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¿De vuelta a la espera? Camilo Argüello Benítez | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2008-10-18 18:04:08

¿De vuelta a la espera? Camilo Argüello Benítez

Hace cuatro meses comenzaron los preparativos. Paola, su sobrina y Janeth, su hermana, parecían especialistas en protocolo. Querían que al cabo del Ejército José Miguel Arteaga no le faltara nada y su regreso a la libertad, a casa, transcurriera como si el tiempo se hubiese detenido durante 10 años, 3 meses y 29 días.
¿De vuelta a la espera? Camilo Argüello Benítez

Tanto ellas como Irma y Angélica, hermanas del suboficial, preparaban planes familiares con su hermano que, tras 109 días de la ‘Operación Jaque’, quedaron olvidados. Las medidas especiales de seguridad que ha tomado el Ejército para evitar que los liberados sean blanco de los reductos de las Farc en Bogotá, impiden que regresen a vivir con sus familiares, por lo menos un fin de semana al mes.

Esta misma situación atraviesa la familia del teniente Raimundo Malagón, pues a pesar de saber que él se encuentra lejos de los vejámenes del secuestro, sienten que finalmente su liberación no cambió mucho el vacío que había en casa.

Para el Comandante del Ejército, general Mario Montoya, esta situación continuará por lo menos hasta mediados del próximo año, cuando regresen algunos de los militares rescatados, de un viaje por Europa que iniciará en 2009. Allí harán un largo periplo, contarán sus historias y condenarán el terrorismo y el flagelo del secuestro.

Por eso, el propio teniente Malagón no descarta tener que ausentarse de los suyos esta Navidad. Para los siete militares del Ejército rescatados, planear lo que serán las fiestas navideñas es tan incierto como la forma en que volverán a ver a sus compañeros de cautiverio.

“Yo he hablado con ellos y les he explicado que tenemos ordenes de no regresar a las casas por lo menos durante un buen tiempo. No sé si podré estar con ellos en Navidad, precisamente por el viaje que se aproxima”, dijo Malagón.

La familia

Las visitas de los familiares al batallón se han convertido por momentos, en fuertes debates sobre las razones de les impiden ir a casa, al lado de los suyos.

Paola Arteaga, sobrina del Cabo José Miguel Arteaga, recuerda la última vez que vio a su tío en la unidad militar Cantón Norte, en Bogotá, donde cada visitante es sometido a un sinnúmero de requisas antes de ver a los liberados.

“Eso fue a finales de septiembre y le expresamos a mi tío las ganas que tenemos de tenerlo en casa al menos 8 días, pero él dijo sentirse bien en el batallón y que además les tienen prohibido permanecer con las familias mucho tiempo. Ahora, con esta posibilidad de que viaje a Europa, tendremos que hacernos a la idea de tener otra Navidad sin él”, dice Paola.

Desde el 2 de julio, cuando regresaron a la libertad, el Cabo Arteaga ha tenido la posibilidad de visitar su casa en cuatro oportunidades, cada vez por no más de dos horas, pues al minuto siguiente un grupo de hombres interrumpe lo que sea y le recuerdan que es hora de despedirse.

“Esto es molesto para nosotros que sufrimos la ausencia de ellos por 10 años, pero la familia entiende a mi tío y prefiere guardar silencio y a veces desempolvar las 7 pruebas de vida que nos llegaron cuando seguía secuestrado y así seguirlo recordando”, sostiene Paola con la voz entrecortada.

Arteaga no tiene esposa ni hijos, al igual que Malagón. Arteaga perdió a sus padres antes del secuestro y el teniente Malagón goza de tener con vida a su padre y a sus hermanos.

Ambas familias no descartan la posibilidad de que esas condiciones le posibiliten al Ejército fortalecer las restricciones de acceso a sus parientes.
Por lo menos es esa la hipótesis que maneja Paola, al enterarse que en el caso de otros militares liberados que tienen esposa e hijos, existe la posibilidad de visitas diarias.

La sobrina del suboficial Arteaga entiende los sentimientos de su tío: “Él salió adorando tanto el Ejército que se ve feliz, sabemos que lo tratan bien, pero créame que muchas veces los familiares preferimos guardar silencio, tragarnos los sapos, para no complicarles a ellos su vida militar”, dice mientras su rostro asume un gesto de resignación.

Incluso, una vez libres, algunos comandantes se reunieron con los parientes de los liberados para pedirles mantenerse al margen de revelar los asuntos que competen a la vida de los militares durante el secuestro.

La familia del cabo Arteaga se muestra dispuesta a visitarlo cada domingo sin importar que la espera se prolongue por seis años más, el tiempo que le falta al suboficial para salir pensionado de las fuerzas militares.

Por ahora, cruzan los dedos para no tener otra Navidad sin “el militar de la casa” y poder sentir de verdad que volvió a la libertad.

“NO SON LOS ÚNICOS”

Marleny Orjuela, presidenta de Asfamipaz, una de las mujeres que conoce lo que piensan las familias de los secuestrados por las Farc, afirma que este malestar existe casi desde el momento de la liberación, pero que no se expresa, por temor a que los militares sean trasladados a otras ciudades.

“Este ha sido un calvario para ellos, pero ninguno de nosotros podemos intervenir en eso. El deber de ellos es continuar en el Ejército aunque los parientes pidan una semana de descanso”, dice Marleny.

“DEBEMOS CONTINUAR”: ARTEAGA

El cabo Arteaga conoce y entiende la frustración de su familia y el cariño que le tiene su sobrina Paola, pero “la carrera que elegí fue servirle a mi país y eso haré hasta que me queden fuerzas”, asegura en medio de su tristeza por la ausencia.

Arteaga parece ver lejana la posibilidad de permanecer con los suyos el tiempo que él quisiera e incluso dejó atrás la posibilidad de formar un hogar a sus 34 años.

“Lo único que les puedo decir a ellos es que nos mantienen ocupados, con clases de idiomas y capacitaciones para nuestro reintegro a la sociedad. Esperamos que ellos tengan la misma paciencia que nosotros”, sostiene Arteaga.

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