El disparo | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2008-11-03 05:00:00

El disparo

Mi sargento Rangel, dispare al montón, al montón de jóvenes que están armados hasta los dientes (si es que los tienen todavía después de esa paliza), armados de rabia hasta en su triste alma.
El disparo

Así dio la orden mi coronel, mi coronel Fernández, que a la vez la recibió de mi general Olarte.
No fue un sólo disparo, fueron varios, como gotas de lluvia que salían de esos fusiles Galil que no dejan nada vivo después de ser disparados. Nada vivo queda en pie después del fusilamiento, porque fue un fusilamiento.

A quemarropa se disparó sobre ese grupo de subversivos y narcos que rondaban y rondan las poblaciones de Colombia. La “Seguridad Democrática” exige resultados, exige muertos y muertos es lo que hay en este país, desde que tengo uso de razón (bueno, lo que uno cree que es la razón). Muertos y más muertos recorren las tripas de las babillas que le sirvieron de alimento. Agradecidas están esas babillas que no pasaron hambre durante todo ese tiempo, porque los brazos, corazones y ojos alimentaron sus enormes barrigas.

Si no caían en el río o en un estanque, terminaban bajo tierra para alimentar los hambrientos gusanos. Miles de cuerpos de seres que no eran ni lo uno ni lo otro. Eran pobres buscando un destino que no era la muerte, pero la muerte no les dio tregua ni descanso, los persiguió hasta que los convirtieron es esqueletos, en restos humanos a los que enterraron como N.N., en fosas comunes y eran tan irrelevantes que a nadie se le informó de la masacre. Faltó que los empalaran como hacía Drácula en Rumania, todos empalados y muriendo bajo ese sol ardiente que tiene el trópico.

Porque esa permanente primavera nos confunde y nos hace creer que somos amos y señores de estos desgraciados que buscaban (ahí está la tragedia, un trabajo decente, el cual burlaron los que se los llevaron en la noche que fueron “enganchados” y llevados en la oscuridad a una región lejana que era Ocaña. Allí los soldados dispararon por orden de mi sargento Rangel, quien a su vez recibía órdenes de mi coronel Fernández, que a su vez las recibió de mi general Olarte y de ahí para arriba no se puede preguntar.

En todo caso los muertos no se pueden resucitar ni gritar, ni nada que afecte su tranquila morada hasta la eternidad. Ya no tendrán los sufrimientos que les causaba la vida.

La purga fue impulsada contra ese “batallón” porque las evidencias de fusilamiento, de tortura, de saqueo, se dirigían a las altas esferas que como en el cielo no tocan los humanos.

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