Do√Īa Amalia | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-01-02 02:24:44

Do√Īa Amalia

¬ďDesde que nos vimos, yo desde el balc√≥n de mi casa y √©l pas√≥ por delante montado a caballo (sic), me salud√≥ desde abajo como a cualquier persona; desde ese momento, fue mutua la simpat√≠a¬Ē.
Do√Īa Amalia

La escena es digna de una telenovela, mexicana si se quiere. Y s√≠, saben, es mexicana, mas no un dramatizado, sino el comienzo de una historia real de amor de imprevisibles y afortunadas consecuencias pol√≠ticas, que comenz√≥ hace casi 80 a√Īos y que termin√≥ hace unos d√≠as con el fallecimiento de uno de sus protagonistas. Hablamos de Do√Īa Amalia, personaje casi desconocido para generaciones enteras en Iberoam√©rica.

Do√Īa Amalia se llamaba en vida Amalia Sol√≥rzano, y como tantas y tantas mujeres figurar√≠a en los textos no m√°s por ser la esposa de un hombre ilustre. Pero la tarea fundamental que desarroll√≥ en la construcci√≥n del M√©xico libre y aut√≥nomo no permitir√° que pase de largo su memoria.
Esposa del presidente L√°zaro C√°rdenas (1934 - 1940), a quien vio desfilar victorioso desde su balc√≥n (√©l ten√≠a 33 y ella 15), Do√Īa Amalia particip√≥ del proyecto de gobierno que logr√≥, primero, que Estados Unidos mirara por fin con respeto a su vecino del sur, y luego, en la tarea tit√°nica de hacerle el feo al fascismo, al albergar a centenares de ni√Īos espa√Īoles, hijos del exilio.

Ese gesto resulta hoy muy normal. Pues sepan que en la √©poca no lo era. Por el contrario, ni los franceses, ni los ingleses, tampoco los americanos, fueron capaces de enviar se√Īales claras de rechazo frente a la descarada intromisi√≥n de Alemania e Italia en la Guerra Civil espa√Īola, al apoyar a Franco. Por su parte, La Rep√ļblica recibi√≥ la nada desinteresada mano de Stalin (parte de la ayuda se pag√≥ en oro puro), y de los brigadistas internacionales, √ļnicos extranjeros quiz√°s que fueron al frente por ninguna raz√≥n diferente a morir en defensa de ideales puros.

El famoso pacto de neutralidad s√≥lo funcion√≥ en un sentido y la guerra termin√≥ como termin√≥. Luego, las potencias entender√≠an, a medias, su error (nunca hicieron nada contra Franco). Pero sigamos con Do√Īa Amalia, a quien los espa√Īoles recuerdan por ese gesto valiente, y a quien los mexicanos no olvidan por el grito de independencia con el que hizo eco a su esposo en la defensa del petr√≥leo, durante la hist√≥rica nacionalizaci√≥n con que L√°zaro C√°rdenas abri√≥ paso a nuevos tiempos para su naci√≥n.

 En esa oportunidad, ella puso el sombrero para recoger la indemnización, simbólica, que exigían las multinacionales. En estos tiempos de globalización, eso mismo puede sonar arcaico y hasta contraproducente.

Entonces, no. Entre otras razones, porque Do√Īa Amalia se movi√≥ m√°s en los terrenos de la justicia social y de la libertad, que en los de dinero (nadie la recuerda en medio de lujos u ostentaci√≥n).

La trama de su vida no termina bien. Debi√≥ vivir, durante sus largos a√Īos de vejez (lleg√≥ a los 97), la decadencia del PRI, esa cueva de Rolando en que se convirti√≥ el Partido Revolucionario Mexicano que cre√≥ su esposo. No importa, chula, como le dec√≠a √©l, usted baj√≥ al sepulcro como lo que fue, una hero√≠na.

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