El premio de ineficiencia | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2008-10-16 05:00:00

El premio de ineficiencia

Muchas instituciones se lo merecen, pero hay una mención especial para las EPS, expertas en malgastar el tiempo de la gente. Modernas instalaciones, dotadas de silenciosos televisores,
El premio de ineficiencia

sillas insuficientes, dispensador de agua sin vasos y baños sin papel, no hacen más amena la pérdida de tiempo que representa cualquier trámite en el laberinto de las autorizaciones, sellos, firmas o certificaciones exigidas para poder acceder a algo más que una cita de medicina general. Para ordenar las filas, unas tienen un “turnero” -máquina distribuidora de fichos-  frente al que se realiza la primera cola  y que entrega a cada cliente que sabe seleccionar correctamente la diligencia a realizar, un papelito con el número del turno que le corresponde y la alentadora indicación: “Por favor espere.

En breve lo atenderemos.” La brevedad del tiempo de espera, la estima el celador con la información que desfila en una pantalla con el número del turno atendido en el momento y el nombre del usuario favorecido: “Esto señora, le lleva más o menos una hora y media o dos…”. El hombre casi acierta, en mi caso la brevedad se prolongó tres horas y cuarto; eso para tener que volver en una semana a ver qué pasó y si me tocará con tutela o de mi propio bolsillo.

Si se quisiera tener alguna consideración con la gente –cliente– y su tiempo, hay alternativas posibles. Bastaría un buzón grande en el que cada uno depositara  un sobre con los papeles requeridos para las autorizaciones – como cajeros automáticos que reciben consignaciones y cheques - y el usuario regresaría a una fecha indicada para recibir  la respuesta.

A pesar de mi buena salud general, la obligación de cotizar me ha paseado ya por tres EPS, en búsqueda de “la buena”; pero todas están moldeadas por la Ley 100 que hizo de la enfermedad un negocio en el que ni siquiera se respeta a los clientes; la diferencia está en las IPS que prestan los servicios médicos, y los galenos que atienden. Los clientes de las mercantilistas EPS pueden agravarse y morirse mientras llenen los requisitos de los trámites normales impuestos por instituciones más preocupadas por su rendimiento económico que por la comodidad y salud de sus clientes.

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