Publicidad
Jue Jul 27 2017
21ºC
Actualizado 06:03 pm

Un gran lunar de nuestra sociedad | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2008-12-16 05:00:00

Un gran lunar de nuestra sociedad

Ya estamos en los últimos días de 2008 y es de rigor hacer balances sobre aquello en lo que hemos avanzado y esos frentes en los que al permanecer estáticos, estamos retrocediendo.
Un gran lunar de nuestra sociedad

Se agota 2008 y Colombia sigue sin progresar un jeme en un aspecto fundamental: tener la inteligencia, tolerancia y generosidad histórica y de espíritu que son necesarias para abrirle espacio social y económico a los reinsertados de la guerrilla y de las autodefensas, a los desplazados por la violencia y, además, reconocer los derechos de pleno resarcimiento que tienen las víctimas del conflicto interno armado que desde hace años padecemos.

El que haya transcurrido un año más sin  mejoría significativa en tan trascendentales campos, habla muy mal de la sociedad colombiana, la que ha creído, equivocadamente, que todo lo referente a tales aspectos sociales es responsabilidad única y exclusiva del Estado y que quienes conforman la colectividad colombiana nada tienen que ver en ello, es decir, dejan todo sobre los hombros de algo lejano y bastante etéreo como es nuestro Estado.

Pero eso no es así. Con tan romo raciocinio demostramos que la violencia no ha sido parida en Colombia por otros sino –en una u otra medida- por todos, por la indiferencia y la intolerancia de las que damos muestras en nuestro diario obrar, esas que nos lanzan al abismo de seguir –como sociedad- produciendo violencia.

Es prudente que la colectividad colombiana se mire en dos espejos que enaltecen y son dignos de imitar al respecto: las sociedades alemana y japonesa.

Los alemanes y los japoneses se dieron cuenta de que tenían, como pueblos, que superar la negra noche de su proceder en la II Guerra Mundial y los germanos a través del brillante canciller Konrad Adenauer pidieron perdón sincero por sus pecados de guerra, por su fanatismo e intolerancia racial y política y los japoneses hicieron lo propio y después de ello, con el espíritu lavado y reconfortado pudieron emprender el camino de la reconstrucción de sus sociedades, de sus economías, de sus ciudades y de su imagen y pudieron progresar hasta ubicarse en el sitio de primer orden en que hoy están en el escenario mundial.
 
Mientras esto no sea comprendido por los colombianos en forma integral y sincera, como sociedad, mientras no purguemos nuestras faltas y aceptemos plena, generosa y satisfactoriamente a los reinsertados, a los desplazados y a sus víctimas, no podremos emprender -como el momento histórico lo exige-, el camino del reencuentro con nuestra historia y nuestro futuro.

Desafortunadamente esto no ha sido entendido por la colectividad colombiana y no nos hemos preocupado por dar el amplio debate que la situación exige para que tomemos conciencia de lo que debemos hacer y, a partir de allí, podamos recuperar un digno sitial en la comunidad internacional, la confianza en nosotros mismos y la fe en nuestro futuro.

Publicada por
Contactar al periodista
Publicidad
Publicidad
Publicidad