Un nuevo contrato social en el Valle | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2008-10-19 05:00:00

Un nuevo contrato social en el Valle

Con la huelga de los corteros de caña todos pierden. Por supuesto, los primeros que pierden son los mismos corteros que por tener que acudir a las vías de hecho para mejorar las condiciones de su extenuante trabajo, han perdido los ingresos de más de un mes.
Un nuevo contrato social en el Valle

Dejar de recibir 700.000 pesos en un mes no es perder una fortuna, pero en las condiciones de pobreza en que sobreviven los corteros, significa familias y niños con hambre cuando se han agotado los magros ahorros familiares y el tendero de la esquina ya no fía.

También pierden los ingenios porque cada día se dejan de moler 50.000 toneladas de caña y están paradas las plantas que producen azúcar y etanol, mientras que siguen corriendo los costos fijos y de mantenimiento de las fábricas. Aquí las pérdidas se cuentan por miles de millones de pesos que si bien no ponen en peligro la subsistencia de los ingenios ni sus accionistas, sí deterioran la rentabilidad de una industria que enfrenta crecientes retos y competencia en un mundo globalizado.

Pero además de los actores directos, son muchos más los perjudicados por el conflicto laboral. Pierden los cultivadores de caña, los transportadores, los proveedores de insumos y todos los contratistas de los ingenios se han quedado sin ingresos. Los consumidores de azúcar han podido sortear la menor producción doméstica con importaciones de Bolivia, pero no ha pasado lo mismo con el etanol; la industria papelera sin el  suministro del bagazo de la caña ha tenido que parar las plantas y mandar a vacaciones a sus trabajadores.

Y la economía de los pueblos del Valle del Cauca está en crisis pues almacenes, supermercados, restaurantes y hasta los bares han disminuido sus ventas y empiezan a despedir empleados..
 Es urgente para el Valle del Cauca superar esta huelga que afecta uno de los ejes principales de la economía regional, buscando soluciones que transformen el todos pierden en un gana-gana en el que no haya vencedores ni vencidos y se reconstruya el pacto social donde todos los involucrados en la cadena productiva reciban la justa participación de la riqueza que contribuyen a crear.
 
El único camino para lograrlo es el diálogo y la concertación, para lo cual es indispensable de parte de los corteros que suspendan los bloqueos y se sienten a conversar; de parte de los ingenios que atiendan las justas peticiones de los corteros y ofrezcan alternativas compatibles con la sostenibilidad de las empresas, y de parte del Gobierno, que deje de satanizar las protestas y actúe como mediador imparcial recordando que no solo le debe importar la confianza de los inversionistas sino el bienestar de toda la población.

Son múltiples las peticiones de los corteros para mejorar la compensación por su dura labor: contratación directa, estabilidad laboral, pago de indemnizaciones, dotación, transporte, incapacidades, enfermedades laborales, permisos y garantías sindicales, mejores salarios y otros beneficios como fondo de vivienda, becas y capacitación. La respuesta de los ingenios es que a través de las cooperativas cumplen con todos los pagos exigidos por la ley y van más allá dando a los corteros salarios y condiciones superiores a la mayoría de los trabajadores agrícolas, pero que necesitan la flexibilidad laboral para ser competitivos.

Desde su punto de vista las dos partes pueden tener razón, pero la cuestión de fondo es otra. La industria azucarera ha tenido una mejoría notable en los últimos años por factores como el etanol, los precios internacionales o las mejoras de productividad, lo que ha permitido el fortalecimiento y la expansión de las empresas, pero varios de los participantes en la cadena de valor de la industria perciben que han quedado excluidos de ese aumento de riqueza. El conflicto y la confrontación para redistribuirla sólo destruye valor -todos pierden-, porque como decía Manuel Carvajal, no puede haber empresas sanas en un medio social enfermo. La prosperidad sólo es sostenible cuando se distribuye y beneficia a todos los que intervienen en su creación.

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