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El Falso Lector | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2008-10-25 01:05:41

El Falso Lector

Sentado solo en su habitaci贸n, con un cigarrillo en la mano y otros tantos esperando a ser vividos, lidiaba con el Elogio de la dificultad, un discurso de Estanislao Zuleta.
El Falso Lector

Cada p谩rrafo lo obligaba a hacer mil y un apuntes al respecto. Ojeaba el texto y, a la vez, se rascaba la cabeza debido a esa piqui帽a inc贸moda que s贸lo la verdadera lectura produce y que adem谩s causa una que otra herida en el cuero cabelludo 聳 de aqu铆 la renuncia del literato a la in煤til tarea de peinarse -.

Se pon铆a de pie, se sentaba, sal铆a y miraba al cielo y se devoraba por dentro.

Cada palabra lo llevaba a maldecir tiempos pasados para luego repensarlo y decidir que no se arrepent铆a de estos. As铆 se pasaba algunos d铆as y todas las noches, gozando con el rehacerse a diario y el esculcarse cada segundo.

Ahora, a todo le cab铆a un gran signo de interrogaci贸n. Ced铆a ante lo escrito en aquel libro y se dejaba moldear, sin darse cuenta, por s铆 mismo. Creyendo, en principio, estar siendo acorralado por Zuleta cuando lo que en realidad ocurr铆a era que 茅l mismo se pon铆a espadas en el cuello, mientras apoyaba su espalda en la pared movediza que el Tiempo, con un poco de ayuda de la Represi贸n, hab铆a construido.

Cada comp谩s le marcaba la muerte de un 铆dolo y cada paso que daba lo llevaba por caminos que, aunque antes recorri贸, hab铆a olvidado en el cuarto de San Alejo. Maravillado ante el r谩pido desarrollo de sus capacidades, decidi贸 asomarse a la terraza. As铆 es, la terraza, de la que vale la pena decir que no era nada com煤n.

Encendi贸 un cigarrillo m谩s y apoy谩ndose en el muro vio pasar muchas historias encerradas en personas:

Todas las historias se esconden dentro de las personas, concluy贸 apresuradamente.
Tambi茅n, not贸 que un indigente se hallaba recostado en una pared, donde el sol no llegaba, y sosten铆a en sus manos un peque帽o libro, que reconoci贸 por la car谩tula. Era La odisea.

聴聽聽 聽隆Ja! 驴Cu谩l odisea? Ese tipo no ha vivido una odisea, pens贸. 脡l est谩 all铆, sin mayores complicaciones, y yo aqu铆, teniendo que trabajar y, como si fuera poco, escarbando dentro de m铆 a ver si doy con algo. Es que definitivamente聟
Arroj贸 la colilla de cigarrillo y regres贸 a su casa, mientras que el indigente, sin que nadie se percatara, segu铆a arrancando hojas del libro para luego permitirse un vuelo.

Ya adentro, en su c贸moda habitaci贸n, opt贸 por comerse, una a una, las hojas del c茅lebre discurso.
聴聽聽 聽A ver si as铆 el organismo se ilustra y me colabora, porque solo es muy arrecho.
De repente, como ocurre en las pel铆culas, tembl贸. 脡l se qued贸 quieto mientras sent铆a sus pensamientos moverse levemente y ve铆a las persianas mecerse cari帽osamente, curiosa levedad que apacigua el alma y consolida mediocres.

聴聽聽 聽隆Mierda; tembl贸!, dijo. A lo que en seguida su pensamiento respondi贸: 驴En serio?
Record贸 la estocada final del texto, aquella que dijera Fausto, y no dud贸 en decirla con una voz altiva:
隆Tierra, tambi茅n esta noche permaneciste firme, y ahora renaces de nuevo a mi alrededor聟!
隆Claro!, pens贸; ahora entiendo. Todo se trataba de un terremoto.

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