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“Las pirámides” y el Estado colombiano | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2008-11-14 05:00:00

“Las pirámides” y el Estado colombiano

De nuevo la noticia es el vendaval económico y social provocado por las “las pirámides”, la reacción de los afectados y cómo el Estado ha vuelto a llegar tarde y no ha podido tomar el toro por los cuernos. Eso no es nuevo, pero volvemos a estar en plena alharaca.
“Las pirámides” y el Estado colombiano

Según el Superintendente Financiero, en “las pirámides” (disfrazada captación ilegal de dineros) los colombianos habrían invertido cerca de 400 mil millones de pesos, aunque las cifras aún no son oficiales. Esa suma no se acumula en poco tiempo. Luego el Estado tuvo tiempo para actuar con energía, pero no lo hizo y vivimos las consecuencias.

Se afirma que quienes invierten dinero en “las pirámides” son incautos. Ello es inexacto. Tal conducta es una expresión más de la laxitud de costumbres que campea en Colombia y del afán de enriquecimiento rápido y fácil que entronizó la cultura “traqueta”, aliñado con la codicia del ser humano.
Asevera la Rama Ejecutiva que no tiene herramientas para frenar tal actividad. Eso es una excusa para justificar su conducta omisiva, pues si hay normas para meter a tan voraz ogro en cintura.

“Las pirámides”, expresión deforme y peligrosa del capitalismo salvaje, fueron creadas por vivos, que aprovechan la falta de controles estatales producto de un modelo económico que considera que la función del Estado es ser simple guardián del libre juego de las leyes del mercado. Por eso nuestro Estado ha sido pasivo, casi autista frente a tan crítico problema.

Una de las funciones del Estado es ser policía económica, vigilar y controlar la actividad de los particulares para hacer respetar y garantizar el bienestar general frente a la voraz iniciativa particular.

Para que el Estado actúe y controle la conducta de los particulares debe aceptarse que puede limitar las libertades económicas individuales. Eso no lo ven con buenos ojos quienes consideran que el Estado debe dejar en libertad las fuerzas del mercado.

Esa política en las sociedades desarrolladas produce crisis económicas como las que hoy viven E.U y Europa, pero en economías pequeñas y mal formadas, como la colombiana, da a luz Frankensteins como “las pirámides”.
La función de policía administrativa del sector financiero la desarrollaba en Colombia la Superintendencia Bancaria, eficaz dependencia diseñada por la Misión Kemmerer en el primer tercio del siglo XX. Ella cumplió con rigor y acierto el control y vigilancia de la actividad bancaria, frenó usos abusivos de los banqueros y evitó que aprovecharan su posición prevalente en el mercado.

Pero la mal entendida modernidad le asestó letal golpe a la Superbancaria al transformarla en la ineficaz Superintendencia Financiera, entidad gigantesca, inoperante, que ha demostrado no ser la respuesta estatal adecuada para la actual dinámica del mundo de los negocios financieros.
El resultado lo vivimos. “Las pirámides” desnudaron que el Estado quedó sin dientes, mientras los avivatos huyen con maletas llenas de dinero burlando a los que creen que en economía hay cosas gratis.

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