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Show de vacas con escarcha y cascos embetunados | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2008-11-30 05:00:00

Show de vacas con escarcha y cascos embetunados

Muchos se preguntarán, ¿cómo paga alguien $790 millones por una vaca? ¿cómo van a recoger la plata? ¿Qué harán con ella? Incluso, habrá algunos que hagan juicios de valor y digan que “eso es un negocio de ‘traquetos”, pero la verdad es que las transacciones que se hacen en las ferias ganaderas no son aptas para aquellos que no están dispuestos a tomar grandes riegos.
Show de vacas con escarcha y cascos embetunados

Este año la 61 Feria Nacional Cebú se tomó el Centro de Ferias y Exposiciones, Cenfer.

Todo estaba arreglado para el gran remate final de hace una semana, en el que las estrellas del certamen serían subastadas.

Durante los tres días anteriores, en la gran tarima se escuchaban rumores de ofertas que rondaban los $1.000 millones, incluso, ofertas de $500 millones por una ternera. Si se hacen cuentas, con ese dinero una persona podría vivir de ahí en adelante con un sueldo de $8 millones mensuales hasta el día de su muerte, sólo con guardar el dinero en un banco y recibir el 10% anual.

El miércoles 19 de noviembre, arrancaron los remates y Asocebú reportó cifras récord de $619 millones por la venta de 56 ejemplares de las razas gyr y guzera, que en Colombia son poco conocidas, pero cada día cobran más fuerza en el mercado.

Al día siguiente el monto de la venta en la subasta disminuyó; se vendieron aproximadamente $530 millones que para algunos era menos de lo esperado, pero sin embargo, para cualquiera que no conociera del tema era mucha plata, tanta que si se hace una comparación se podría decir que con ese dinero se pueden construir 22 casas de interés social.
 
El gran remate

Eran las 7:00 de la noche del sábado, hora en la que debería comenzar el gran remate y las competencias por el título de Gran Campeona no habían llegado a su fin. Incluso faltaban más de tres horas de exposición.

A las 10:30 de la noche sonó el himno nacional y dentro del público ya se sentía cierta adrenalina y la impaciencia por ver los precios base de los mejores ejemplares del país.

Entonces, una voz al lado de la tarima donde se mostraban los ejemplares en el fondo del pabellón, retumbó.
Ricardo Barreneche, reconocido rematador con más de 30 años de experiencia, se presentó con un folleto en la mano para leer paso a paso las normas para participar en la subasta.

“Toda persona que reclame una paleta será responsable del uso que se le dé a ella; el comprador deberá pagar el monto de la oferta al final de la subasta de contado”, dejó en claro el rematador.

Expositores y ganaderos de distintas partes del país bebían whisky Old Parr para calmar los nervios, otros con menos plata en los bolsillos compraban aguardiente para amenizar el momento.

La luz se volvió tenue y los focos de luz se dirigieron hacia la tarima de exposición de ganado.
En ese mismo instante, la voz del rematador avisó que el primer ejemplar de la noche de estrellas sería una vaca raza bramhan de la Hacienda La Victoriana, marcada con el nombre de Cuba 1266.

Segundos después, una vaca subió por un montículo que ascendía del piso hasta la tarima, llena de escarcha, con su cuerpo muy bien lavado y peinado. Incluso sus cascos llevaban betún para que luciera como una modelo real. Su apariencia no podía ser mejor.
Por los parlantes que había por toda la pista una voz dijo: “El ejemplar Cuba 1266 comienza con base libre”. Fue después de ese momento cuando una paleta al lado izquierdo de atrás de la pista se levantó, “$8 millones”, afirmó el ofertante.

“$8 millones para la paleta 185, $9 millones para la paleta 113, $10 millones para la paleta 42, $10 millones de pesos a la una…, $10 millones de pesos a las dos… y $10 millones…”, repitió Barreneche, mientras que su ayudante de remate que se encontraba en un cubículo unos metros arriba de la tarima, dio a conocer las características del ejemplar que todos estaban viendo: quién era el padre, la madre, cuántos meses tenía, cuánto pesaba e incluso cuántos embriones podría dar.

 La gente que estaba dentro del pabellón en la zona de ofertantes, comenzó a hablar con sus compañeros de mesa, unos para llegar a acuerdos de compra, otros para discutir las características del animal y otros simplemente, para brindar por lo bien que la estaban pasando.

Luego de unos minutos de explicarles a los participantes de la subasta que el ejemplar costaba más de lo que estaban ofreciendo, Ricardo volvió a retomar su labor: “$10 millones a la una…, $10  millones a las dos y…” en ese instante vio que un grupo de ganaderos estaba observando el animal y sin pensarlo se abalanzó hacia ellos: “señor usted puede, vea que es una muy buena vaca y sólo vale 10 pesitos… cómprela” y con un giño de ojo y un movimiento de cabeza subió la puja. 

“$11 millones a la una…, $11 millones a las dos…, y $11 millones…” en ese instante vio que había otra persona interesada y corrió hacia ella y le dijo: “qué bueno que ese ejemplar se quedara en sus manos, una finca tan reconocida como la suya debe tener un ejemplar de esta clase, ¿$12 millones?” y con un movimiento del dedo índice, el mismo con el que sostenía su vaso de whisky, dijo sí”.
Así fue subiendo hasta llegar a $14 millones, pues para él y su equipo, es importante que la puja suba lo máximo posible, porque al final el 5% de la venta total se queda en sus bolsillos.     

Los ejemplares fueron pasando y el whisky se fue acabando.
“Señor ¿cuánto vale la botella de whisky?”, preguntaba un ganadero, mientras uno de los vendedores de licor le respondía “está barata jefe , 250 pesitos”.
De vuelta a la subasta, los precios aumentaban con el pasar de las horas; los primeros 30 minutos las vacas oscilaron entre $15 y $30 millones y los toros entre $6 y $20 millones.

Treinta minutos después, una vaca con 30 días de preñada y grandiosas características físicas, según el rematador, subió a la tarima. La música de la película “Misión Imposible” estaba de fondo y volvía el momento más tensionante.
“Observen ese estomago, esas patas, la longitud del tercio medio, la caracterización racial, la amplitud en su dorso…, éste es un ejemplar de altísima calidad y grandiosas características raciales, hija del JDH Karu Manso 800, un toro de reconocida trayectoria internacional, con cuatro cintas de Gran Campeón”.

Paralelamente se escuchaba la voz de Ricardo: “$170 millones a la paleta 86, $200 millones a la paleta 65, $230 millones a la paleta número 90…, $230 millones a la una…, $230 millones a las dos… y $230 millones a… las… tres, adjudicada a la paleta número 90.
El remate cada vez se ponía más caliente y ya se comenzaba a sentir la emoción mezclada con alcohol.
Muchos de los símbolos de las ganaderías producían algo de humor en los asistentes que poco conocían del sector y que sólo estaban, como se dice vulgarmente, “de familia Miranda”.

Emblemas como MM que no precisamente eran el de los famosos chocolates ‘gringos’ o el del ‘chulo’ de la reconocida marca de zapatos Nike, eran muy comunes dentro de los ejemplares a vender.

El tiempo pasaba y más ejemplares por encima de los $100 millones eran vendidos. En algunos casos incluso se llegaba a vender sólo el 50% de la vaca por más de $100 millones. En ese instante una pantalla de 6 por 6 metros ubicada encima de la tarima de exposición mostraba un anuncio que decía “felicitaciones, excelente adquisición”, y sin ‘titubear’, una persona de Asocebú se le acercaba al comprador para registrar sus datos y tener garantía del pago al final de la subasta.

El reloj marcó las 12:00 de la noche y a diferencia del cuento de la Cenicienta, en esta historia, las reinas y reyes apenas comenzaban a salir.
Los cuatro ejemplares más importantes salieron uno a uno, encabezados por el toro que horas antes se había coronado como gran campeón reservado de la raza bramhan. La tensión era indescriptible.

La recta final

La puja comenzó y los tragos empezaron a hacer lo suyo.

Un hombre corpulento vestido de blanco empezó a levantar la paleta cada vez que el rematador preguntaba “¿quién da más?”. Ricardo corría hacia él  y se daba cuenta que era el mismo sujeto que ya en varias ocasiones había quedado mal a la hora de pagar lo comprado.

“No vamos a hacerle caso a esta oferta, yo no hago negocios con gente que tenga tragos en la cabeza, prefiero hacerme el bobo”, afirmó segundos después de darle la espalda al hombre de blanco, quien luego de ser rechazado buscó otro lugar de la pista para levantar su paleta y generar falsas expectativas.
 “Un ejemplar con 36 meses de edad, hijo del toro Prescot, un toro de excelente producción, dos hijos campeones en Estados Unidos, nada más y nada menos que un toro de la región de ustedes, un torazo que ha dado ya 60 crías”, continuó Barreneche.

Luego de haber arrancado en $60 millones, en menos de un minuto su precio ya rondaba los $130 millones, “$130 millones a la una, $130 millones a las dos… y  $130 millones a las… tres, adjudicado a la paleta 45”. En ese instante el rematador se fue directo a darle la mano al comprador por lo buen ofertante.

Esta misma historia se repitió tres veces durante una hora, luego de pasar la campeona joven, la campeona menor y la gran campeona. La gente recordó el momento en el que el año pasado en la Feria Nacional Cebú de Medellín, se subastó a la gran campeona por $790 millones, en un remate jamás visto.

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