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Me reconfortó una visita a Zapatoca | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2008-10-19 05:00:00

Me reconfortó una visita a Zapatoca

Hace unos a√Īos, las primas de Luisa, mi se√Īora, me preguntaron qu√© opinaba de Zapatoca y por hacerles un chiste flojo, les contest√©: no he ido ni vuelvo.
Me reconfortó una visita a Zapatoca

La reacci√≥n no se hizo esperar y aparte de lo que me dijeron, prometieron jam√°s volver a invitar a semejante descort√©s, y lo cumplieron por varios a√Īos. Nunca nos perdimos del cari√Īo y finalmente, les pedimos que nos invitaran a lo que accedieron con gran simpat√≠a pero con el reto del chiste flojo no olvidado.

Esta vez s√≠ realmente quer√≠a ir, entre otras cosas por ver qu√© ten√≠a aquella ciudad que se hab√≠a llevado tantos y queridos amigos, que por referencias hab√≠an encontrado una especie de para√≠so. Tambi√©n, porque en nuestros planes est√° el de generar un poblado en el llano, como palanca del desarrollo en la altillanura, dado que la mayor√≠a de compatriotas quiere vivir en las grandes ciudades, con todos sus compliques, mientras nuestros asesores brasileros no cambian la vida de campo y de los peque√Īos poblados.

Debo decirles, con una alegr√≠a inmensa, que fueron las personas las que me dejaron una impresi√≥n que nunca olvidar√©. Nativos y for√°neos, con las mismas ra√≠ces donde todos cabemos. Cesar Ardila con sus compa√Īeros de la academia de historia, han encontrado que el 95% de la poblaci√≥n colombiana tiene en esta ciudad su origen y seg√ļn me dec√≠an, no han podido encontrar pruebas de Piedad C√≥rdoba, el Mono Jojoy y algunos otros. Entre todos generaron la √ļnica ciudad que conozco uniestrato. Toda igual de simple, bella, limpia, con el parque como sede √ļnica de uni√≥n de todos, en armon√≠a, como un gran club donde no se paga cuota, con el √ļnico barrio que fue pobre y hoy tan rico como todos y es San Vicentico.

La academia tambi√©n est√° buscando dos nuevos museos en el parque. La casa del maestro G√≥mez Ardila en homenaje a la tradici√≥n musical, y en el otro extremo del parque el museo del oro, hoy Inversora Pichincha y antes Inversora, donde todos los habitantes resolvieron entregar sus dineros con el fin de quedar todos iguales y poder vivir tranquilos sin necesidades monetarias. Hoy casi todo es gratis: las sonrisas, las amenas charlas en las tardes, acompa√Īar la banda de guerra, las cocotas, las visitas a los cementerios, los atardeceres con y sin arreboles, el aire acondicionado que cubre la ciudad, las reuniones musicalizadas o no en el parque, las visitas a las casas de los amigos, que son todos y hablar bien de los dem√°s.

Encontré dónde está la magia que hizo felices a sus habitantes. Los bienes materiales y sus diferencias perdieron valor. Lograron entre todos formar lazos de amor, alegría y orgullo de pertenencia. Saben lo que quieren y entienden su papel y juntos se defienden de las incertidumbres del futuro. Sus necesidades básicas se cubren con muy poco. Allí, Luis Lemus con su novia supera la oscuridad y encuentra la luz de la alegría. Pedro Joaquín encuentra respuesta a sus llamados a las fuerzas del bien y se le empieza a derrumbar su ateísmo recalcitrante. Encuentro porqué todos mis amigos viven allí y no se cambian por nadie.

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