Porque son las calles empedradas, las casas de tapia y bahareque con sus balcones iluminados por trinitarios y pensamientos los que plasma en el lienzo sin dejar de pintar las moyas que presumen la deliciosa bebida y el ¡hay guarapo, si señores!, los frutos de la tierra y al golpe de la espátula se tejen ilusiones, se llenan espacio y corazones, sensación inigualable lee nuestra alma, cuando con tanta destreza y seguridad se maneja un tema, un estilo, porque déjenme decirles que Manolo ha marcado un estilo en nuestra vida propia, varias hemos sido las personas que nos hemos dejado tocar por el encanto de su espátula, privilegiados soñadores que al ritmo de nuestra hermosa música colombiana recorremos con el oleo y la espátula toda naturaleza en su esplendor. Pero después de tanta cosa hermosa, señores, ¿qué esperamos, qué mueran los hombres para contar sus hazañas? ¿Esperamos qué mueran nuestros maestros para apreciar sus obras?, ¿valen sus esfuerzos en la tumba? ¿Valen las firmas en los lienzos? Cuando el privilegio de contar lo pagado al esfuerzo, al soñar, al crear a aquello intangible que volvemos ilusiones, luces y colores para el alama de quienes se enamoran de lo creado ya no podemos sentirlo, quedan para otros los frutos de tanto trabajo.Conozco a varios pintores que como a Manolo no se les ha hecho el reconocimiento a su vida y obra. ¿Qué pasa en nuestro gobierno? ¿A cuántos maestros tendremos que recordar, como a Martín Quintero o Agelvis para decir lo vi trabajar, fui su alumno, eran humildes y trabajan por amor al arte? Hoy sus obras las disputa el comercio pues plata es lo que valen.La invitación es para que respetemos y valoremos nuestro patrimonio cultural viviente que en maestros como Manolo.