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Sigue el ¬Ďtire y afloje¬í entre el Alcalde y los polvoreros | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2008-12-08 00:15:51

Sigue el ¬Ďtire y afloje¬í entre el Alcalde y los polvoreros

Mientras los polvoreros insisten en vender los artículos pirotécnicos que tenían preparados antes del decreto que prohibió el expendio de este tipo de artefactos, la Alcaldía de Bucaramanga estudia estrategias para que dicho gremio no pierda su inversión y pueda acogerse a lo estipulado por la ley.
Sigue el ¬Ďtire y afloje¬í entre el Alcalde y los polvoreros

As√≠ lo se√Īal√≥ el propio mandatario de los bumangueses, Fernando Vargas Mendoza, quien se√Īal√≥ que los vendedores de p√≥lvora podr√°n ofrecer sus productos a aquellas empresas o entidades que acostumbran a ofrecer espect√°culos pirot√©cnicos.

La idea, recalcó, es que esa pólvora que antes se podía vender en las calles como caramelos o gaseosas, la compren empresas que le den un manejo más cuidadoso y preventivo.

¬ďNo queremos que las 270 familias que viven de la venta de estos productos en Bucaramanga se arruinen. Lo que queremos es que estas personas dejen de ganarse la vida rellenando explosivos para la venta¬Ē, a√Īadi√≥ el mandatario.

Dijo que ¬ďlos polvoreros deben ser conscientes del riesgo que representa el uso y la venta de p√≥lvora para la comunidad, sobre todo para los ni√Īos¬Ē.

Por eso, dijo el funcionario, ¬ďemprendimos la campa√Īa titulada Cero quemados en la ciudad. De ah√≠ el Decreto 0260, por medio del cual se adoptaron las medidas de control para el almacenamiento, venta y manipulaci√≥n de fuegos artificiales¬Ē.

¬ďPor Constituci√≥n, tengo la obligaci√≥n de proteger la integridad f√≠sica de los ni√Īos, ni√Īas y de todas las personas, por eso tom√© la decisi√≥n de prohibir la comercializaci√≥n de p√≥lvora en Bucaramanga¬Ē, dijo el mandatario.

¬†¬ďLa Polic√≠a y dem√°s organismos de control, as√≠ como las entidades que hacen parte del Comit√© Local de Prevenci√≥n y Atenci√≥n de Desastres ejercer√°n un control estricto en la ciudad, con la realizaci√≥n de operativos que permitan el decomiso de p√≥lvora ¬ď, asegur√≥ el mandatario de los bumangueses.

Peligroso juguete

El alma de Daniela se estremece al recordar aquel 7 de diciembre de 1990. Esa noche de velitas, una huella dif√≠cil de borrar marc√≥ su vida. Apenas hab√≠a cumplido 4 a√Īos y su imaginaci√≥n se encend√≠a con una sencilla luz de bengala, la cual le pintaba colores en el coraz√≥n.

Como todo infante de su edad, la muchedumbre de ensue√Īos la hac√≠a creer que pod√≠a tocar el cielo con las manos. Ten√≠a la esperanza de que bajo las guirnaldas que adornaban la entrada de su casa, el Ni√Īo Dios le esconder√≠a su regalo del 25.

De pronto todo se le convirti√≥ en oscuridad. Un grupo de amiguitos de la cuadra, m√°s grandes que ella y comandados por ¬ĎToto¬í, el l√≠der de la gallada, se divert√≠an con p√≥lvora, justo al frente de su casa.

Los chiquillos dise√Īaron una de sus m√°s imprudentes pilatunas. La idea era encerrar en un tarro de leche los totes, volcanes y voladores que sus padres les compraron, s√≥lo para estallarlos al tiempo.

Por supuesto, era una ¬Ďjugarreta¬í que, para desgracia de la menor, cont√≥ con la mirada permisible de sus familiares. Daniela no sab√≠a de qu√© se trataba y sin saber el riesgo que corr√≠a asom√≥ su cabeza al tarro, en el preciso momento en que reventaron los artefactos.

Su rostro quedó desfigurado: quemaduras de segundo y tercer grado marcaron su infancia. Sus padres la trasladaron al Hospital, en donde las manos prodigiosas de los médicos de entonces les salvaron la vida.

A pesar de pertenecer a una familia de escasos recursos económicos, sus parientes hicieron hasta lo imposible para devolverle la lozanía al rostro de Daniela. La verdad, esa no ha sido una tarea fácil. Ni los injertos ni las cirugías plásticas que se le han practicado han podido recuperar la belleza que su cara reflejaba. Las cicatrices y la piel encogida están presentes cada vez que se mira al espejo, un reflejo que de inmediato la transporta a la tragedia de aquel 7 de diciembre.

Ella tiene presente que lo m√°s dif√≠cil es ver la cara de angustia de sus padres y de sus compa√Īeros de estudio al ver su rostro cubierto por una m√°scara de lycra color piel, la misma que utiliza para disimular las secuelas de los fuegos pirot√©cnicos.

Daniela hoy bordea los 23 a√Īos de edad, est√° pr√≥xima a recibir el t√≠tulo de profesional y quiere convertirse en la mejor cirujana est√©tica de Colombia. Esta semana se enter√≥, a trav√©s del peri√≥dico, que otros dos ni√Īos corrieron la misma de suerte de ella y que de manera absurda resultaron quemados durante los primeros d√≠as de diciembre: ¬ď¬°Qu√© horror que esto siga pasando!¬Ē, dijo.

Ese es el deseo de Daniela, una v√≠ctima m√°s de la p√≥lvora. Una mujer que, pese a su nostalgia, admite que ¬ďni las cicatrices, ni mucho menos las cirug√≠as, han podido sacar de mi coraz√≥n la alegr√≠a que despierta la Navidad¬Ē.

Debatible

Hern√°n Valderrama, l√≠der de la Asociaci√≥n de Pirot√©cnicos de Santander, Asopisan, se mostr√≥ angustiado por el futuro de su gremio: ¬ďestamos muy preocupados. No sabemos qu√© va a pasar con nuestra mercanc√≠a. Si no podemos vender, nos arruinamos¬Ē.

Argument√≥ que la pol√≠tica del alcalde, Fernando Vargas Mendoza, de no permitir la venta de p√≥lvora en la ciudad ¬ďfue tomada de una manera arbitraria, sin consultarnos y sin prever el da√Īo que nos causa a quienes vivimos de este oficio¬Ē.

 

 

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