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Al equipo hoy le faltan 99 centavos para el peso | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2008-11-16 05:00:00

Al equipo hoy le faltan 99 centavos para el peso

¬ďY en el amplio rect√°ngulo de menta/ el reba√Īo de goles se apacienta/ y come coraz√≥n el grader√≠o¬Ē.Albert Camus
Al equipo hoy le faltan 99 centavos para el peso

La tabla de posiciones, esa escalera  de embrujo del deporte, es una sola pero es la misma que sirve tanto para subir al cielo como para bajar al infierno.

En el f√ļtbol, este deporte m√°gico que sintoniza a m√°s de medio mundo con la fantas√≠a, en cinco fechas se puede estar en la gloria de Dios y rodar luego pelda√Īos abajo para encontrarse cara a cara con el rey de las tinieblas.

¡Ay, Dios! Eso le pasa al conjunto bumangués, que torneo tras torneo ha estado oscilando entre esos dos estados de juego, arriba y abajo, como un yoyo frenético y enloquecido. El habla popular manifiesta que siempre nos faltan cinco centavos para el peso, pero la realidad de hoy, abrumadora y pesada como un fardo de goles, le cuenta a esa afición y a ese equipo que prácticamente le faltan los cien centavos completos.

Un hincha independiente

¬ďNacho¬Ē, el perro de don Juan de Jes√ļs G√©lvez, un curioso resultado como de cuatro razas cruzadas, abre un ojo y levanta una oreja cada vez que la voz del amo habla de su pasi√≥n por el equipo y pone una grabaci√≥n con cincuenta mil vatios de salida, con el gol que Sherman C√°rdenas le hizo a Nacional hace tres a√Īos en el ¬ďAlfonso L√≥pez¬Ē y dej√≥ comiendo gramilla a Santiago Escobar y sus guerreros.

Las botellas en el Fort√≠n del Chicamocha tiemblan en la estanter√≠a y los futbolistas salen del hotel extra√Īados al escuchar tan estramb√≥tica manifestaci√≥n de amor de un hombre sencillo por una camiseta tan sencilla. Pero don Juan la ve con unos ojos m√°s grandes que los que tiene y cree que la camiseta es amarilla porque est√° tejida con hilos de oro de 24 y que es tan grande como el Maracan√°. Cierra su negocio los d√≠as de juego, deja de ganar y en su lugar gasta, pues siempre va a preferencia y dice, en un estado de notoria resignaci√≥n, que tiene que llegar a limpiar su silla numerada porque las palomas que revolotean bajo el alar de sombra tambi√©n¬† van d√≠a y noche a preferencia aunque no haya partidos.

Con sus ojos casi cerrados y a punto de soltar una l√°grima emotiva, exclama: ¬ďUno siempre va al estadio a llorar, sea de alegr√≠a o de tristeza pero siempre llora¬Ē.

Las barras hinchadas

¬ďLas Cuchibarbis¬Ē, una delegaci√≥n de matronas con cincuenta a√Īos promedio de juventud, se visten de McPollo, se acicalan primorosamente en cada fecha, se perfuman detr√°s de las orejas, se peinan in√ļtilmente porque el ventarr√≥n de las adversidades o el cicl√≥n de la euforia las despeluca; venden boletas y arandelas amarillas en la glorieta; cargan equipo de sonido con sus letan√≠as musicales de ambiente festivo, tanto, que se respira un verdi-dorado sentimental en el aire c√°lido de las dos de la tarde; se echan bombos al hombro y trompetas a sus bocas rub√≠es de pintalabios; sonr√≠en tan ampliamente que se les borra por un ef√≠mero instante el paso implacable de los a√Īos; algunas parecen glorias perdidas de Hollywood con sus gafas oscuras y unos cuerpos generosamente rellenos cual jugoso jam√≥n navide√Īo. Como Elizabeth Taylor, valga el ejemplo.

Comandadas por Do√Īa Marina Pineda desde hace como quince a√Īos, hacen unos estruendos de apocalipsis en el estadio, que espantar√≠an a los cuatro jinetes y el juicio final lo presidir√≠an ellas. Gritan algunas palabras que hacen sonrojar los muros del coliseo y se beben, unas m√°s que otras, hasta el agua de los tanques sanitarios.

El domingo pasado, después del partido, las vi bajar por la calle 14 a pasos larguísimos, inalcanzables y no pude verles las caras atormentadas después de que su amado equipo quedó con los guayos pisando el umbral de la catástrofe.

Las barras representativas

Don Diego Valbuena, uno de los l√≠deres de Fortaleza Leoparda, la barra m√°s representativa del Atl√©tico en los estadios del pa√≠s con aproximadamente dos mil integrantes, se fue para Pereira ayer s√°bado a las siete de la ma√Īana desde el Parque Santander con quinientos entusiastas que no pierden la fe en la salvaci√≥n ni aunque vayan en ca√≠da libre. La barra la constituyen 32 grupos o parches de todos los sectores que van desde barrios de Piedecuesta y Gir√≥n hasta Los Pantanos, en Bucaramanga.

Los¬† comandantes se re√ļnen todos los martes en el parque de los Ni√Īos y los directivos mayores los viernes. A la sombra de los guayacanes hablan sobre su pr√≥ximo viaje, reiteran su compromiso con el entusiasmo respetuoso, las consignas con versos y recuerdan que hay varios impetuosos y fieles de pocos recursos que se van tres d√≠as antes a estadios lejanos, calientes o fr√≠os, colgados de tractomula en tractomula como murci√©lagos sin albedr√≠o, sin importarles las vicisitudes o el hambre, pues de por s√≠ ya van con sed y hambre de goles.

√Ālvaro Ojeda Olarte, m√°s conocido como ¬ďFIFA¬Ē, pues deambul√≥ muchos a√Īos como √°rbitro profesional hasta en la Copa Castalia, cumpli√≥ 48 a√Īos el domingo de la incertidumbre. Empieza a hablar pausadamente y luego el entusiasmo se le desborda tanto que no le pone puntos ni comas a lo que me cuenta y creo que puede morir en medio de su Tienda Leoparda de un paro respiratorio, enrollado en sus amad√≠simas camisetas y encima de un bombo funerario y como testigos su √°lbum de boletas de todos los estadios.

Es un jefe natural de la barra La Tienda Leoparda y un coordinador de los viajeros impenitentes o penitentes en las ciudades del pa√≠s. Va para Pereira y espera diez buses con planes de 35 mil y 60 mil pesos. Es el agente en Bucaramanga de la campa√Īa nacional ¬ďGoles en paz¬Ē, que lidera el padre Alirio de la parroquia Veracruz de Bogot√°: ¬ďGoles en paz. Con el tuyo marcamos la diferencia porque la vida es sagrada¬Ē, reza el lema. Es el √©nfasis con el que les reitera a sus muchachos que ellos son la cara bonita de la ciudad en otros terrenos y que esta especie de iglesia deportiva tiene entre sus sagradas prioridades crear m√°s adeptos, fieles de santa comuni√≥n, en las grader√≠as propias y ajenas.

√Ālvaro le hizo una promesa al Se√Īor de los Milagros de Buga: Si ganan, el lunes se va a saludarlo y lo m√°s probable es que se vaya de Pereira hasta Buga de rodillas. A un hincha como √©l no le temblar√°n las piernas si en su barra hay un taxista, Freddy, que es discapacitado y viaja conduciendo a los confines del mundo a ver a su equipo, o como Javier Ram√≥n Rond√≥n, que va pero no los ve porque es ciego y le narran los partidos en la tribuna y conoce tanto de las artes futbol√≠sticas que intuye qui√©n va a cobrar un¬† tiro libre: √©l ve con los o√≠dos. Esos s√≠ son hinchas, no aficionados, recuerda √Ālvaro.

En su √ļltima aventura a Barranquilla, unos tiburones que quiz√° fueron arrastrados hasta el estadio Metropolitano por un tsunami enfurecido, le partieron siete vidrios a su cansado bus.¬† Hacia Neiva el conductor iba agotad√≠simo pues ven√≠a de C√ļcuta con una mala noche, no conoc√≠a bien la carretera, le echaban agua a porrones para que no se desmayara y cuando los alegres viajeros empezaron a ver vacas asom√°ndose a las ventanillas, notaron, con ojos de huevo frito, que se hab√≠an salido de la v√≠a y estaban acampando en medio de un potrero. Cuando se encarrilaron nuevamente la cosa empeor√≥: iban llegando a Puerto Berr√≠o¬† y el asunto no era por ah√≠. Pues queridos hinchas: casi llegan a Medell√≠n cuando su destino era Neiva. ¬ďTodo esto lo soportamos estoicamente, porque el Atl√©tico Bucaramanga no son once jugadores sino la representaci√≥n de la ciudad¬Ē, anota emocionado √Ālvaro Ojeda.

El juego pasado y los renegados

De aficionados, que son la antítesis del hincha incondicional, estaba casi repleto el estadio. Ellos son verdaderos  aficionados: aficionados a los gloriosos momentos, aficionados a montarse en el Fórmula 1 de la victoria y aficionados a buscar boletas gratis para ir a pasar la modorra vespertina de los domingos.

¬†¬ďQue se vayan a la B¬Ē, a√ļllan unos. ¬ďAmarillos como los miaos¬Ē, insultaban otros. El juego estuvo flaco de emociones; un bostezo era un homenaje al estar vivos; por donde se mirara hab√≠a un amarillo esplendoroso; la esperanza no era verde; los ni√Īos parec√≠an piar como pollitos reci√©n nacidos y el papel picado era un man√° ca√≠do del cielo. Los gladiadores uniformados que se esperaban se quedaron en las mazmorras del coliseo, los que estaban se asustaron con un curioso le√≥n azul pero muerto y los rostros moh√≠nos y agotados de esperar, se apretujaron a la salida por la puerta trasera.

Esta tarde en el ¬ďHern√°n¬† Ram√≠rez¬Ē se sabr√° si al fin ¬Ďvamos a alg√ļn Pereira¬í. Y Yosimar Duarte, un joven hincha de l√°grima viva, nervioso y atormentado, que un domingo no quiso escuchar el partido contra Tolima porque su d√©bil cuerpo no podr√≠a soportar lo que su alma tampoco, en alg√ļn rinc√≥n escondido de su casa aguardar√° si el pr√≥ximo a√Īo seguir√°, como el poeta¬† franc√©s, ¬Ďcomiendo coraz√≥n el grader√≠o¬í.

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