Los periódicos engalanan, con notas y fotos, sus páginas sociales y pareciera que la generación de los teen hace parte de un cuento de hadas que pasa de familia en familia y de año en año, añadiéndole el toque particular que simboliza cada celebración y la hace tan deseada, como ingeniosa. A quienes nos limitamos a observar y por razones de la cosecha, entramos en la onda de participar en tan especial ocasión, nos corresponde prepararnos durante un año lectivo, porque así sucede ahora semana tras semana para llevar y traer, acompañar se dirá, a nuestros hijos e hijas en sus afanes y preparativos que genera y por lo cual desplazan cualquier otra actividad.Pero algo va de esta época a la de hace unos cuantos años, donde solo en ocasiones muy especiales se adelantaban estas celebraciones. Algunos incluso, pensaban que en las mismas familias había miembros privilegiados que merecían esa distinción y los otros hijos aceptaban con natural resignación. En nuestra región podría decirse que dependiendo del buen genio del padre se hacía la fiesta, claro está, si la hija gozaba de su especial afecto y por supuesto, si el bolsillo lo permitía. Eso me hace recordar a la generación de los baby boom en los Estados Unidos, que siguió la época de la posguerra, hijos muy queridos en cada familia y el país entero, que tuvieron que sacrificarse y que hoy conducen la nación.Cada generación tiene sus particularidades y ésta por ejemplo, sí que se le notan: son irreverentes a morir, como dice alguien; usan un lenguaje bastante suelto, para referirse a sus padres, profesores y amigos; tienen a su disposición todos los juguetes que la tecnología les brinda, los manejan con gran habilidad y hacen notar su destreza cuando están con los mayores, a quienes la tech nos golpea; gozan de los esfuerzos que han hecho sus progenitores y quienes han logrado tomar conciencia del mundo que les espera, tienen las mejores oportunidades para prepararse bien y con seriedad, asumir en el futuro los destinos de su propia vida y de las responsabilidades mayores que les serán confiadas.Por ahora, ¡que continúen las celebraciones para la cosecha de 1993, que las disfruten en el despertar de la juventud!, sin duda alguna la mejor etapa de la vida, que permite saborear a cada instante las cosas buenas puestas a nuestra disposición y por las cuales debemos vivir agradecidos con el creador, comprometiéndonos a conservarlas y si es preciso mejorar, para el disfrute de las siguientes generaciones. ¡A Paulita, un abrazo muy especial.