Publicidad
Vie Mayo 26 2017
20ºC
Actualizado 07:52 pm

Un gran lunar de nuestra sociedad | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2008-12-16 05:00:00

Un gran lunar de nuestra sociedad

Ya estamos en los √ļltimos d√≠as de 2008 y es de rigor hacer balances sobre aquello en lo que hemos avanzado y esos frentes en los que al permanecer est√°ticos, estamos retrocediendo.
Un gran lunar de nuestra sociedad

Se agota 2008 y Colombia sigue sin progresar un jeme en un aspecto fundamental: tener la inteligencia, tolerancia y generosidad hist√≥rica y de esp√≠ritu que son necesarias para abrirle espacio social y econ√≥mico a los reinsertados de la guerrilla y de las autodefensas, a los desplazados por la violencia y, adem√°s, reconocer los derechos de pleno resarcimiento que tienen las v√≠ctimas del conflicto interno armado que desde hace a√Īos padecemos.

El que haya transcurrido un a√Īo m√°s sin¬† mejor√≠a significativa en tan trascendentales campos, habla muy mal de la sociedad colombiana, la que ha cre√≠do, equivocadamente, que todo lo referente a tales aspectos sociales es responsabilidad √ļnica y exclusiva del Estado y que quienes conforman la colectividad colombiana nada tienen que ver en ello, es decir, dejan todo sobre los hombros de algo lejano y bastante et√©reo como es nuestro Estado.

Pero eso no es as√≠. Con tan romo raciocinio demostramos que la violencia no ha sido parida en Colombia por otros sino ¬Ėen una u otra medida- por todos, por la indiferencia y la intolerancia de las que damos muestras en nuestro diario obrar, esas que nos lanzan al abismo de seguir ¬Ėcomo sociedad- produciendo violencia.

Es prudente que la colectividad colombiana se mire en dos espejos que enaltecen y son dignos de imitar al respecto: las sociedades alemana y japonesa.

Los alemanes y los japoneses se dieron cuenta de que tenían, como pueblos, que superar la negra noche de su proceder en la II Guerra Mundial y los germanos a través del brillante canciller Konrad Adenauer pidieron perdón sincero por sus pecados de guerra, por su fanatismo e intolerancia racial y política y los japoneses hicieron lo propio y después de ello, con el espíritu lavado y reconfortado pudieron emprender el camino de la reconstrucción de sus sociedades, de sus economías, de sus ciudades y de su imagen y pudieron progresar hasta ubicarse en el sitio de primer orden en que hoy están en el escenario mundial.
 
Mientras esto no sea comprendido por los colombianos en forma integral y sincera, como sociedad, mientras no purguemos nuestras faltas y aceptemos plena, generosa y satisfactoriamente a los reinsertados, a los desplazados y a sus víctimas, no podremos emprender -como el momento histórico lo exige-, el camino del reencuentro con nuestra historia y nuestro futuro.

Desafortunadamente esto no ha sido entendido por la colectividad colombiana y no nos hemos preocupado por dar el amplio debate que la situación exige para que tomemos conciencia de lo que debemos hacer y, a partir de allí, podamos recuperar un digno sitial en la comunidad internacional, la confianza en nosotros mismos y la fe en nuestro futuro.

Publicada por
Contactar al periodista
Publicidad
Publicidad
Publicidad