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Un 17 de diciembre | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2008-12-20 00:35:44

Un 17 de diciembre

La UIS publicó el “Diario de Bucaramanga” de Perú de La Croix, y los boletines de la última enfermedad del Libertador, del médico Próspero Reverend, ambos franceses. El Diario y los boletines merecen la credibilidad de extranjeros que sirvieron al Libertador con desinterés y admiración.
Un 17 de diciembre

La Croix expone los conceptos que le oyó en Bucaramanga durante la convención de Ocaña, sus preocupaciones, su opinión acerca de generales, amigos, y disidentes de última hora. Omite los grandes servicios que algunos de ellos prestaron, su importancia en la guerra de independencia, llamándolos demagogos porque no apoyaron su proyecto de Constitución centralista; propendieron a crear el federalismo, que seguramente habría impedido la liquidación de Colombia. No convence denominarlos perturbadores del orden, simplemente tuvieron concepción diferente, buscando descentralización y democracia, por las que estamos abogando todavía. Quería una política sin partidos, no dable entonces ni después.

Según Reverend, en su última proclama pidió que cesaran los partidos para bajar tranquilo al sepulcro. No estuvo acertado, siempre habrá vertientes de opinión. Asumió dictadura, eliminando a militares civilistas, y otros, desafectos a sus ideas.

Los partes médicos del francés, acreditan que Bolívar llegó a Santa Marta en el bergantín “Manuel”, escoltado por goleta militar norteamericana, en muy mal estado de salud, en silla de manos porque no podía caminar, “cuerpo muy flaco y extenuado, semblante dolorido… voz ronca, tos profunda, esputos verdosos, digestión laboriosa; la enfermedad de S.E. me pareció ser de las más graves y mi primera impresión fue que tenía los pulmones dañados…”

Buscó concurso del médico de la goleta que lo escoltó Dr. M. Night, y acordaron remedios pectorales mezclados con narcóticos y expectorantes, dando al mismo tiempo una pequeña dosis de sulfato de quinina para entonar el estómago. Por alimento sagú, pollo y caldo. El enfermo tenía repugnancia a las pócimas y alimentos. Día a día se agravó, y en el boletín 9 se lee: “La noche fue bastante molesta; mucho desvelo, el hipo repitió con bastante fuerza, algún delirio…”
Lo alzó para pasarlo de la hamaca a la cama, y no pesaba más de dos arrobas. Y así, hasta su final el día 17 de diciembre, (1830), cuando exhaló el último suspiro el grande hombre. La autopsia practicada por Reverend en presencia de sus generales halló los pulmones deshechos. Luego embalsamó su cadáver para sepultarlo en la Catedral.

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