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La condición humana | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2008-10-12 05:00:00

La condición humana

La condición humana

Lo imposible sucede ante los ojos atónitos de todos. Empresas perfectamente sólidas de pronto quedan sin valor de mercado, los bancos están llenos de dinero y no lo prestan, los ahorros de millones de personas se esfuman, los empleos se pierden, los planes se cancelan, lo sueños se postergan y el dominó de quiebras infundadas se riega por todos los rincones y golpea a todos los países.

Entre el 2002 y el 2007 el ingreso per cápita del mundo aumentó más que en ningún otro momento de la historia (3.2% anual). Ahora sin embargo vamos  camino a una recesión apenas comparable a la “Gran Depresión” de los años 30.   
 
Nadie puede creerlo: El FMI, el Banco Mundial, los gobiernos y los economistas responsables anticipan una “desaceleración” pero no una depresión internacional. Razonan que “los fundamentales” - la productividad, los recursos, los mercados – están sanos.  Pero el mundo está hoy tan loco que los cuerdos no saben si están locos y los locos no saben si están cuerdos. Estamos ante un experimento formidable y dramático en la “psicología de masas”, que puede dar al traste con la prosperidad y la esperanza de ellas  -y la de miles de millones de personas que no tienen decisión ni voto en este caso-. E infortunadamente, desde que Gustave Le Bon fundó esa disciplina, se sabe que las masas actúan en estampida, o que “una masa de personas razonables es peligrosamente irrazonable”.    

A no ser que lo impida una fuerza mayor. Para Le Bon, conocedor de la Revolución Francesa, esa fuerza tendría que ser  el caudillo, alguien capaz de hipnotizar a las masas. Pero hoy estamos en manos de un nadie como Bush, cuyos 17 discursos -17, en un mes- no ha oído nadie ni a nadie le interesan.

McCain y Obama tienen poco en claro, y en todo caso les faltan meses como siglos. De modo que la crisis la manejan los técnicos (un míster Paulson, un Doctor Bernanke) y la “fuerza mayor” que ellos aplican es mandarle mensajes racionales al mercado: garantizar los préstamos, comprar bancos quebrados, regar dinero y explicar que “los fundamentales” están bien. Tienen razón, pero las masas no son razonables, y el gran peligro que corremos es que cada mensaje racional siga llegando cuando ya no alcanza a frenar la estampida.

En algún momento parará por supuesto la estampida, pero sus daños  serán graves. Primero porque en economía lo imaginario tiene efectos reales: la pérdida de confianza paraliza la inversión, baja las compras y aumenta el desempleo, de modo que hoy la humanidad es bastante más pobre que hace un mes, que hemos perdido bienes o servicios – y no sólo billetes- por trillones.

Segundo, porque se han dado y se darán grandes cambios en el reparto de ese ponqué más pequeño: unos pocos ganarán, y el resto perderá. Y tercera, porque la quimioterapia que están usando los técnicos tendrá efectos laterales.

Vendrá una ola de intervencionismo o de regulación por parte del Estado. Y en unos años o en unas décadas volveremos a descubrir que el Estado no era tan buen gerente como creíamos – o sea que los políticos y burócratas fracasan con tanto estruendo  como los empresarios y los banqueros. 

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