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Confiar en una persona | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2008-10-30 05:00:00

Confiar en una persona

Nunca es cuestión con alguien si  hay  o no hay fe; el tema siempre es: ¿en qué o en quién he puesto mi fe?Debe haber pocas personas que ignoren que ser un cristiano está relacionado con tener fe. De todos modos, no son muchos los que pueden explicar claramente lo que significa la fe, y aún son menos los que puedan explicar lo que los cristianos entienden por fe.
Confiar en una persona

Ralf W. Emerson dijo que la fe es el rechazo de un evento menor y la aceptación de1 uno mayor. Los cristianos dicen que Dios es ese factor superior o mayor.
Se ha dicho que la fe es nuestra respuesta a la iniciativa de Dios. Significa responder a Dios aun cuando es difícil hacerlo.

Jesús relató la historia que ilustra esto hermosamente: “Dos hombres subieron al templo a orar: uno era fariseo, y el otro publicano. El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano; ayuno dos veces por semana, doy diezmos de todo lo que gano.

“Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al délo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mi, pecador. Os digo que éste descendió a su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido” (Lucas 18:10-14).

La Biblia dice que el publicano se fue a su casa justificado delante de Dios.  ¿Acaso Dios justifica un hombre malo, y rechaza un hombre bueno? La clave es preguntar algo muy simple, “¿quién está confiando en quién?” La religión de los fariseos nos recuerda a lo que en oportunidades llamamos rudamente “religión de escuela estatal”. Si lleva una vida decente y es decente, si es una buena persona, entonces Dios, qué? es bueno también, una Persona decente, lo aceptará. Ese fariseo confiaba en su propio buen carácter. Claramente, no confiaba en Dios, aunque oraba a Dios.

Por el contrario, confiaba en sí mismo.

Escuche al otro hombre: “Dios, sé propicio a mí, pecador”. ¿En quién confía este hombre? No puede confiar en su propio carácter, sabe que es pecador. No puede confiar en sus propias acciones dignas, ha pecado. Pone toda su confianza en el carácter y acciones de Dios. Dios es un Dios con un carácter misericordioso, que tiene misericordia sobre los pecadores.

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