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Cuatro navidades lejos de la selva | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2008-12-21 05:00:00

Cuatro navidades lejos de la selva

En la intimidad de sus hogares, rodeados por sus familiares y amigos, disfrutando como niños de la magia de la Navidad y centrando su atención en muñecos de nieve fingida, papás Noel y bolas de cristal, transcurren los días para los 19 colombianos que recuperaron su libertad tras años de secuestro por parte de las Farc. Ahora, vuelven a saber qué es un verdadero diciembre.
Cuatro navidades lejos de la selva

En sus casas todo es color y alegría, atrás quedaron las noches de tristeza en las que tan sólo el recuerdo de las navidades anteriores podía mantenerles latentes las ganas de vivir.

Aún con el recuerdo vivo de las amargas nochebuenas vividas atados a un árbol o encerrados en pequeños cambuches en lo más profundo de la selva colombiana, viven esta época como si fuera la primera Navidad.

Para estos hombres y mujeres fue como “volver a nacer”, pues todos quieren participar de la elaboración del pesebre, el árbol de Navidad, la decoración de la casa, la novena de aguinaldos; y no pierden la oportunidad para acabar con cuanto dulce, postre, natilla o buñuelo les ofrecen.

Ejemplos de este espíritu renacido son Consuelo González de Perdomo, Óscar Tulio Lizcano, el sargento José Ricardo Marulanda y el cabo William Pérez, quienes relataron sus experiencias bajo el manto mágico de la Navidad y la alegría que el secuestro les dejó guardado en un cajón por mucho tiempo.

“NUNCA PERDÍ LA ESPERANZA”

Desde el momento de su liberación, el 10 de enero de este año, la ex congresista Consuelo González de Perdomo soñó con el momento en que volvería a armar un árbol de Navidad en compañía de su familia.

Quizá este era el instante más esperado para ella, por ser “la tradición que desde niña me simbolizó la entrada de las fiestas de diciembre”.
Sin embargo, con aire nostálgico, reconoce que de su mente no han podido desaparecer las imágenes que le recuerdan los seis años de secuestro. Consuelo está segura de que esta es la mejor Navidad de su vida.

“Creo que nunca había entendido, como ahora, la verdadera importancia de esta época(…) más allá de la parte material se encierra la unión y el amor de una familia”, manifiesta.

Sentada junto al árbol que adorna la sala, repleto de inmensas bolas navideñas de cristal y más de una docena de regalos que engalanan su base, Consuelo relata cómo imaginó po años este momento: “Siempre supe que esta ocasión llegaría. Ahora me doy cuenta de que es mucho mejor y de que valió la pena esperar”, dice.

De un momento a otro hace una pausa y recuerda con nostalgia a sus compañeros de cautiverio: ”No dejo de pensar en ellos. Imagino a sus familias y la tristeza invade mi corazón. Le pido a Dios todos los días que los llene de fortaleza”.

Incluso, señala que su mejor regalo de Niño Dios “sería tener antes de que termine el año, a mis amigos de nuevo en casa”.

“POR FIN ARMARÉ UN ARBOLITO”

La ilusión de vivir esta Navidad como si fuera la primera es tan grande que, por ejemplo, el cabo William Pérez armará por primera vez un árbol de Navidad y un pesebre.

La razón es que su familia y él pertenecen a la comunidad pentecostal y nunca han seguido las tradiciones típicas de diciembre. Sin embargo, las ganas de vivir una Navidad inolvidable hicieron que “nos pusiéramos de acuerdo y llenáramos la casa de colores, grandes moños y muñecos de nieve”.

Como la idea es cambiar, el cabo William ya tiene listos los regalos para sus más de 20 sobrinos y seis hermanos, tradición que tampoco era típica en su familia.

“En cautiverio imaginaba a mi papás y al resto de mi familia celebrando por fin una nochebuena (…) eran momentos amargos y de mucho llanto, creo que nunca los voy a olvidar”, cuenta el uniformado desde su casa en Riohacha, (Guajira).

Otra de las cosas que más extrañó desde el día de su secuestro (el 3 de marzo de 1998) fue la comida tradicional de su región. “Aunque no celebrábamos como la mayoría, mi madre siempre preparaba chivo para toda la familia”, relata con felicidad.

BORRÓN Y CUENTA NUEVA

La experiencia de su primera Navidad fuera de cautiverio, en el caso del sargento José Ricardo Marulanda, se vivió por partida doble. Desde el momento en que fue secuestrado, el 3 de marzo de 1998, en su casa nunca más se volvieron a celebrar las fiestas de fin de año.

Los adornos del árbol de Navidad y el pesebre quedaron archivados a la espera de que llegara “el hombre de la casa y les diera uso”, cuenta Érika Manrique, esposa del uniformado.

Ese momento por fin se dio y ahora la familia Marulanda Manrique no se cambia por nadie. Desde el 2 de julio pasado, cuando recobró la libertad gracias a la ‘Operación Jaque’, su esposa sabe que esta Navidad por fin será diferente.

El sargento dice que Érika le advirtió que todo cambiaría, pues “ya era justo para ella y mi hijo tener un diciembre feliz”. Este militar dice, también, que su vida transcurre en total normalidad, que mira con asombro cada imagen con la que se encuentra y que agradece en cada momento el haber regresado con vida del infierno del secuestro.

En la selva, las navidades pasaban atado a un árbol, con cadenas y buscando cómo resguardarse del invierno. Por eso ahora comparte la ilusión de la ex congresista Consuelo González de Perdomo: ver “lo más pronto posible en libertad a quienes aún están secuestrados”.

CARPINTERO DE ESPERANZA

El ex congresista Óscar Tulio Lizcano, quien recobró la libertad el pasado 26 de agosto, tampoco se quiere perder detalle de las festividades.

En su casa, durante los nueve años de cautiverio, siempre extrañaron la labor de quien todos los años era el encargado de armar el pesebre. Ahora lo pudo hacer con el mismo entusiasmo de un niño, “fue como volver a nacer”, dice.

Es tan grande la alegría que asegura que supera mil veces el sentimiento de nostalgia que sintió desde 1999, año en que fue secuestrado.

Junto a sus hijos Mauricio y Juan Carlos, así como su esposa, Martha Arango, Óscar Tulio no pierde oportunidad para recuperar el tiempo perdido. “Participo en la elaboración de la cena, las novenas y fui el más interesado en la decoración (…) siento que no quiero perderme ningún detalle”, afirma con ilusión.

Luego de nueve navidades en medio de la selva, acostumbrado a la oscuridad y el silencio, asegura que lo asombraron los alumbrados públicos de cada una de las ciudades que ha visitado durante esta época.

 

 

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