Tres luces iluminan su obra | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2008-12-13 05:00:00

Tres luces iluminan su obra

La trascendencia es quiz谩s el alimento motor de la obra de todo artista, pues es el tiempo -la mayor铆a de las veces- el que realmente valida o desfigura la presencia de un artista y de su obra.
Tres luces iluminan su obra

De hecho, est谩 sobradamente documentado que no siempre los pintores que en su momento fueron puestos en los m谩s altos estratos del reconocimiento de la cr铆tica, con el pasar de los lustros llegaron m谩s all谩 del registro documental o gr谩fico de su 茅poca;聽 mientras que artistas que debieron soportar la mirada de soslayo de galer铆as y compradores, a posteriori adquirieron la dimensi贸n: l茅ase la trascendencia que su trabajo merec铆a.

Es probable que emitir un juicio sobre la trascendencia de la obra art铆stica de Mario Hern谩ndez Prada pueda sonar aprior铆stico, si se tiene en cuenta que su trabajo estuvo en los altares del reconocimiento, y con mayor virtud si se sabe que esas alabanzas las obtuvo en contrav铆a de una sociedad que dif铆cilmente entendi贸 el nivel de maestr铆a de su trabajo y de su visi贸n conceptual hecha pintura.

La academia el trampol铆n

Mario Hern谩ndez Prada comenz贸 su carrera art铆stica como mejor lo pod铆a hacer un muchachito de origen provincial: demostrando una innata habilidad para el dibujo y un ansia sin l铆mites por el conocimiento, que no se limitaba al aprendizaje formal de sus profesores, sino que era el resultado de la extensa discusi贸n y el an谩lisis profundo de las ideas pregonadas tanto por sus maestros como por los acad茅micos del momento. En s铆ntesis, Mario nunca trag贸 entero.

Dif铆cil condici贸n si se tiene en cuenta que a sus maestros de la Academia de Bellas Artes de Santander, 脫scar Rodr铆guez Naranjo, Luis Humberto Delgado, Carlos Castro y Rafael Ardila, los rodeaba el h谩lito superior de haberse formado en las escuelas de la pintura y la escultura cl谩sica europea, lo que les daba el car谩cter de intocables.

Pero curiosamente fue la condici贸n de alumno contestatario la que le dio la oportunidad de avanzar en busca de interrogantes mayores, pues el director la Academia, como una manera pr谩ctica de zafarse del inquieto alumno, lo propuso como becario de Santander en la Academia Nacional de Bellas Artes de Bogot谩.

El testimonio que al respecto dio el maestro sobre esa 茅poca de su vida sintetiza lo sucedido: 聯All铆 tampoco me pude limitar a recibir un dictado de historia del arte y a aprender las t茅cnicas de los maestros; por eso para m铆 resultaba m谩s valioso pasar horas y horas conversando con los grandes intelectuales de la 茅poca que rigurosamente se reun铆an en el Caf茅 Expreso. Ellos me brindaban las herramientas intelectuales que luego yo trasladaba a los lienzos聰.

El arte patas arriba

Cuando Hern谩ndez volvi贸 a Bucaramanga, luego de un corto tr谩nsito por Bogot谩 y Cali, fue recibido con un encargo聽 bastante particular: poner en orden la Academia de Bellas Artes, que por entonces pasaba por un momento bastante comprometedor, que incluso amenazaba con hecatombe.

聯Recib铆 una instituci贸n politizada, con profesores inamovibles y con un cariz de academia de pintura para se帽ores y se帽oritas de club; entonces el reto era darle la verdadera esencia de una escuela de formaci贸n art铆stica y, por ende, todo deb铆a partir de cero. Acabar con esa creencia de que el estudiante, por el hecho de exponer una pinturita en el Club del Comercio, ya hab铆a alcanzado la gloria, ten铆a que mandarse a recoger, y as铆 se hizo聰.

De hecho, fue tal el nivel del sacud贸n que alrededor de la nueva academia de artes comenzaron a tejerse todo tipo de reacciones contrarias, en el seno de la sociedad conservadora de la 茅poca, que ve铆a con esc谩ndalo la aparici贸n de j贸venes de cabellos largos, vestimentas informales y una que otra aproximaci贸n a la vida disipada y a la marihuana.

El Parque Bol铆var, en una de cuyas esquinas funcionaba la academia, se convirti贸 de la noche a la ma帽ana en el epicentro de las malas costumbres, las cuales, al decir de los chismes de sal贸n, estaban orquestadas por 聯el loquito聰 director de la Academia, a quien -dec铆an- hab铆an visto subirse sobre la escultura de Sim贸n Bol铆var y gritar que Dios era un invento del hombre.

Uno de sus disc铆pulos, el maestro M谩ximo Florez, comentaba al respecto: 聯A Mario realmente no le preocupaba que sus alumnos supi茅ramos o no el manejo de un pincel, si este no serv铆a como instrumento para plasmar las ideas. Nos ense帽贸 a pensar antes que a dibujar聰.

Las tres luces

Mario Hern谩ndez fue un mas贸n de 24 horas. Su vida y su obra siempre estuvieron signadas por la misi贸n de construir ese Gran Templo de la Fraternidad Universal y, de hecho, series como 聯El hombre sobre la Tierra聰 son el resultado de una profunda reflexi贸n sobre el papel transformador del 聯nuevo hombre聰 que desde adentro debe hacerse a s铆 mismo, para poblar el nuevo universo de la igualdad y la armon铆a entre sus pares.

Para un observador, al detallar la obra de Mario Hern谩ndez siempre se ver谩 sobresalir la presencia de tres puntos, que para el artista se equiparaban a sus tres luces de inspiraci贸n: la fuerza, la belleza y la sabidur铆a.

Fuerza manifiesta en el trazado libre de su pincelada r谩pida y sagaz. Belleza en la magia crom谩tica que explota en la perfecta combinaci贸n de colores primarios, su paleta predilecta. Sabidur铆a, en la clara exposici贸n de que su pintura llevaba el sello de la trascendencia, pues no era producto del azar, sino del pensamiento claro pasado por el tamiz de la reflexi贸n permanente.

 

 

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