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Dieta de sapos | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2008-12-14 05:00:00

Dieta de sapos

Bob Dylan se preguntaba en medio de los horrores de la guerra en Viet Nam cu√°ntas veces pod√≠a un hombre voltear la cabeza y pretender que no ve√≠a lo que estaba pasando, o cu√°ntas muertes hab√≠a que tolerar antes de pensar que ya eran demasiadas. Para el cantautor la respuesta a estas preguntas estaba en el viento, en esos vientos de ilusiones y esperanzas que soplaron en los convulsionados a√Īos sesenta.
Dieta de sapos

En medio de los horrores de nuestra propia guerra y ante el caso de la recompensa al guerrillero ¬ďIsaza¬Ē por haber tra√≠do a la libertad a Oscar Lizcano, tenemos que preguntarnos, con un dicho muy colombiano, cu√°ntos ¬ďsapos¬Ē estamos dispuestos a tragarnos para lograr la libertad de todos los secuestrados. Yo dir√≠a que para acabar con la infamia de tantos inocentes pudri√©ndose en la selva, tenemos que aceptar muchos sapos; muchos pero no todos, porque siempre debe haber un l√≠mite, sobre todo cuando se trata de acciones del Estado.

Una buena precisi√≥n sobre los l√≠mites que debe auto imponerse el Gobierno en un Estado de Derecho, la dio el presidente Uribe quien dijo en un discurso reciente: ¬ďYo prefiero concentrarme por ah√≠ la noche del 31 de diciembre a pensar: s√≠, aqu√≠ hay un problema, hay que acabarlo de superar, pero hay que ser firmes en dejar un precedente: lo ilegal no paga¬Ē, y a rengl√≥n seguido a√Īadi√≥ que ¬ďd√°ndole un manejo adecuado a la situaci√≥n, se lograr√° algo positivo para el futuro del pa√≠s, que es fortaleza en la cultura de la legalidad.¬Ē

El problema es que en ese discurso el Presidente estaba hablando del manejo de la plata de las pir√°mides, mientras que cuando habla de las recompensas a guerrilleros maneja unos criterios morales y legales muy diferentes, pues al justificar los mil millones de pesos y el env√≠o a Francia de alias ¬ďIsaza¬Ē, reiter√≥ ¬ďla invitaci√≥n a los miembros de la guerrilla para que se desmovilicen y entreguen los secuestrados, recibiendo a cambio libertad y recompensa¬Ē, es decir, aceptando que cometer delitos si paga.

No se trata de ser moralista a ultranza pues en estos casos hay que tener una buena dosis de pragmatismo, pero tratando de mantener ciertos limites en esa difusa zona gris. De una parte límites formales. Pagar por la libertad de un secuestrado puede ser ilegal, además de que incentiva nuevos secuestros, pero nadie va a condenar a una familia que lo haga para liberar a un ser querido. Lo mismo que pagar recompensas o reducir la penas a criminales sapos que delatan a sus compinches y ayudan a desbaratar organizaciones terroristas, no es muy elegante pero es eficaz y lo hacen muchos países. Pero casi siempre se hace con prudencia y mesura.

Uno de los aspectos criticables en el caso de ¬ďIsaza¬Ē, es el espect√°culo medi√°tico y politiquero que se mont√≥ con la entrega de las recompensas. La familia que paga por su secuestrado no lo anuncia en todos los peri√≥dicos, o la justicia norteamericana que es la campeona en negociar con delincuentes a cambio de delaciones, lo publicita por televisi√≥n sino que lo hace de manera muy discreta y hasta cambiando la identidad del delator. El prop√≥sito de mandar un mensaje a otros guerrilleros para que hagan lo mismo, no va a tener muchos resultados porque la guerrilla ya debe haber tomado medidas extremas para evitar que le vuelvan a meter esos goles; por el contrario, hacer propaganda a que el crimen s√≠ paga y que es posible evitar el castigo, s√≠ es un mensaje desmoralizador para el resto de la sociedad.

Pero m√°s importantes a√ļn son los l√≠mites √©ticos y legales. Si hasta en las negociaciones con los paramilitares se sostuvo el principio de que los cr√≠menes atroces y de lesa humanidad, - como el secuestro - no son sujetos de amnist√≠as ni indultos, no es v√°lido que hoy se pretenda dar un tratamiento preferencial a¬† guerrilleros que han cometido este tipo de delitos. Como ya lo han se√Īalado reconocidos juristas, este sapo s√≠ es muy complicado de tragar.

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