
Esto es muy fácil obtener, más fácil de lo que usted pueda imaginarse. Ven, alma hambrienta que nada encuentras para satisfacer. Ven, y serás llena. ¡Vengan los pobres, los afligidos, y entreguen las cargas de miseria y dolor, y serán consolados! ¡Vengan los enfermos al médico, y no tengan temor de acercarse a Él estar llenos de enfermedades. Muéstrenselas y serán sanados!Hijos, acérquense a su Padre y Él los abrazará con brazos de amor. Vengan pobres, perdidas, ovejas errantes, regresen a su pastor! ¡Vengan pecadores a su Salvador! Vengan, ustedes endebles, ignorantes, y letrados, los que se creen menos preparados para orar. Son los más apropiados. Que todos, sin excepción vengan porque Jesucristo a todos ha llamado.Que no vengan los que están sin corazón, son disculpados. Debe haber un corazón antes de que haya amor. Pero ¿Quién es el que no tiene corazón? Oh, vengan, entreguen ese corazón a Dios y aprendan aquí como hacer esta donación. Todos los que desean oración pueden hacerlo fácilmente, capacitados por esas gracias idóneas del Espíritu Santo, los que son comunes a todos los hombres.La oración en el bien supremo. Es el medio para liberarnos de todo vicio y obtener toda virtud. Es solamente a través de la oración que entramos en la presencia de Dios y podemos permanecer sin interrupción.Por eso es que debe aprender un tipo de oración que pueda usarse en todo tiempo, una clase que no obstruye las tareas cotidianas y pueda ser practicada de igual manera por príncipes, reyes, prelados, sacerdotes y magistrados, soldados y niños, hombres de negocios, trabajadores, mujeres y aún los enfermos. Es esa oración hecha no con la mente sino con el corazón. Nada puede interrumpir esta oración solo aquellos afectos desenfrenados; pero una vez que hemos disfrutado a Dios y la dulzura de su amor descubriremos imposible anhelar otra cosa que no sea Él.Nada se obtiene tan fácilmente como poseer y disfrutar a Dios. Él es más real para nosotros que nosotros mismos. Tiene más deseos de entregarse a sí mismo de lo que nosotros deseamos atesorar. Solo necesitamos aprender a buscarlo, y hacerlo es más fácil y natural para nosotros que respirar. ¡Escuche! ¡Usted que piensa que es tan ignorante y que es bueno para nada! A través de la oración puede vivir en Dios mismo con menos dificultad o interrupciones de las que tiene al respirar el oxigeno. ¿No sería, entonces, grandemente pecaminoso desatender la oración?