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Poesía taurina | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2008-10-21 05:00:00

Poesía taurina

En Bucaramanga nos íbamos muriendo si no teníamos plaza de toros. La tuvimos y muy buena, según dicen los entendidos, es una de las mejores del país.  Poco se utiliza a pesar de tener todas las condiciones que requiere un escenario de tales proporciones.
Poesía taurina

Alfonso Martínez Martínez nos hizo llegar hace varios años su libro sobre la poesía taurina en España y Colombia. Al releerlo nos acordamos de un gran amigo, el Médico Virgilio Olano quién fuera el galeno de la Plaza de Toros La Santamaría. Brillante taurófilo y excelso declamador.

Le gustaba la manzanilla de Sanlúcar y los buenos vinos. En su residencia de Bogotá tenía una tasca a la que invitaba a sus amigos a disfrutar de la fiesta brava. Nuestro dilecto amigo Alfonso Martínez Martínez no solo es un aficionado de tiempo completo sino que forma parte de la porra taurina “Camisas Rojas” y fundador de la “Llama Taurina 35” de Bucaramanga. Nos emocionó encontrar un poema de Félix Silva Dugarte a quién conocimos cuando colaborábamos en el periódico “El Deber” en donde dirigíamos la Página Literaria, hace ya medio siglo. En ese tiempo daba sus primeros pinitos de poeta.

En 1989 le canta a una torera así: “Como un toro de lidia, de amor banderilleado, embisto de tu carne las tibias redondeces; más un lúbrico juego de pases y esquiveces se esfuma ante mis astas tu capote inviolado. El rejón del deseo me hiere en el costado y voy lujuria en ristre tras de tus morbosidades; pero tu cuerpo núbil, que retadora ofreces, elude mi embestida con ágil desenfado. Toca el clarín a muerte. En honor de Afrodita arrojas la montera. Tus senos me dan cita, y distiende tus labios rictus lascivo y cruel. Empero, no me hiere de tu desdén la espada, y, al recibir tu sexo mi amorosa cornada, ¡de suspiros y besos se puebla el redondel!.”

De niños oímos hablar de Conchita Cintrón, una rejoneadora que seguramente dejó nombre, después de muchos años, aún se recuerda su encanto. En la lidia a caballo no te han reemplazado. Y Alfonso nos alegra la tarde con “La Cornada” que reza así: “El reconocer ancestral acumulado por siglos de fiereza no domada en duras astas de furor armadas, violento irrumpe al ruedo alucinado. Y es el rencor, hiriente y obstinado quien desde la fatal encrucijada dirige al corazón doble estocada que asesta el toro al diestro en su costado. Luego, sobre la arena deslumbrante el fulgor de la sangre derramada. Hondo alarido de dolor y espanto. El sol se extingue en lumbre agonizante y el circo es solo sombra desolada. Después, silencio, depresión y llanto.”

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