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Entre la luz y la tradición | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2008-12-05 23:00:39

Entre la luz y la tradición

La historia católica registra que el 8 de diciembre de 1854 el Papa Pío IX promulgó una bula en la que expuso y definió como doctrina revelada por Dios, y que todos los fieles deberían creer que la virgen María fue preservada de toda mancha del pecado original desde el primer instante de su concepción.
Entre la luz y la tradición

Los escritores de los dos primeros siglos del cristianismo gozaron de extrema parquedad al hablar de las dedicaciones festivas a la Virgen María, porque ni siquiera la Biblia hizo mención de esto. De acuerdo con las pesquisas de Trens (1946), documentos señalan una especie de fiesta en el siglo V, dedicada a María y llamada ‘Conmemoración de Nuestra Señora’, que más tarde al parecer alcanzó popularidad en Palestina y se celebraba el 10 de agosto.

Pero de más notoriedad y consenso es la alusión a una fiesta que se remonta al siglo VIII y que los católicos bizantinos llamaban oficialmente ‘La concepción de Santa Ana, madre de María’, con celebración el día 9 de diciembre. Con este mismo nombre, la fiesta se traslada de Constantinopla a Sicilia y al sur de Italia en el siglo IX.

Posteriormente, se registra que la fiesta se propagó por Irlanda, Inglaterra, Germania, Francia y España, en donde se le conoció como ‘La concepción de Nuestra Señora’ y se celebraba el 8 de diciembre.

Los siguientes siglos estarían cargados de desacuerdos, rechazos y controversias teológicas con respecto a la doctrina de María, hasta que en el año 1476 Sixto IV impuso la festividad en la diócesis de Roma, y se le llamó ‘La fiesta de la concepción de la Inmaculada’, mas no de la Inmaculada Concepción. Fue después de la solemne declaración del dogma en 1854 que la fiesta tomó el nombre definitivo de la ‘Inmaculada Concepción’, la que ahora se celebra en todo el ambiente católico tradicionalista.

Las primeras menciones al uso de velas o cirios se halla entre los etruscos, (S. XV A.C., civilización que influyó en los romanos), quienes al parecer las fabricaban de cera, sebo o pez, con mecha de fibras vegetales como el papiro o el junco. Fue costumbre posterior en la Roma pagana alumbrar los santuarios en sus ceremonias, con velas de cera, como ocurría en las llamadas fiestas de Saturno o saturnalias.

Evidencias del uso temprano de las velas en tiempo de la colonia sugieren que su utilización tenía más un sentido desde lo folclórico y festivo que desde lo religioso y simbólico. La fiesta que inicia el período navideño, la Inmaculada Concepción el 8 de diciembre, se impuso en la América Española por cédula real en 1760, que llegó al Cauca en marzo de 1762.

Cabe también mencionar que las velas que hoy conocemos apenas llevan poco más de un siglo de ser utilizadas. Fue en el año 1786 cuando Chevreul descubrió la estearina, y a partir de entonces pudieron fabricarse a manera de rollitos, como los que ahora conocemos. Posteriormente, el hallazgo de la parafina entró a darle forma definitiva a ese utensilio que hoy recorre el mundo entero, y que llena de colorido altares, creencias y tradiciones.

Son poco más de 230 años que podemos contar con certeza que la tradición de la ‘noche de las velitas’ existe entre nosotros, y una cosa muy particular es saber que sólo a partir de la promulgación del dogma en 1854 el resto del mundo católico asocia también la celebración con el fuego. Se dice que ese día se encendieron en todas partes antorchas, velas y luminarias para significar la pureza de la Virgen María, y llenaron de un mayor contenido la fiesta, para perpetuar así una muy distinta y lejana tradición, que hoy se sigue nutriendo de nuestra aceptación cómplice, de nuestro desconocimiento acerca de la historia y de ese sentimiento festivo que, aunque irreflexivo, se contagia sin remedio.

 

 

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