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Mi casa no tiene puertas | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2008-07-20 06:42:21

Mi casa no tiene puertas

Tengo en la pared de la entrada de mi casa (olvidaba que era solo la mitad), tallados  en piedra unos versos de Tagore. Mi casa no tiene puertas.
Mi casa no tiene puertas

Tiene una calle por donde la tarde pasa como rueda sin destino. Alguien sin mucho sentido po√©tico me pregunt√≥, ¬Ņqu√© es eso? Prefer√≠ no responderle.

Al artesano que tall√≥ los versos en¬† piedra le pareci√≥ que a ese aviso que yo le hab√≠a mandado a hacer le faltaba algo y le tall√≥ adem√°s del verso, una carretilla. Cuando vi la obra maestra que me mostraba con orgullo, la rabia fue may√ļscula.

La carretilla la borró no sé cómo,  hoy la placa permanece en la puerta recordándome que el corazón  debe ser como la puerta del verso de Tagore.

Algunas molestias me ha causado, pues los mendigos con su costal de necesidades entran sin golpear y uno que otro caco  se ha llevado puesta una botella de vino. A veces encuentro sentado en una silla a alguien que no sé quién es ni qué busca. Hemos terminado conversando por varios días, nos hemos despedido con un abrazo de grandes amigos.

Qu√© bellas eran las puertas abiertas de antes. No era que no existiesen cacos ni inseguridad en aquellos¬† tiempos. Jes√ļs muri√≥ crucificado al lado de dos ladrones. En casa de mis abuelos y t√≠os en Oiba, las puertas estuvieron abiertas.

Entraban por la ronda las bestias con la le√Īa que venia de lejos, las yucas, los pl√°tanos, las naranjas,¬† la panela, se descargaban y un fuetazo las devolv√≠a de donde hab√≠an venido.

Las puertas segu√≠an abiertas. Hasta que, un d√≠a, pasaron por el frente en un cortejo f√ļnebre unas mujeres llorando. Un hombre justo hab√≠a sido asesinado.

Después en las puertas del cementerio de todos los  pueblos de antes encontramos a un viejo sollozando. Tal vez era Dios. Mi primo Claudio Consuegra salía como un centauro en motocicleta desde el patio de su casa sin puertas, hasta que  un día desdichado se topó con la carrocería de un camión.

Recuerdo haber leído hace tiempo una obra de teatro de un alemán llamado Wolfang Borchert titulada La  Calle Sin Puertas.

Obra sobrecogedora que nos eriza la piel. Un hombre como tantos que regresó a Alemania después de la guerra. Uno entre tantos que llega a casa pero que nunca llegan pues su casa no existe. Se acostumbraba entonces clavar en la puerta una placa de latón, generalmente en  letra cursiva, en donde se anunciaba la familia que allí habitaba.

¬ŅSaldr√° mi padre a recibirme? Pero, ¬Ņpor qu√© no est√° el nombre de mi familia, Familia Beckmann.

¬ŅQui√©n es ese tal Kramer que figura ahora en la placa? En este mundo despersonalizado de ahora ya no existen las placas en las casas.

Todos queremos, o se nos obliga a vivir de incógnito. Entre menos sepan dónde vivimos o quiénes somos, mejor. Nadie sabe quién sube o baja en el ascensor o en la escalera. Nadie saluda. Mi amigo Armando Serrano se siente orgulloso de que en Barichara en la casa donde nació ahora han puesto una Placa. Se forran hebillas y botones.

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