta enfermedad. Los expertos recomiendan fundamentalmente la ayuda psiquiátrica, médica y sexóloga para tratar el problema desde raíz. “Hay que descartar otros trastornos o probabilidades de la enfermedad para atacarla desde donde proviene”, manifiesta Pazmiño.

Causas biológicas y medicamentos: Hay medicamentos hormonales que pueden aumentar la impulsividad, también hay alteraciones orgánicas como tumores en el lóbulo frontal del cerebro, que afectan el control de la conducta impulsiva, pues en esta parte está la capacidad de control. 

De acuerdo con el psiquiatra español Carlos Chiclana, ”el orgasmo genera satisfacción, pero este le lleva, a su vez, a la búsqueda compulsiva del placer”.

Los hábitos se convierten en síntomas

El Manual Diagnóstico de Enfermedades Mentales de la Asociación Americana de Psiquiatría propone un listado de conductas que refuerzan la patología al no ser controladas:

Masturbación: en sí misma o en otras actividades sexuales.

Pornografía: videos de internet, imágenes, webcasts, revistas porno, DVD’s/videos, Tv. y películas de clasificación X.

Comportamientos sexuales con el consentimiento de adultos como servicios de “acompañamiento”: prostitutas, repetidos ‘rollos’ de una noche, encuentros sexuales anónimos y breves, affaires repetidos, visitas a salas de masaje que incluyen sexo.

Cibersexo: charlas de sexo por internet, conductas sexuales con webcams, otros comportamientos sexuales virtuales.

Sexo telefónico y Clubes de striptease.

Estas conductas de forma esporádica tienen su valor personal, moral, afectivo, familiar, social y de salud. Pero si se generalizan, están fuera de control y campan a sus anchas por la vida de la persona, destrozan lo construido y arruinan los proyectos en marcha, adquieren un valor clínico que reclama una atención específica, plantea Chiclana.

“Ya cumplido el deseo, la persona piensa: ‘Ok, ya estoy satisfecho, tranquilo, no necesito más’. El cuerpo ya recibió los neurotransmisores que pedía, pero como el efecto es tan ágil, pasa muy rápido, vuelve a activarse la búsqueda y esto crea el desespero”, comenta Pazmiño.

Consecuencias

Basados en la tesis de ‘Atrapados en el sexo’, del doctor Carlos Chiclana, como en las demás adicciones, “la adicción al sexo conlleva consecuencias negativas en la vida cotidiana: desmoronamiento de la autoestima, pérdida de la pareja, riesgo de contraer VIH-Sida y enfermedades de transmisión sexual, problemas legales derivados del acoso sexual, pensamientos obsesivos en relación con el sexo e incluso, intentos de suicidio”.

En las personas afectadas es habitual dejar de lado el cuidado físico y de salud, así como las actividades sociales, laborales o familiares.

El afectado sufre un alto grado de sufrimiento y autodestrucción cuando el trastorno está avanzado. Como mencionó *Cruz en su testimonio, es un estado vergonzante y no es confesado. La doctora Lucía Nader afirmó que se estima que entre un 1.5 % a 2 % de la población podrían presentar dicha conducta.

Sin embargo, se calcula que menos del 1 % pide ayuda terapéutica.

La pena al admitir esta enfermedad puede ser tal, que los hipersexuales afrontan su problema en soledad y tristeza, manteniendo un sentimiento de culpa.

Terapias y tratamientos

Evaluación clínica: son necesarios los chequeos de psicólogo, psiquiatra, sexólogo, urólogo (en caso de hombre) y ginecólogo (en caso de mujer) para descartar cualquier otro problema mental (traumas, daños mentales), físico (tumores, enfermedad de transmisión sexual, etc) o incluso, si tiene algunas conductas nocivas que pueda generar este comportamiento y encontrar el por qué.

“Como estamos hablando de un incremento de deseo sexual entonces hay que disminuirlo, normalizarlo. En función de esto se enfoca el tratamiento tanto a la parte médica como a la parte conductual (actitudes, nuevos hábitos). “Uno de los métodos es la castración química: bloqueo de producciones hormonales como la testosterona en los hombres para reducir la impulsividad y el deseo, si no hay deseo, no hay conducta compulsiva”, explica el médico Édison Pazmiño.

También, agrega el doctor, están las Terapias psicosexuales: se eliminan las conductas sexuales excesivas y se introduce a nuevas rutinas que colaboren con la recuperación de la normalidad.La psicóloga Lucía Náder complementa que el uso de fármacos psiquiátricos unidos a las psicoterapias cognitivas podrían ayudar al manejo de esta problemática.

Los especialistas advierten que la pareja y la familia son fundamentales para la recuperación de la persona que padece hipersexualidad. “Esto es difícil para el enfermo, es como el caso de un paciente alcohólico, no solamente sufre él, sino la familia… para poder entender y resolver la enfermedad, es indispensable la ayuda de sus seres queridos”.

Es importante investigar cómo afrontar el problema. Juzgar al paciente enfermo puede atormentarlo en su proceso, aunque tampoco es beneficioso permitir en la relación de pareja las “conductas excesivas” del afectado, esto no lograría una mejora en el hipersexual. Es como el obeso, que a pesar de que quiera detenerse, él necesita comer para estar tranquilo, ilustra Pazmiño. Pero, “no es correcto que sus seres queridos le preparen más comida para que pueda satisfacerse”. 

“El tratamiento debe hacerse de manera individual y en pareja, para reconocer cuánto es el apoyo y cuánto va a resistir cada uno dentro de la unión, mientras se resuelve el problema”, concluye Pazmiño.

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