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Grímpolas | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2008-11-21 05:00:00

Grímpolas

Poco recordamos que vivimos en una gran mina inexplotada del anhelado metal universal. Del ORO de la cordillera del oriente, que trasnochaba a los Reyes y Conquistadores y que los Naturales miraban indiferentes a todo lo largo de sus extensas plantaciones. Sólo veían que al romper la tierra para renovar las siembras, saltaban las doradas partes del filón.
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Así contaban los vecinos de San Antonio de California, quienes en la extensión de las centurias viven pobres, recostados a la masa mineral que provoca y envanece al mundo.

Y no son unas escenas noveladas. Son la interferencia en un estado de vida primitivo, con el auténtico “dorado” en las espaldas. Nadie ha sabido en concreto de las minas. Varias guerras se han dado en la búsqueda de éstas, cuando al otro lado del mar llegaban los cargamentos sigilosamente transportados por bucaneros de países europeos. Las vecinas de los ríos lavaban las ropas diariamente y los compañeros utilizaban el canasto para extraer de la corriente las ilusorias pepas, hasta cuando llegó a los españoles el relato de la mina “Pie de Gallo”, en “La Montuosa Baja”, así como la “masa de oro” que botó en el parto aurífero más grande de la época.

Los santandereanos no hemos apreciado las minas de oro que están páramo arriba, hasta el Valle del Espíritu Santo, en Pamplona. En 1952 fui con el estadístico profesor alemán Emilio C. Guthardt a las minas de Vetas. Allí supimos más de los temperadores que de los mineros y sus rescates. Y, afortunadamente, de las interesantes versiones parroquiales de Monseñor Adolfo García Cadena, noble y patriota. El alemán se interesó cuando alguien nos contó que otro señor de habla enredada, el doctor Robert Waketil, había dicho que el uranio estaba en la mina “San Celestino” y que los señores Harker habían agregado que también en las de “Borrero” y “La Montuosa”.

Días pasados cayó un puente en sector aledaño a las minas y el gobernador Serpa, sin olvidarse de los votos y de los copartidarios, plausiblemente lo restituyó en semanas. Pero se le escapó el oro. Como a él lo despreocupa, prosiguió olvidándolo sin pensar en “REGALÍAS”. Las del oro que serían tan buenas como las del petróleo, si se estimulara y modernizara su explotación, dentro de un programa además turístico.

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