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Recorriendo Bolivia | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2008-12-28 05:00:00

Recorriendo Bolivia

Recorriendo Bolivia

Estos últimos en efecto se limitan a conocer La Paz y las bellezas del Titicaca, Tihuanaco y sus alrededores, donde hay mejores vías y medios de comunicación y mayores comodidades e infraestructura turística.

Tomamos avión rumbo a Sucre, la ciudad históricamente más importante del país. Fuimos albergados en el Parador de Santa María, una residencia formidable resultado de la restauración por una familia suiza de mecenas del arte de la sede que fue de la Real Audiencia del Alto Perú.

El Parador, además de ser un lujoso hotel, es una joya de arte con hermosos cuadros y esculturas antiguas en todos sus rincones. Nos sentimos como reyes.

Quedamos desconcertados de ver en esas alejadas serranías una ciudad tan hermosa y bien conservada. Sus calles son amplias y rectas; sus edificios y casas son palacios de estilos francés, español y alemán.

Reluce su limpieza y la belleza de los parques ya que la ciudad es regida por una mujer que se ha preocupado por embellecer los prados y jardines, por tener pintada la ciudad de blanco y por fomentar el espíritu cívico. Hay allí una verdadera ginocracia ya que también la gobernadora del estado de Chuquisaca, de la cual Sucre es la capital.

Es una dama de extracción indígena como lo anotaré en otro lugar. Las antiguas casas de los potentados españoles están convertidas en hoteles y edificios públicos.

La ciudad fue capital de Bolivia a partir de 1825 cuando se firmó allí la constitución boliviana que daba a Bolívar poderes de emperador, hasta finales del siglo XIX cuando uno de esos generales golpistas tan comunes en ese país decidió trasladar los poderes legislativo y ejecutivo a La Paz, dejando en Sucre solamente el poder judicial.

Es de anotar que el Libertador sólo pudo ocupar su “trono” boliviano durante algunos meses pues debió viajar a Bogotá para desbaratar las conjuras que allí se tramaban en su contra, dejando como sucesor al Mariscal Antonio José de Sucre y a Manuelita Sáenz. Desde ese momento la ciudad cambió su nombre de “La Plata” o Ciudad imperial de Carlos V, por el de Sucre.

En la ciudad abundan hermosas y ricas iglesias casi todas barrocas, enormes conventos y suntuosas casas donde habitaban los potentados, quienes se habían enriquecido, a costillas de la sangre indígena, con la famosa mina de Plata del cerro de Potosí, a la cual me referiré después.

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