Límpiele el c..., muchacha | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2008-11-17 05:00:00

Límpiele el c..., muchacha

Qué fastidio estar tratando de entender la jeringonza en que se ha convertido el español, por un innato complejo de inferioridad; así que, aunque el título de este texto se viera mal si se hubiera puesto como debe ser, ¿qué otra alternativa tendría para pedir a una joven de corta edad que asee una botella por fuera para que no ensucie la mesa?
Límpiele el c..., muchacha

“Límpiele el fondo, señorita”, tal vez; pero la fulana nos puede reclamar porque “señora” o “señorita” no son tomados aquí como términos de cortesía, sino como el reflejo de su estado marital o sexual, circunstancia que, normalmente, lo tiene a uno sin cuidado: –“Sí, señora” –“Señora no, señorita…”; como si uno conociera (perdón, “distinguiera”, su vida privada). Y cómo le pido a una moza (entonces sí que se enfurece, porque dirá que ella es católica, apostólica y romana, y no anda enredándose por ahí) que le limpie el fondo a una botella llena, si al hacerlo tendría que vaciar el contenido. ¿Cómo se le dice aquí, entonces, al culo de las botellas? ¡Se le llena a uno el gorro!

Hay muchas expresiones que agotan, como andar “colocando” todo o “colocándose” a todo, dizque porque los medios de comunicación y la escuela les enseñaron que solo “ponen” las gallinas. Cuánta falta les hace a los comunicadores y a los profesores una simple mirada al diccionario para toparse con su inaceptable yerro (claro, también de “topar” dicen que es impropio de personas cultas). Pero hay un término que definitivamente molesta más que el “tuteo-usteteo” de las secretarias: el abuso del verbo “regalar”.

Si la acepción del verbo es “dar a alguien, sin recibir nada a cambio, algo en muestra de afecto o consideración o por otro motivo”, ¿por qué aquí quieren todo regalado? “Regáleme dos tintos” o “regáleme otra ronda de cerveza” quiere decir “véndame”, pero tal vez suponen que el tendero se va a ofender por eso, como se podría molestar el cliente de un banco cuando le van a pagar su cheque (“regáleme su cédula”), o el conductor en el parqueadero (“regáleme las placas de su carro”, “regáleme su baúl”), y quieren que uno entienda cuando le dicen: “regáleme una llamada” o “regáleme la hora”.

No sé cómo podrá atenuarse esta tara de andar dañando nuestro bello idioma castellano por la idea absurda de que las palabras son feas, mientras que sí se reverencian rebuscados términos foráneos salidos de contexto. Dejemos de ser tan regalados, que no nos queda bien.

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