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Con Dios no se pelea | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2008-11-20 05:00:00

Con Dios no se pelea

La mujer esperaba noticias de su hijo, quien estaba desaparecido desde hacía una semana. Presentía que algo malo le había ocurrido y nadie le daba razón de él. Mejor dicho, había perdido la fe.
Con Dios no se pelea

Un día, llena de rabia, criticó a quienes creen en Dios. Incluso fue más allá, tildó a la fe de ser una simple ilusión. Maldijo su vida por tanta incertidumbre y dolor.

Su hijo había sido asesinado en un popular barrio de la ciudad: “Dios no hizo nada para impedirlo”, gritaba.

Se ahondó en el desespero y en el vacío de quien no cree en nada ni en nadie. La muerte del joven fue la mayor frustración de esta mujer, al punto que su vida comenzó a deshacerse.

Nadie podía consolarla. En determinados momentos las palabras, por más bien escogidas que estén, se vuelven insulsas, sin fuerza como para llenar de ánimo a alguien.

Sin embargo, ¿quiere Dios que esta mujer sufra?
Él no desea que estas cosas sucedan, pero hacen parte de la vida. Todo el mundo, tarde o temprano, enfrenta situaciones difíciles.

Si no nos controlamos ante la adversidad, corremos el riesgo de exaltarnos y maldecir la vida, sólo porque las cosas no suceden como nosotros queremos.
No tenemos nada comprado. Ni siquiera el dinero nos garantiza el amor real o la propia salud. De hecho, el hombre no puede, por sus propios medios, asegurarse de manera absoluta de ninguna verdad.

Las  heridas viven siempre en el fondo del corazón, entre otras cosas, porque guardamos rencores o remordimientos e insistimos en pelear con Dios.
No podemos olvidar que hay caídas que provocan ascensiones mayores. No es una frase de cajón, es una realidad.

Lo que pasa es que a veces fabricamos sufrimientos inútiles, nos enfrascamos en ellos, sin prever que siempre hay una solución.

Cada día recibimos una nueva lección y estamos de manera constante aprendiendo. Toda vida tiene su razón de ser y, en realidad, es una lástima que aún no haya sido descubierta y asumida por algunos.

La solución no es echarle la culpa a Dios de lo que le pasa. La clave está en preguntarse para qué le ocurren las cosas.
No se avergüence de ser bueno, de vivir su fe. No se deje atormentar, perturbar ni influenciar por las situaciones malas. Asegúrese en las manos de Dios, porque Él siempre será su amigo.

¿Quiere un ejemplo de esas personas que, a punta de adversidades, se volvieron fuertes? Hablamos de las que sufren y sufren, pero no se entregan.
¿Ha oído hablar alguna vez el Pabellón ‘Jácome Valderrama’, en donde están los enfermos de cáncer?
Allá hay docenas de historias de vidas que se niegan a apagarse y que encuentran en la Fe a Dios el mejor aliciente.

¿Sabe una cosa?
La mujer que protagonizó el comienzo de este texto, finalmente entendió el mensaje que Dios le envió. Hoy está en el citado pabellón ayudando a los pacientes a sobrellevar ese terrible mal.
Ella entendió que más que maldecir al Creador, su vida debía estar dedicada al servicio.

¿Por qué dejó de pelear con Él? Ella misma responde:
“Yo era de las que cuestionaba: ‘Si Dios existía, ¿dónde estaba en momentos tan duros como el de la muerte de mi hijo? Me puse triste porque pensé muchas cosas. Pero, luego reflexioné sobre algo que me ‘martilló’ el cerebro locamente: si a mí me pasó esto, era para algo… Hoy soy un ser  sano, veo a mi hijo en cada uno de los enfermos de cáncer y, lo mejor es que a todos les doy mi amor de madre”.

¡qué tal esta historia!

Un hombre se atrevió a demandar a Dios. ¡Así como lo lee! argumentó que al ser bautizado selló un contrato con el Creador, que debía mantenerlo alejado del diablo y de los problemas. Sin embargo, de manera supuesta, el Señor no le cumplió. Ahora lo acusa de daños y perjuicios.

La demanda que instauró se lee así:
“Yo, quien cumplo una condena por homicidio, solicito acciones legales contra Dios, residente en el Cielo, representado aquí por la Iglesia, por cometer los siguientes crímenes: engaño, abandono, ocultamiento, abuso contra los intereses de la gente y tráfico de influencias”.

La demanda fue cursada, pero probablemente será desestimada en los tribunales, debido a que el acusado no puede ‘apersonarse’. Aunque si es verdad eso de que Dios está en todas partes... ¿quién dice que no aparecerá también en el juicio?

¿Por qué 0 para qué?

¿A veces nos preguntamos qué hice para merecer esto? ¿por qué Dios es injusto conmigo?   
Analice la siguiente historia:

Una joven le cuenta  a su madre que todo le ha salido mal: no le fue bien en los exámenes del colegio, su enamorado resolvió terminar con ella y tiene jaqueca.
En horas de amargura una madre sabe qué puede agradar a su hija; por eso le preparará un sabroso pastel de chocolate.

En aquel momento tan difícil abraza a su hija y la lleva a la cocina; mejor dicho, consigue arrancarle de la cara una sonrisa.
Luego que la madre separa los ingredientes y utensilios que usará para el pastel, los coloca en la mesa y  le pregunta a su hija.
- ¿Quieres un pedazo de pastel?
- ¡Claro madre, me encanta!
Está bien, responde la madre.
-Bebe un poco del aceite que está en la mesa.
Asustada su hija le responde:
- ¿Cómo dices? ¡Jamás!
- ¡Y qué tal si te comes un huevo crudo!
- ¡Nuca madre!, replica la hija.
- ¿Quieres comer un poco de harina de trigo?
- ¡Madre! eso no me agrada crudo, me sabría feo.
La madre le responde:
- Es verdad, todas esas cosas están crudas, pero cuando las colocamos juntas, en su justa medida, forman un delicioso pastel. Dios trabaja en forma similar, la gente se pregunta ¿Por qué Dios permite que pasen por momentos difíciles? No saben que Él permite que todas estas cosas entren en el orden perfecto y siempre obra a bien.
Reflexión: No necesita conformarse con elementos crudos, deje todo en manos de Dios y se tornará en algo fantástico. ¿No cree?

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