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HAGASE OIR | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2008-10-21 01:57:41

HAGASE OIR

HAGASE OIR

Quiera Dios nos lo dejen dedicado a moldear la juventud para sacar buenos jugadores, los que al llegar al profesionalismo aprenden todo lo malo menos el amor por la camiseta que defienden.

Lo ocurrido al profesor Jorge Luis Pinto Afanador es lo que le pasa a todos los técnicos en el fútbol colombiano, no tienen la posibilidad de desarrollar un proyecto, el equipo lo arman los directivos con el respaldo de algunos mal llamados periodistas deportivos a quienes en la universidad no les enseñan a construir sino a destruir y a no respetar al ser humano. El técnico pide que contraten a un determinado jugador y no oyen la sugerencia porque es muy costoso “pero ahí le traemos éste que es más baratito”.

Cuando un equipo pierde, es al técnico a quien se le cobra por ventanilla. ¿Por qué salió Quintabani de Nacional luego de hacerlo por dos veces consecutivas campeón del 2.007? ¿Y Kiko Barrios del Envigado luego de haberlo llevado a la A? ¿Y Jorge Bermúdez del Pasto? ¿Y qué decir de tantos que en los últimos 4 años han pasado por el Atlético Bucaramanga, nuestro equipo del alma?
El mal está es en los jugadores, dejemos de consentirlos tanto.

Ernesto Neira Mantilla

El dolor

El dolor ha sido a lo largo de la historia  la constante del hombre. El ser humano ha utilizado el dolor para someter a sus semejantes.

Todas las civilizaciones han necesitado del dolor para sobrevivir, florecer y prosperar. Pareciera que sin el sufrimiento el hombre no fuera capaz de realizarse, ni alcanzar la plenitud de su existencia y que los pueblos no pudieran desarrollarse, ni lograr las metas de la civilización.

La crueldad del hombre no se sacia con nada. Continuamente está inventando, perfeccionando métodos y sistemas para torturar al prójimo. Hasta llegó a crear -mejor decir inventar- un demonio que se encargara de ejecutar las sentencias divinas. Y le atribuyó a un Dios misericordioso, bueno e incapaz de maldad, todas las formas de venganza, barbarie y perfidia.

Guerras, masacres, genocidios, campos de concentración, hornos de gas, saqueos, violaciones, ha sido el campo de acción de la especie humana en su afán de calmar sus instintos salvajes. Cuando la crueldad es refrendada por las leyes, por los supremos intereses de la sociedad, el hombre busca otras maneras de calmar el masoquismo que lo devora. Acude al boxeo, a las corridas de toros, a las riñas de gallos, a las películas violentas, a los sitios donde haya sangre, agresividad, crueldad y dolor.

En las religiones solo se llega a la santidad por el camino de la flagelación y del cilicio. Hay que martirizar la carne para alcanzar la gracia. En el arte, los pintores y grabadores han exaltado la crueldad. Los turistas ya no van a las campiñas a deleitarse en la contemplación de la naturaleza sino que acuden a los sitios donde hay violencia, emociones fuertes que los exciten y los hagan vibrar. Pasan de Benarés a Río o a Madrid para admirar las procesiones de flagelados que se contorsionan.

Los hombres que se horrorizan ante la posibilidad de instaurar la pena de muerte aplauden los adelantos que las grandes potencias llevan a cabo en armas.
Los que aman la libertad, el progreso y la dignidad humana, deben rechazar todas las formas de violencia, odio y bestialidad. Deben hacerle comprender a sus semejantes que el hombre solo se salva mediante la confraternidad, el amor y la paz.

Guillermo Reyes Jurad


Contra la corrupción a la carga

“Por la restauración moral de la República “a la carga”.

¿Cuándo volveremos a oír en la plaza pública esta consiga que nunca perderá vigencia? Colombia se debate en una crisis moral, de violencia, de corrupción, de saqueo de nuestras riquezas naturales y de pérdida de nuestra “soberanía nacional” que es lo más sagrado de una Nación.

Parece que Colombia no tuviera dolientes, qué daño tan grande le están haciendo al país, estar ocultando la verdad sobre la situación que estamos viviendo. ¿Quién puede creer en el Congreso de la República? Nadie. ¿Quién puede creer en las leyes que apruebe este Congreso? Nadie.

¿Cuánto le cuesta al país este Congreso  que no tiene ningún soporte moral ni ético? Nada de raro que el día de mañana estos paladines de la “Democracia” terminen aprobando leyes desde La Picota. Toda ley que apruebe el actual Congreso será una vergüenza nacional, una falta de respeto al pueblo colombiano.

Juan Afanador

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