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Hablando de cine: El Ba√Īo del Papa | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2008-10-31 23:08:04

Hablando de cine: El Ba√Īo del Papa

El fot√≥grafo santandereano Nelson C√°rdenas hace una reflexi√≥n sobre 'El ba√Īo del Papa', una cinta uruguaya que muestra la historia de un pueblo ubicado en la frontera entre Uruguay y Brasil, que cree que la visita del papa Juan Pablo II en 1988 los va a volver millonarios.
Hablando de cine: El Ba√Īo del Papa

El Ba√Īo del Papa. En Melo vivimos todos

La pobreza tiene sus cosas. Beto vive en Melo, en la Provincia Oriental de la Rep√ļblica del Uruguay. Como dir√≠a el Flechas, tremendo nombre para el polvoriento pueblo de micro contrabandistas de bombonas de gas, yerba mate, bater√≠as, harina y algo de licor, sudorosos montados en bicicleta, que ara√Īan unos pesos para ahorrar pa¬í los sue√Īos: reparar el techo, un curso de modister√≠a para la hija, comprar una moto de segunda o una borrachera de primera. O quiz√°s pagar alg√ļn servicio atrasado por lo que haya decomisado el muy diligente y esforzado servicio de aduanas. El Estado, siempre presente pa joderle la vida al pobre.

Y a este pueblito uruguayo, que bien podría ser Paraguachón, Los Patios o Rumichaca o cualquier punto de frontera de nuestra América, la luz celestial de una visita Papal la ilumina por un instante. ¡!El Sumo Pontífice en Melo!!

Pero lo que podr√≠a ser visto como un bendici√≥n del cielo y de Roma es tomado por la pobrec√≠a de Melo, mayor√≠a como en toda parte, como la gran oportunidad de negocio con los cientos, que digo ciento, miles, cientos de miles mejor, visitantes que han de venir al pueblo en romer√≠a en pos de la sagrada visi√≥n del embajador de Dios en la Tierra. Se preparan de la mejor manera, con su mejor idea de negocio: arepas, empanadas, chorizos, banderitas, medallas, y a Beto, que, seg√ļn √©l,¬† le funciona la cabeza, pues le da por levantar un ba√Īo p√ļblico, para la consecuencia de tanta comida y tanto turista que ha de venir.

Ese 8 de mayo ser√° uno de no olvidar. El cotidiano de un pueblo mezclado de indio (s√≠, Mar√≠a Isabel, somos indios tambi√©n), negro y espa√Īol, de un hombre que no llega a entender lo mula de su hija por querer ser algo distinta a √©l, un bagayero, contrabandista pobre, que igual intenta reparar una racera de cocina rota, que sobrellevar el dolor de las ¬ďmeninges¬Ē de su rodilla reventada por su vieja bicicleta, con la que atraviesa d√≠a a d√≠a el sert√≥n y la monta√Īa, esquivando retenes y afianzando amistades, ese cotidiano, tiene fe y esperanza, no tanto en D√≠os y su embajador, como s√≠ en la invasi√≥n que se avecina. En los kil√≥metros y kil√≥metros de buses repletos de brasile√Īos √°vidos de una bendici√≥n.

Lo bueno de no tener nada es no tener nada que perder, se dice. Lo ¬ďtenaz¬Ē de tener poco es que con poco se pierde o se gana todo. F√°cilmente se traslada uno de lo oscuro de la sala,¬† a las calles de nuestras ciudades, repletas de ventorrillos que impiden a los afanados y bien comidos transitar por los andenes. Melcochas, pel√≠culas, chicles, algo de sexo, algo de droga, relojes de imitaci√≥n, zapatos a 10 mil, empanada y naranjada en combo de 1.000. Los sue√Īos de todos correteados por alg√ļn uniformado, pobre tambi√©n como al que persigue.

Las im√°genes sinceras y hermosas de El ba√Īo del Papa, hechas por el que fuera director de fotograf√≠a de Ciudad de Dios, C√©sar Carlone, que a su vez co-dirige con el guionista, Enrique Fern√°ndez, no disfrazan ni dramatizan la vida que ven correr los que tienen la mirada puesta en el d√≠a que amanece ma√Īana, ni su fragilidad es miserable, ni sus esperanzas vanas. As√≠ est√©n tan lejos de llegar como la motocicleta que sue√Īa Beto pa¬í dejar de joderse pedaleando.

Esta película, que bien habría dirigido de Sica si viviera (aunque seguro de Sica ya habría sido absorbido por Bobiwood) es un reflejo de nuestras vidas frustradas, compradas de a peso en los salarios que a ninguno alcanzan, de las esperanzas chiquitas de los que no sabemos sino caminar en el sistema, que perseguimos con infantil obsesión esas cartulinas que ya ni siquiera son pesos oro (revisen sus billetes y comprueben). Esta película, sin importar el estrato en el que se viva (aunque es claro que para ir a cine de 6 mil con crispetas de 8mil hay que contar mínimo desde 3) es un espejo duro y esperanzado al mismo tiempo, así no sea del sello Disney.

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