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En un cementerio colombiano, los muertos se van de paseo con el 'animero' | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2008-11-07 15:42:18

En un cementerio colombiano, los muertos se van de paseo con el 'animero'

En un cementerio colombiano, los muertos se van de paseo con el 'animero'

Todos los días de noviembre, poco antes de la medianoche, 'Chucho' Torres llega a las puertas del cementerio, acompañado de feligreses -principalmente jóvenes-, que siguen el ritual que él realiza hace 39 años en favor de las animas del purgatorio. "No importa que llueva, truene o relampaguee", dijo Torres a la AFP. Su traje para el ceremonial es una capa en la que se lee "Dale Señor el descanso eterno", guantes, una capucha negra y una campana.

Los acompañantes se quedan en la puerta, mientras el animero avanza para hacer el recorrido entre las tumbas, tapando su rostro para no ver a las almas salir detrás suyo. Luego inicia un paseo, que dura unas dos horas por las calles del pueblo, durante el cual toca la campana para despertar a quienes duermen y hacer que oren por los difuntos. "Por cada padrenuestro que se reza, hay miles de almas que se salvan".

"Las ánimas salen detrás mío", asegura Torres con la misma certeza con la que recuerda que en los años sesenta comenzó a cumplir con la función de animero acompañado por otros dos amigos, Germán Villa y José Leonardo Bedoya. "Con los otros compañeros fuimos donde el cura y le pedimos que nos dejara ser animeros, como los que había en otros pueblos, y él nos dijo que si éramos capaces lo hiciéramos", recuerda. Villa y Bedoya murieron hace más de 20 años.

Durante la Colonia y los primeros años del siglo XX casi todos los pueblos del departamento de Antioquia (del que Medellín es capital) tenían animeros, responsables de sacar a pasear a los muertos durante el mes de noviembre. Ahora parece que la tradición sólo continúa en Copacabana.

Torres anda en busca de un sucesor. Ninguno de sus cuatro hijos quiso seguir la tradición. "Es algo agotador, porque uno tiene que trasnochar, aguantar el frío y también la lluvia", reconoce.

Él ya no trabaja, pero durante muchos años cumplió con la tradición de animero, al mismo tiempo que cumplía con su empleo como obrero de la alcaldía municipal. "A veces me dormía en el día, pero los jefes me tenían paciencia porque sabían lo que yo hacía por los muertos", explica. Ahora, para cumplir bien su tarea, Torres duerme algo durante el día y dedica parte de su tiempo a su otra pasión: el deporte. Trota y hace largos recorridos en bicicleta. "Tengo que estar bien preparado, para los recorridos de la noche", dice.

 

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