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Río revuelto | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2008-12-28 05:00:00

Río revuelto

La Hacienda la Helda fue en Puerto Wilches, con su gran casona y corrales de vaquería,  centro de  comercio, de vida social y política, de  una gran región que traspasaba los límites departamentales.
Río revuelto

El nombre de la Helda se originó en la empresa  de comercio Deuctch Hel, que compraba en la región ganados para el sacrificio en Bogotá.

El Río Magdalena y el Ferrocarril que bordeaban como puerto y estación la hacienda, le daban al lugar una  circunstancia  incomparable para convertirse en el futuro en una gran ciudadela. Sin embargo no fue así, su propietario don Ramón Fernández, quien fuera socio de Rojas Pinilla en la importación de ganado cebú de los EU, un dandy, vestido a la inglesa, camisa y pantalón de lino hindú, breetches y fusta de cuero de anaconda, se refugió con el tiempo en los  clubes en Bogotá y la Hacienda se vino a menos y terminó en ruinas.

Los políticos no retornaron jamás, tampoco las damas de alcurnia, ni las perfumadas golfas en casería de viejos ricos en viaje a la costa caribe; las orquestas se apagaron. Don Darío Cadena por enlace matrimonial con una Fernández, doña Mariela, logró conservar parte de la hacienda. Hoy, cuando escribo este artículo y cuando estoy proyectando en mi mente la vieja película  de un tiempo pasado, encuentro esa misma Hacienda invadida por los desposeídos de la tierra, o mejor, por los  privados  de un lugar seco en dónde posar los pies, prender el fuego de la estufa y echarse a dormir. Cientos de personas se fueron a la Helda con tablas y cartones a pasar en un alto la embestida del Río.

Muchas de esas gentes tienen casa, otras, solamente el día y la noche, pesca en río revuelto se llama eso. ¿Qué será de esa gente destechada  y de las tierras que fueron de granujerías políticas, de banquete y de pastaje? Seguramente se convertirán en otra desesperanza, un inmenso tugurio más de los de este país sin solución. Ya no llegarán más mercados y los toldillos donados, pronto, hilarachas como las ilusiones.

Si el Gobernador Horacio Serpa, el alcalde Nelson  Pinzón, el propietario  Darío Cadena, y los desheredados  de la tierra actúan con ganas e inteligencia, se ponen de acuerdo, organizan trabajo asociado, piden al gobierno nacional, puede surgir una ciudadela habitable con espacios generosos como le gusta a la gente del río. Estas zonas de palma africana tienen un desarrollo parecido.

Las cantinas y burdeles  surgen como la mala hierba. Unos se enriquecen como por arte de Baloto y los más, se empobrecen, enferman y mueren jóvenes.

No he escuchado del gobierno ni de las cajas de compensación, que de compensación de trata, ni un rumor, ni un chiste, por construir en Wilches y en Aguachica, hoy zonas de más de 200 mil hectáreas de palma, ningún centro recreacional, que redima la familia obrera campesina de la que cada día es menos su salario, mayor su desarraigo e infinita la descomposición familiar.

Y sin ser augur de malos presagios, si no nos apuramos en reformas, se viene el gran paro, el de los cortadores de fruta de palma, que cortará al país en dos, en la Troncal de la Paz. Mucho ojo señor Presidente que por aquí estamos dormidos.

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