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La ambigüedad como táctica política | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2008-12-23 05:00:00

La ambigüedad como táctica política

Álvaro Uribe Vélez, como gobernante, ha hecho de la ambigüedad su método preferido para comunicar ideas. Pero, ¿es atinado ha Guardar cer del uso de las ambivalencias una táctica política?
La ambigüedad como táctica política

La ambigüedad en política no es armonía, por el contrario, es un mar de equívocos, de vaguedades, paradojas, contradicciones.

América, desgraciadamente, ha sido tierra fértil para las ambigüedades en materia política. Basta traer a la memoria la gran frase de combate que recorrió a toda Hispanoamérica hace 200 años, en 1810, cuando los pueblos deseaban independizarse de la Corona Española pero les daba miedo que se supiera cuál era su real propósito y por eso tuvo tanto eco la frase vaga y ambivalente de “Viva el Rey, abajo el mal gobierno”. ¿Podrá haber algo más ambiguo? Llevamos dos siglos criticando la contradicción que encierra esa máxima y aquí estamos, en pleno siglo XXI, con un Presidente que nutre la política de frases e ideas igual de ambiguas. ¿No se percatarán en la Casa de Nariño que en política lo ambiguo genera desconfianza?

La ambigüedad no es nueva en el mundo de la política, de la cultura y de las ideas. Por el contrario, es tan vieja como la civilización misma. En la mitología griega, según Hesíodo, la ambigüedad era hija de Eris y tenía numerosos hermanos: la fatiga, el olvido, el hambre, los dolores, los combates, las guerras, las masacres, los odios. Si esto era lo que pensaban los griegos de la ambigüedad, ¿vale la pena más de dos mil años después insistir en algo tan incierto y de tan mala reputación a lo largo de la historia?   

La ambigüedad como táctica es usada por los caudillos que dicen ser expresión de la democracia representativa, encarnar a un pueblo, pero que representan realmente todo lo contrario a aquello que pregonan.

El Presidente Uribe Vélez, quien hasta hace poco tiempo con inteligencia supo interpretar el tipo de dirigente que pedía el país, en su tránsito de demócrata a caudillo ha perdido la medida de las proporciones y como vehículo usa la ambigüedad, cayendo en contradicciones e incongruencias.

Colombia el año entrante debe escoger entre seguir construyendo una democracia y defender las instituciones o, como dice el ex-presidente Cesar Gaviria en entrevista a El Tiempo publicada el domingo pasado, “(poner) las instituciones al servicio de una persona”. No olvidemos que esta segunda vía es autoritaria, anti-democrática y lesiva del Estado de Derecho.

El año 2009 será en Colombia el año de las definiciones en este crucial sentido. Que Dios nos lleve de la mano.

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