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“Los novelistas quisiéramos ser exorcistas de los males de la sociedad” | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2008-11-08 05:00:00

“Los novelistas quisiéramos ser exorcistas de los males de la sociedad”

Carlos Fuentes Macías, uno de los escritores más importantes y prolíficos de México y del continente americano, celebrará ochenta años de edad el próximo 11 de noviembre.
“Los novelistas quisiéramos ser exorcistas de los males de la sociedad”

Así mismo, su novela “La región más transparente”, traducida a los doce idiomas más importantes del mundo, cumplirá cincuenta años de haber sido escrita, por lo que la Academia de la Lengua Española lanzará una edición especial, como la que se hizo de “El Quijote”  y de “Cien años de soledad”.

Con más de 45 obras escritas desde 1954, cuando publicó su libro de cuentos “Los días enmascarados”, (a los 26 años), hasta el presente mes de octubre, cuando dio a conocer en Madrid (a los 80 años), su más reciente novela ‘La voluntad y la fortuna’, Carlos Fuentes no ha parado de escribir ensayos, novelas, cuentos, obras de teatro, guiones cinematográficos y artículos periodísticos, demostrando su inmensa capacidad de trabajo, su ojo clínico para la crítica social y política, y su maestría en el manejo del lenguaje escrito.

En la mayoría de sus obras, casi todas polémicas, Carlos Fuentes ha descrito, a través de sus personajes, la problemática social, política y económica de México, y la ha proyectado como una realidad de los demás países del continente, a los que conoce muy bien por sus frecuentes viajes, sus amigos en esos países y sus abundantes lecturas.

En “La región más transparente”, por ejemplo, aparece el México de los años cincuenta, descripción que vuelve a hacer en los años ochenta en los libros “Cristóbal Nonato” y “Agua quemada”, y que reaparece ahora, en 2008, en “La voluntad y la fortuna”, en la que demuestra, una vez más, su sabiduría crítica, centrada en este caso sobre los males derivados del narcotráfico y sobre las consecuencias que vislumbra premonitoriamente en el futuro cercano. En entrevista hace una semana, con Efe en Madrid, manifestó: “Los novelistas quisiéramos ser exorcistas de los males de la sociedad y acabamos siendo profetas”.

“El escritor no puede ser ajeno a la transformación política”

Querido y respetado por unos, y vilipendiado e incomprendido por otros, recordamos que, en el año 2001, su novela “Aura” (escrita en 1962) protagonizó un escándalo en la Ciudad de México debido a que una profesora de secundaria fue despedida al recomendar la lectura de este libro a sus alumnos en el “Instituto Félix de Rougier”, donde se encontraba estudiando la hija del entonces Ministro del Trabajo. Poco tiempo después, le fue negada la visa a Estados Unidos y, en 1967, su novela “Cambio de piel”, ganadora del premio Biblioteca Breve de la editorial Seix Barral, fue prohibida por el generalísimo Franco, cuando Fuentes se encontraba en Barcelona en una reunión con los integrantes del boom literario: Cortàzar, Vargas Llosa y García Márquez.

Sobre el contenido de “Aura”, el propio autor, en su cronología autobiográfica escrita en 1994, hizo una comparación de esta obra con “La muerte de Artemio Cruz”, otra de sus novelas famosas. Fuentes escribió al respecto: “Aura” es una novela sobre la vida de la muerte. “Artemio Cruz”, en cambio, trata sobre la muerte de la vida. “Aura” es mi novela emblemática del tiempo y del deseo; no sólo de la posibilidad de convocar el deseo, obtener el objeto del deseo y descubrir que no hay deseo inocente”.

Pero su obra más compleja y controvertida es tal vez “Terra Nostra”, que empezó a escribir en 1971, cuando murió su padre, y que terminó al año siguiente en un pequeño apartamento que tenían sus amigos Juan Goytisolo y Monique Lange en Paris. “Terra Nostra”, en cierto modo -dijo el autor en 1994-, es la historia alternativa de una civilización: la nuestra, la de los pueblos que hablamos español. Pero decir que la historia pudo ser de otra manera es decir que no es, forzosamente, de la manera que la conocemos. Eso primero; pero, novelísticamente, esta obra es mi respuesta a la pérdida del sujeto narrativo, del personaje psicológico redondo, despedazado por la barbarie de la historia inhumana del siglo presente”.

“Terra Nostra”, “Los años con Laura Díaz”, “Un espejo enterrado”, “Una familia lejana” (la obra preferida de Fuentes) y las demás ya mencionadas aquí son las más importantes de este escritor de estirpe y sangre mexicanas; panameño de nacimiento, y latinoamericano de pensamiento y corazón, afirmó en 1972 en un ensayo para la revista “Tiempo Mexicano” que lo que un escritor puede hacer políticamente debe hacerlo también como ciudadano. “En un país como el nuestro, el escritor, el intelectual, no puede ser ajeno a la lucha por la transformación política que, en última instancia, supone también una transformación cultural”.

Sólo le falta recibir el Premio Nobel de Literatura

Nacido en Panamá el 11 de noviembre de 1928 cuando su padre, diplomático mexicano, se desempeñaba como cónsul en ese país, Carlos Fuentes es un escritor que abrió las puertas de la experimentación literaria utilizando un lenguaje audaz y novedoso, con invenciones idiomáticas y con la incorporación de procedimientos narrativos, e impulsó a muchos escritores a seguir ese camino, advirtiéndoles que, aunque existen riesgos, vale la pena intentarlo, siempre y cuando se escriba y se experimente con rigor, con vocación y profesionalismo.

Por el conjunto de su obra literaria, en 1979 recibió el Premio Internacional Alfonso Reyes y en 1984 el Premio Nacional de Ciencias. En 1987 le fue conferido el Premio Cervantes, en 1992 el VI Premio de Literatura Iberoamericana y en 1994 los premios Grinzane Cavour en Italia y el Príncipe de Asturias en España.

Ahora, sólo le falta recibir el Premio Nobel de Literatura que sería muy justo le fuera otorgado, teniendo en cuenta el enorme aporte que ha hecho no solo a la comprensión de la complejidad del ser humano: violento y amoroso, soñador y pragmático, envidioso y próvido, constructor y transgresor, sino también por su aporte a la literatura universal y a la comprensión del alma latinoamericana; al reconocimiento de sus antiguas raíces y al plural mestizaje nativo-afro-europeo, de donde se han derivado los logros y los grandes males de la sociedad actual para la que él, como escritor extraordinario, “quisiera ser exorcista”, aunque acabe “siendo profeta”.

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