¿Agenda eterna? | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2008-11-09 05:00:00

¿Agenda eterna?

Para quienes piensan que retroceder en el tiempo es una imposibilidad física, matemática y tecnológica, analizar la situación general colombiana podría obligarlos a reconsiderar su posición.
¿Agenda eterna?

Y es que a pesar de la carga de ironía y la dosis de resignación que se requieren para aceptar la realidad, ésta no se puede controvertir. La verdad es que este país parece congelado en el tiempo, con muy pocos avances para mostrar en las últimas décadas.

Prueba irrefutable de lo anterior, es la agenda interna de problemas sin resolver, que parece calcada desde los años 70 del siglo XX.

Años 70 del siglo XX cuando, exactamente igual que hoy, la nación tenía como principales obstáculos para la calidad de vida de sus habitantes, las deficiencias en la educación, los indigentes cubrimientos de la salud, la pobreza de amplios sectores de la población, la corrupción rampante, el narcotráfico y la guerrilla.

De hecho, a pesar de las promesas y las esperanzas que en su momento despertara, por ejemplo, la reforma constitucional de 1991, aunadas por numerosas campañas electorales desde esa época, la agenda no solo permaneció prácticamente inalterada, sino que tuvo adiciones bastante sanguinarias como la del paramilitarismo.

Los temas por resolver, entonces, poco han cambiado, con el agravante de que ni uno solo ha podido solucionarse o por lo menos, mostrar avances significativos que permitan observar un desenlace satisfactorio en el horizonte cercano.

Esa falta de resultados concretos en todos los frentes, únicamente puede calificarse como un fracaso estruendoso generalizado, que debería no solo cuestionar a quienes han llevado las riendas del país durante décadas, sino sobre todo exhortar a quienes se perfilan como los dirigentes del futuro, para que corrijan una manera de enfrentar los obstáculos que definitivamente tiene una gran deuda con el país entero.  

Las cuotas políticas burocráticas en todas las esferas gubernamentales; el nombramiento de los funcionarios fiscalizadores del Estado basado en los amiguismos y las conveniencias de los parlamentarios en lugar de posiciones firmes y honestas con hojas de vida intachables, así como los  costosos pagos de favores a quienes apoyan a los candidatos electoralmente una vez son elegidos, son las prácticas que en gran medida son responsables de la parálisis eterna que afecta a Colombia.

El país pero sobre todo sus gobernantes, tienen que acostumbrarse a afrontar las dificultades de una manera radicalmente diferente. El no hacerlo es condenar a esta sociedad a sufrir eternamente  los mismos males que la han atacado desde hace generaciones.

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