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Monsiváis para la “ciudad aséptica” | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2008-11-04 05:00:00

Monsiváis para la “ciudad aséptica”

Monsiváis para la “ciudad aséptica”

la cotidianidad o la espeluznante sencillez de las cosas humanas. Nadie narra mejor la vida urbana en movimiento, sus lógicas, sus desvelos, sus vacíos. Su prosa invita a deambular a deshoras la ciudad para revelar lo que somos y seremos; en las barriadas y calles el universo es circular, la vida es el rebusque y el azar, la fatalidad sin remedio y el presentismo absoluto.

Sus espejos narrativos son perfectos para comprendernos. ¡Por qué razones para muchos santandereanos, los mayores sueños descansan en construir la segunda planta de la casa y darle estudio a sus hijos? El “mijo estudie para que salga adelante”, se convirtió en nuestro precepto moral más poderoso. No cooperamos en los negocios, nos situamos en desventaja y regateamos sin fin. Les ganamos a las mafias en la siembra de desconfianza.

Las clases medias son emblemáticas del letargo que sufrimos: lo quieren todo, demuestran otra cosa y con sacrifico compran carro nuevo. Las élites los excluyen sin pudor. Acomodarse es su destino. Los ricos de por aquí, a quienes llaman “burros con plata”, que aunque antaño fueron muy reconocidos, nadie determina hoy; pero llegaron “nuevos ricos” que dispararon el consumo y adornan la ciudad. Están siendo acogidos con orgullo como a los extranjeros, sin sospechar que portan la fórmula de las nuevas violencias que desgarran.

A los jóvenes de las barriadas los consumen la exclusión y el “no futuro”. Son el detonante vivo de la tragedia. Se embriagan de cumbias y psicoactivos, como muchos en los ochenta lo hicimos con rock y sinceras utopías. Pero los están matando a diario sin que se prendan las alarmas como hicimos con “los parches”, cuando en los ochenta paralizaron Bucaramanga sin piedad.

Poco qué hacer. En estas ciudades campea la desesperanza; muchos padres acuden al rebusque, sus hijas comercian con el cuerpo por escasos pesos y los chicos ingresan al delito graduándose de “guerreros urbanos” que terminan poniendo en jaque hasta los viejos. Ya pasó en Medellín y en Sao Paulo y en París y las autoridades ahí, perdidas e inmóviles, ocultando en ocasiones lo que pasa. En Bucaramanga tenemos hace tiempo, un “dispositivo aséptico” que ha legitimado la exclusión: ciudad bonita, de la alegría, la más cordial, la de los parques. Si no muere ese imaginario el círculo vicioso triunfará.

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