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Un gran lunar de nuestra sociedad | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2008-12-16 05:00:00

Un gran lunar de nuestra sociedad

Ya estamos en los 煤ltimos d铆as de 2008 y es de rigor hacer balances sobre aquello en lo que hemos avanzado y esos frentes en los que al permanecer est谩ticos, estamos retrocediendo.
Un gran lunar de nuestra sociedad

Se agota 2008 y Colombia sigue sin progresar un jeme en un aspecto fundamental: tener la inteligencia, tolerancia y generosidad hist贸rica y de esp铆ritu que son necesarias para abrirle espacio social y econ贸mico a los reinsertados de la guerrilla y de las autodefensas, a los desplazados por la violencia y, adem谩s, reconocer los derechos de pleno resarcimiento que tienen las v铆ctimas del conflicto interno armado que desde hace a帽os padecemos.

El que haya transcurrido un a帽o m谩s sin聽 mejor铆a significativa en tan trascendentales campos, habla muy mal de la sociedad colombiana, la que ha cre铆do, equivocadamente, que todo lo referente a tales aspectos sociales es responsabilidad 煤nica y exclusiva del Estado y que quienes conforman la colectividad colombiana nada tienen que ver en ello, es decir, dejan todo sobre los hombros de algo lejano y bastante et茅reo como es nuestro Estado.

Pero eso no es as铆. Con tan romo raciocinio demostramos que la violencia no ha sido parida en Colombia por otros sino 聳en una u otra medida- por todos, por la indiferencia y la intolerancia de las que damos muestras en nuestro diario obrar, esas que nos lanzan al abismo de seguir 聳como sociedad- produciendo violencia.

Es prudente que la colectividad colombiana se mire en dos espejos que enaltecen y son dignos de imitar al respecto: las sociedades alemana y japonesa.

Los alemanes y los japoneses se dieron cuenta de que ten铆an, como pueblos, que superar la negra noche de su proceder en la II Guerra Mundial y los germanos a trav茅s del brillante canciller Konrad Adenauer pidieron perd贸n sincero por sus pecados de guerra, por su fanatismo e intolerancia racial y pol铆tica y los japoneses hicieron lo propio y despu茅s de ello, con el esp铆ritu lavado y reconfortado pudieron emprender el camino de la reconstrucci贸n de sus sociedades, de sus econom铆as, de sus ciudades y de su imagen y pudieron progresar hasta ubicarse en el sitio de primer orden en que hoy est谩n en el escenario mundial.

Mientras esto no sea comprendido por los colombianos en forma integral y sincera, como sociedad, mientras no purguemos nuestras faltas y aceptemos plena, generosa y satisfactoriamente a los reinsertados, a los desplazados y a sus v铆ctimas, no podremos emprender -como el momento hist贸rico lo exige-, el camino del reencuentro con nuestra historia y nuestro futuro.

Desafortunadamente esto no ha sido entendido por la colectividad colombiana y no nos hemos preocupado por dar el amplio debate que la situaci贸n exige para que tomemos conciencia de lo que debemos hacer y, a partir de all铆, podamos recuperar un digno sitial en la comunidad internacional, la confianza en nosotros mismos y la fe en nuestro futuro.

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