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La muerte de un viajante | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2008-10-12 05:00:00

La muerte de un viajante

De estudiante leí La Muerte de un Viajante de Arthur Miller. Se me desgranó una lágrima que cayó a las páginas de aquel texto que había logrado comprar con mis ahorros.
La muerte de un viajante

Cuarenta a√Īos despu√©s, en un viaje a Bogot√°, quise revivir con nostalgia el vac√≠o en el alma que deja la historia tr√°gica de Willy, el viajante de comercio que recorre en su Studebaker todo los E.U. en busca de todo y de nada. Sentado en las butacas destartaladas del viejo Teatro de la Castellana, vi la obra. Ya no me brotan f√°cilmente las l√°grimas, pero mi vecino de butaca re√≠a y lloraba. De vez en cuando me ped√≠a excusas por su llanto, no puedo dec√≠a, y retorc√≠a su pa√Īuelo empapado. Todos los espectadores gozaron y padecieron la obra.

El final fue un apoteósico aplauso que nadie quería terminar. No sé de actrices ni de actores de teatro pero de verdad que los nuestros  interpretan la obra con la fuerza que quiso su autor Arthur Miller, el perseguido por el senador McCarty, sospechoso de comunista. Creo que todavía en Broadwey se repite incesantemente la obra sin que dejen de estar repletas las butacas.

La notoriedad de Arthur Miller lleg√≥ a lo m√°ximo por su activismo social y pol√≠tico, su cercan√≠a con el marxismo hizo que sus obras se presentaran en todos los teatros de¬† la Uni√≥n Sovi√©tica. Su posterior posici√≥n cr√≠tica hizo que los comunistas ortodoxos, quienes¬† no admiten sino su propia verdad, hicieran retirar sus obras de los escenarios. En Arthur Miller puede conjugarse el sue√Īo americano, logr√≥ con su talento poner a Broadwey a sus pies y en su cama a Marilyn Monroe, la m√°s carnal y vaporosa diva jam√°s so√Īada por un hombre.

So√Īar y so√Īar parece ser la constante de los humanos¬† para¬† pasar la vida. Hubo una √©poca en los E.U. en donde el pueblo americano esperaba un cambio radical como ahora, y Miller estaba en el apogeo literario y pol√≠tico. Se enfrentaban dos candidatos a la presidencia¬† que despertaban grandes expectativas, Nixon y Kennedy.

El primero aparec√≠a como¬† el zorro ladino y sabelotodo, Kennedy cautivaba con su mand√≠bula cuadrada,¬† su mech√≥n irland√©s y sus trajes bien cortados. No exist√≠an grandes diferencias ideol√≥gicas como los candidatos de hoy, McCain y Obama. Sin embargo la gente se inclin√≥ por quien m√°s so√Īaba, o talvez mejor, por quien m√°s los pusiese a so√Īar. La pol√≠tica es teatro del absurdo. Entre tanto en el tablado de los teatros en donde se presenta el viajante, Willy, el vendedor de medias de seda, sue√Īa ante sus hijos y su abnegada mujer __ Iremos los tres y os ense√Īar√© todas las ciudades. Norteam√©rica est√° llena de hermosas ciudades y de maravillosas personas. Y todos me conocen muchachos.

Las personas m√°s destacadas son amigas m√≠as. Ser√° una especie de √°brete s√©samo, para los tres. Porque tengo muchos amigos. Puedo dejar el coche en cualquier calle de Nueva Inglaterra, los vigilantes lo cuidar√°n como si fuera el suyo. Este verano muchachos nos iremos.__ Pobre Willy, nadie se acuerda de √©l, o nadie quiere saber de √©l, es un hombre envejecido, no le queda sino so√Īar.

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