
Nuestro mar Caribe tiene instalaciones pertinentes; no sólo la tierra ofrece al hombre y a las naciones la riqueza del combustible. Las zonas Árticas fueron en algún tiempo atractivas para la astronomía; se reputaron la mejor plataforma para la observación de los planetas extrasolares y las galaxias que ahora se investigan para deducir el origen del Universo. Sabemos que la zona reúne condiciones climáticas excepcionales. Igualmente hay largos períodos nocturnos durante los cuales un rayo de sol no interrumpe la tarea científica. Acontece que el vapor de agua que emana de la tierra es enemigo de la astronomía, y la zona Ártica no varía su frío seco.Iguales condiciones existen en la zona Antártica, aunque las dos ostentan deshielos por calentamiento.Hasta el presente no se dan disputas acerca de las posesiones que algunos países tienen sobre las dos zonas. Se han respetado las delimitaciones que tienen bases para exploraciones petrolíferas, con perspectivas alentadoras para las respectivas economías nacionales. De manera que dos aspectos animan la presencia de varios Estados en esas zonas hasta ahora reputadas inhóspitas: La búsqueda del ansiado petróleo y las instalaciones de modernos telescopios que darán a la ciencia informaciones de gran valor, más ahora cuando existe honda preocupación por el calentamiento global. Ya las Naciones Unidas resolvieron fijar posiciones para protección de las aguas y la prevención de los efectos del calentamiento. Tanto el fenómeno acuático como el creciente calentamiento están relacionados con la vida del hombre, la habitabilidad de la Tierra y el catálogo de consecuencias que se derivan de estos graves fenómenos, que ahora se están investigando mediante creación de comités científicos emanados de las Naciones Unidas.Nosotros somos habitantes de un país rico en recursos hídricos. El río Amazonas, al que accedemos, habrá de suministrar agua a países sedientos mediante buques tanques. Nuestra riqueza hídrica acentúa la responsabilidad de velar por la conservación de los recursos naturales, la tierra y el agua. Para Santander es urgente crear mecanismos defensores del agua, aumentando los bosques, municipalizando los nacederos de las aguas que abastecen los acueductos locales, y respetando las zonas reservadas por la ley, como la cordillera de Yareguíes que, después de incesantes clamores, se creó legalmente como base de flora y fauna.