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El sastre del Secretariado | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2008-10-11 21:30:14

El sastre del Secretariado

Una extra√Īa agitaci√≥n se respiraba en el aire. El punteo zumbante de las m√°quinas de coser ces√≥ de repente. Los guerrilleros del campamento lo voltearon a mirar como si se tratara de un fantasma que acababa de materializarse en el centro del taller, en medio de la selva.
El sastre del Secretariado

Era la primera incursi√≥n del Ej√©rcito en mucho tiempo y s√≥lo cab√≠a la resistencia o la retirada; para √©l, lo m√°s cuerdo era lo segundo, porque nunca aprendi√≥ a disparar el rev√≥lver que le entregaron seis a√Īos antes, cuando ingres√≥ a las Farc como el sastre del Secretariado.

Al principio, √Ālvaro P√©rez pens√≥ esconderse entre el l√≠o gigante de retazos y rollos de tela militar ¬Ėseg√ļn su versi√≥n, vendida por integrantes del Ej√©rcito a las Farc- con los que deb√≠a confeccionar, en 20 d√≠as, 500 camuflados talla M y L, as√≠ como plagiar 300 ¬ďtrajes verdes¬Ē de la Polic√≠a para el patrullaje guerrillero por los pueblos.

¬ďSe acab√≥ la suerte¬Ē, dijo √Ālvaro, y vio c√≥mo guerrilleros recog√≠an sus cosas del suelo y se perd√≠an entre el traqueteo de disparos. Sus ojos brillaban con la humedad que provoca la rabia y el desespero. √Čl tambi√©n huy√≥, mientras pensaba que perd√≠a seis a√Īos de trabajo que la guerrilla nunca le pag√≥, a pesar de haber complacido las ordenes que el Secretariado le enviaba sobre c√≥mo deb√≠a confeccionar los camuflados de ¬ĎManuel Marulanda¬í, ¬ĎEl Mono Jojoy¬í e ¬ĎIv√°n R√≠os¬í.

Sin embargo, ese acto sorpresivo de las autoridades no fue suficiente para que √Ālvaro pudiera desertar por completo, pues en el pueblo algunos guerrilleros lo ubicaron para que continuara trabajando desde un almac√©n clandestino. Fue all√≠ donde cay√≥ de manera definitiva en manos del Ej√©rcito, en 2006, y se desmoviliz√≥ junto con sus dos hijas, que trabajaban manejando la papeler√≠a de las Farc.

Hoy la familia de √Ālvaro cumple dos a√Īos en su nueva vida y est√° dispuesta a continuar la tradici√≥n heredada desde los tatarabuelos y transmitida a este hombre de 50 a√Īos y padre de 5 hijos, por su hermana mayor, hace 35 a√Īos, cuando, parad√≥jicamente, le cos√≠a al Ej√©rcito.

¬ďResult√© matriculado¬Ē

En el a√Īo 2000, √Ālvaro atravesaba por una de sus perores crisis financieras. Tem√≠a perderlo todo en una semana. Las deudas lo apretaron tanto que acept√≥ una oferta peligrosa: como todos en el barrio lo conoc√≠an por su trabajo, un hombre desconocido lleg√≥ a su casa con una oferta.

¬ďResult√≥ pertenecer al frente 21 de las Farc y me convenci√≥ de que fu√©ramos a coserles, que pagaban bien, pero luego de estar all√° result√© matriculado con ellos¬Ē, admite con la cabeza gacha, no s√≥lo de pena, sino por estar sentado frente a su m√°quina SunStar haciendo de nuevo lo que aprendi√≥ de familia.

¬ďEl acuerdo fue de 50 mil pesos por camuflado completo, con guerrera (camisa militar), pantal√≥n y gorra. En principio me pagaban bien, pero cuando result√© con ellos √ļnicamente me daban porcentajes, bonificaciones que giraba a mi familia cuando pod√≠a bajar al pueblo¬Ē, recuerda √Ālvaro con la resignaci√≥n de haber perdido ocho millones de pesos que no regresar√°n.

En el barrio su creatividad era reconocida. Le encargaban la hechura de trajes para primera comuni√≥n, confirmaciones y hasta matrimonios. √Ālvaro no necesitaba del metro, pues con solo ¬ďver al personaje¬Ē las medidas quedaban exactas y esto pareci√≥ gustarle al Secretariado. ¬ďComo soy dise√Īador emp√≠rico, yo saco el tallaje al ojo. Si me llegaban a pedir tallas M, L o XL, yo s√© las medidas¬Ē, dice.

Por estar en uno de los campamentos m√°s cercanos a ¬ĎIv√°n R√≠os¬í y la zona del Secretariado, la calidad de su trabajo llam√≥ la atenci√≥n de los hombres m√°s importantes de las Farc. ¬ďEn principio me analizaron, pensaron que era de las Autodefensas, pero a los tres meses las cosas cambiaron, a tal punto que llegaron estafetas de las columnas m√≥viles del ¬ĎMono Jojoy¬í y de ¬ĎMarulanda¬í, con recados de c√≥mo quer√≠an ellos los camuflados¬Ē.

√Ālvaro cuenta que no conserv√≥ ninguna de esas anotaciones por la forma como abandon√≥ el taller; pero s√≠ recuerda que los comandantes prefer√≠an bolsillos grandes en las piernas de los pantalones y otros peque√Īos en las guerreras, para cargar radios y celulares. ¬ďLo cierto es que un a√Īo antes de desmovilizarme, las medidas de ¬ĎJojoy¬í bajaron bruscamente, ese se√Īor est√° enfermo¬Ē, afirma.

Esta informaci√≥n se la confirm√≥ su yerno, otro desmovilizado de las Farc, quien se desempe√Ī√≥ como enfermero de ¬ĎJojoy¬í y quien por temor a su ex comandante permanece parco y seco cuando llegan visitas. ¬ďPor lo que s√©, tiene serios problemas de diabetes y hasta hace seis meses, ten√≠an problemas de comida¬Ē, cuenta √Ālvaro.

Agrega que ¬ďa ¬ĎIv√°n R√≠os¬í lo distingu√≠ en una reuni√≥n de mandos con ¬ĎMayerli¬í, ¬ĎJer√≥nimo¬í y ¬ĎCano¬í, a quien vi de lejos. Eso fue en 2004 y f√≠sicamente estaba igual a como aparece en la prensa¬Ē.

De esas √©pocas recuerda sentirse presionado por los guerrilleros ¬ďporque si yo le sacaba el cuerpo a las obligaciones, podr√≠a ser declarado como sapo y sospechoso; y si algo me daba temor de las Farc eran los consejos de guerra, pues en la guerrilla el castigo es la pena de muerte¬Ē.

Regreso a casa

Tras su captura dur√≥ cuatro d√≠as preso. En los medios de comunicaci√≥n lo mostraron junto a docenas de telas de uso privativo de las autoridades y bajo el alias de ¬ĎEl sastre¬í.

Lo bueno llegar√≠a tras confesar su deseo de desmovilizarse y ver a su esposa luego de cuatro a√Īos. Estaba fresca, con m√°s canas y arrugas de tanta angustia, pero con la misma mirada que no cambi√≥ a pesar de esos a√Īos terribles.

De repente, su atenci√≥n parece desvirase hacia los recuerdos. Luego de un silencio inc√≥modo parpadea con sorpresa, como si regresara de muy lejos. ¬ďYo desde que me acuerdo est√° la guerra, pero la presi√≥n militar no es el camino, pues mientras se desmovilizan unos, reclutan a ecuatorianos y venezolanos¬Ē, dice.
Fue tanto tiempo en la subversi√≥n que este sastre no olvida que ¬ďla idea de las Farc es el poder, no el di√°logo¬Ē, por eso est√° dispuesto a sacar adelante su empresa con apoyo de la Alta Consejer√≠a para la Reintegraci√≥n.

√Ālvaro impulsa el proyecto Confepaz, una compa√Ī√≠a de textiles que construye en su casa ubicada en el sur de Bogot√°, junto con una docena de desmovilizados de las Farc.

Su sue√Īo es conseguir un taller de m√°quinas y trabajar para el Ej√©rcito. ¬ďHace 17 a√Īos ya sab√≠a confeccionar prendas militares y cr√©ame que es beneficioso para m√≠ aportarle al pa√≠s con mi m√°quina de coser¬Ē, asiente emocionado.

De hecho, espera las respuestas de la multinacional Coca Cola y de la marca Bon Ice, para firmar contratos que lo ayudar√≠an en su sue√Īo: ¬ďSacar a Confepaz adelante, fortalecerla y emplear a los desmovilizados que se pueda¬Ē.

Es tanto el inter√©s de √Ālvaro en su proyecto, que ya tiene claro el escudo de su empresa: ¬ďSer√° el mismo de las Farc, pero en cambio de dos fusiles, pensamos colocarle dos m√°quinas para coser esta paz rota¬Ē.

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